¿Sólo importa que Kamala Harris sea afrodescendiente?

El jueves pasado Kamala Harris aceptó oficialmente su nominación como candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos. Este evento fue noticiable no sólo por la polarización política del país, sino por ser la primera persona mujer y afrodescendiente nominada a un puesto similar. Harris podría ser la primera vicepresidenta afroestadounidense y eso ha abierto otro debate entre los movimientos de justicia social y racial: ¿su pertenencia racial y sexo son suficientes para obtener nuestro apoyo?

Angela Davis, como otra nota en Afrofeminas ya señaló, ha decidido apoyar la candidatura de Harris pese a los aspectos negativos en su carrera política como fiscal. Tales aspectos, sugirió Davis, no deben ser olvidados sino involucrados en la discusión desde una aproximación feminista que permita trabajar con las contradicciones. En lugar de la actitud intransigente de desechar todo lo que no se alinea perfectamente con nuestra perspectiva, podríamos habitar las paradojas que el sistema nos presenta. La paradoja de la representación es una de ellas. 

Harris pertenece al menos a dos grupos tradicionalmente oprimidos a través de su marginalización de la política: los afrodescendientes y las mujeres. Además, es una mujer afrodescendiente lo cual la ubica en un lugar específico de la matriz de opresión. Sin embargo, su situación como oprimida entra en juego con su propia agencia: aquello que hizo como fiscal y aquello que podría hacer como vicepresidenta. No podemos esperar que sólo por ser una mujer afrodescendiente y clasificada como negra vaya a actuar en los mejores intereses de las personas que representa simbólicamente. 

Esta situación no es exclusiva de las mujeres afrodescendientes ni de los grupos históricamente marginalizados de la política. La representación como sistema de participación política contiene una paradoja inherente: estar presente y no estar presente al mismo tiempo. Cuando decimos que ella representa a las mujeres afrodescendientes, se espera que ocupe el lugar y decida por todas las personas con esas características que no están presentes en la esfera política bien por marginación o por practicidad. ¿Es eso factible? Luego de muchos años de teorizar sobre la representación política, Hannah Pitkin concluyó que la democracia como autogobierno popular era imposible mientras los gobernantes tomaran decisiones por el pueblo.  La representación, entonces, no es democrática e insistir en ese tipo de sistema ha conllevado a la insatisfacción ciudadana alrededor del mundo. La mayoría de las personas no se sienten representadas en sus instancias de gobierno. 

El problema de la representación es estructural y profundo. Asegurar la participación de las poblaciones diversas y diferentes requiere un nuevo sistema, no sólo la inclusión de personas que se vean como ellas. Sin embargo, mientras vivamos en democracias representativas, la presencia seguirá siendo potente, significativa. Como explica Davis, la nominación de Harris hace al proceso electoral más aceptable. La presencia de mujeres racializadas como negras y afrodescendientes impide que solo podamos elegir entre un hombre blanco y otro. Nuestra presencia erosiona las estructuras. 

Hace más de 50 años, Shirley Chisholm se convirtió en la primera mujer afroestadounidense en ser elegida congresista. Su emergencia en la política ha sido fuente de inspiración y resistencia para las mujeres que vinieron después (incluida Kamala Harris). Y así será mientras estemos en la ronda de ser las primeras y primeros en espacios antes negados para nosotros. Los cambios en el imaginario sobre quién pertenece a la política y quién no, pueden darse paralelamente a la gestación de un sistema más participativo y democrático.


Sharún Gonzales Matute

Mujer negra peruana, activista. Licenciada en Periodismo, magíster en Estudios Latinoamericanos y en Ciencia Política y Estudios de la Diáspora Africana.


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