¿Qué callan los hombres negros?

Frank Ocean

En noviembre del año recién pasado me invitaron a participar del VIII Encuentro Latinoamericano de Varones Antipatriarcales (ELVA) y la invitación me puso muy contenta, me sorprendió y enseguida acepté, y a los minutos quedé pensando, pero yo… ¿que puedo decir que sea interesante a cientos o miles de varones?

Después de mucho reflexionar e indagar sobre este encuentro que no conocía, repasé mis experiencias como activista dentro de los colectivos afro, mixtos y de mujeres, pensé en mi historia de vida, pensé en mi vida actual y evidentemente todas estas reflexiones decantaron en un factor que parecía obvio: mi maternidad. Soy mamá de dos niñes afro. Uno tiene 12 años, el otro 6. Pensé en mí, en ellos, en nosotres, en la coyuntura política y social actual y comprendí que como mujer, feminista negra, madre, tenía mucho que queria realmente compartir con les asistentes. Sobre todo, me emocionó sobremanera darme cuenta de que, por primera vez sería panelista ante un público al que no estaba acostumbrada: una audiencia exclusivamente masculina.

Llevé entonces, más preguntas que respuestas, pues, este tiempo que vivimos es de pura incertidumbre. Quise compartir algunas inquietudes, preguntas, cosas que me surgen cuando pienso en la intersección género y raza.

Pareciera que el tema de género es central en estos movimientos que se están dando actualmente en la política. Si lo pensamos como un  tema de acción/reacción podemos ver como mientras accionamos y movemos masa crítica y nos reunimos y hablamos sin pelos en la lengua sobre estas cuestiones, el sistema se tambalea: por que dejamos al descubierto sus mandatos: patriarcales, misóginos, clasistas, racistas… y tiembla el sistema porque nosotres, les movimientos sociales lo estamos moviendo, porque tenemos siglos observándolo, experimentándolo y viviendo sus consecuencias, porque lo conocemos y tenemos los elementos suficientes para hacerlo caer… ¿en qué se sigue sosteniendo? en el capital.  El dinero es el motor que impulsa esta máquina, y encuentra en el patriarcado su forma de reproducción más efectiva, siglos de historia lo demuestran. Por eso la derecha reacciona con furia y llama al resurgimiento de sus actores más retrógrados.

La racionalidad hegemónica tóxica está en crisis porque le hemos mostrado que entendemos sus estrategias y demostrado las debilidades de esas estretegias: la esencialización. Esa creencia de que las cosas son de una vez y para siempre, y que nos dividen en cajitas, en etiquetas,, en recortes de la realidad. Todes, desde los movimientos sociales feministas, afrofeministas, colectivos de personas en situación de discapacidad, el colectivo LGBTIQ+, los colectivos indígenas y originarios hemos mostrado y demostramos que la arbitrareidad con que nos han clasificado, cosificado y deshumanizado, toda definición cerrada, normativa o esencialista nos resbala. Porque somos lo que somos, sabemos lo que somos y en tanto humanes, hemos logrado enunciar nuestras experiencias y ver que nuestras existencias no son anómalas, patológicas ni anecdóticas… somos a pesar de todas sus reglas y categorías…Y eso, molesta, incomoda, y cuando las que enunciamos somos mujeres, más molesta e incomoda. Racistas, machirulos, capacitistas: les invito a que se abracen a esa incomodidad y bien fuerte!. Todes podemos deconstruirnos y la incomodidad de pensar y pensarse fuera de la zona de confort es tremenda oportunidad para hacerlo.

Las feministas negras llevamos cinco décadas al menos pregonando estas cuestiones que entendemos nos dan visibilidad a todas las personas afro pero, en realidad, pocas veces hemos tenido la posibilidad de escuchar a los hombres negros posicionarse sobre esta cuestión.

Las feministas negras sabemos muy bien  que el género de por sí es insuficiente para poder pensar universalmente, porque el género puede ser  a la vez una categoría de opresión o una categoría de privilegio… todes estamos pivotando entre posiciones subalternas y opresoras constantemente. 

De izquierda a derecha: Agustín Cheda (adolescente trans integrante de TransBoy Uruguay), Fernanda Olivar e Inti, Marcela Pini (Psicóloga, maestranda en Psicología clínica y activista trans) En el panel también estuvieron Quimey Ramos (activista travesti, fundadora de de «Red de docentes trans, travestis y no binaries en Argentina», Secretaria Académica en Bachillerato Popular Trans «Mocha Celis», colaboradora ocasional en suplemento de diversidad «Soy» de Página12, Argentina).

Pero los hombres afro, ¿se preguntan cuales son sus privilegios de género? pues, ostentan una posición de mayor privilegio frente a nosotras las mujeres afro en la estructura racial, y eso, lo sabemos. María Lugones lo explica como la “organización diferenciada del género en términos raciales”. 

O se preguntan tal vez, ¿cuáles son sus opresiones de género por ser sujetos racializados?, ¿ Que implica ser un hombre blanco? ¿Que implica ser un hombre racializado en un sistema mundo donde prima la blanquitud?  ¿Que implica ser varón? ¿Que implica ser un varón europeo, y qué implica ser un varón latinoamericano? ¿Un hombre de la diáspora africana? 

Hace mucho tiempo que pienso acerca de estas cuestiones, sobre todo, desde que comencé a comprender los retos políticos de mi maternidad en tanto feminista madre de dos hijos varones. Y, una de las cuestiones que más me ocupan a reflexionar es que, así como pensar el racismo significa pensar en la blanquitud y sus mandatos, y así como puede hacerse una lectura de género respecto a la relación proporcional entre ideología racista y sexismo, me parece preciso pensar el racismo y sus consecuencias desde un abordaje de género con enfoque en la masculinidad.

La masculinidad pregona muchos mandatos. El mandato  de masculinidad se asienta en la violencia, que como plantea la colega Rita Segato ha tomado forma en la feminización de la guerra, a través de la crueldad sobre el cuerpo de las mujeres con el objetivo claro de destruir redes, comunidades y desarmar los cimientos de las sociedades.  Las figuras de violadores y femicidas son ejemplos de sanos hijos de este mandato que se mueven por el impulso de moralizar a sus víctimas, bajo el deber ser del mandato patriarcal. 

Otro mandato de la masculinidad se asienta en la anulación de la afectividad. El afecto se configura como la gran prohibición del mandato de masculinidad, y se torna la regla primera de toda masculinidad. El saludo de los hombres uruguayos siempre me pareció hermosamente extraño… viví en Chile 13 años y cuando venía de vacaciones veía a los varones saludandose de beso en la mejilla como si tal cosa, y realmente me era extraño culturalmente, pero lo interpretaba como algo necesario… y por qué no? me pregunté la primera vez que me ví asombrada de esa situación.

Como madre, transmito a mis hijos la necesidad de que el afecto sea la regla primera de cualquier interacción humana en sus vidas,por que no es posible ser empáticos si no estamos disponibles primero, afectivamente, luego sí intelectualmente. Por eso, coincido con la pensadora aymara Silvia Rivera Cusicanqui en que “el proyecto histórico de los vínculos produce comunidad”. Sobre todo, coincido en la importancia de practicar la afectividad como una nano política, es decir, en los actos cotidianos y aparentemente irrelevantes, como forma de construir nuevos vínculos cargados de escucha, contención, empatía y solidaridad.

¿Es posible pensar en un mandato de racialidad en la construcción de las masculinidades negras?

Cuestiones a pensar : muchas mujeres afro más grandes, dicen que 

“hombres negros prefieren mujeres blancas”.  Frantz Fanon decía que esto efectivamente es así,ya que es una forma de acercarse a la blanquitud , a sus privilegios y a la aceptación social. Esa estrategia basada en la teoría del colorismo, sólo puedo interpretarla como una forma de endorracismo o sea, el racismo ejercido por las mismas personas racializadas y dirigido hacia su propio colectivo, tiene que ver con internalizar los preconceptos que nos degradan como personas humanas. nos han conducido al autodesprecio,a la negación,al renegar de nosotres y de nuestra cultura y cosmovisión.  

Por tanto, es dable pensar que existe un mandato racial del género. Ya se veía en el Uruguay de mitad de siglo pasado cuando a los hombres se les dejaba ir a hacer “cosas de negros” por ejemplo tocar tambor, reunirse con otros hombres negros y llevar adelante ciertas prácticas consideradas típicas de la cultura afro, mientras que las mujeres negras aprendían piano y eran educadas para ser “señoritas”alejándose de las “cosas de negras”aparentemente…  ¿cuánto ha impactado esto en la construcción de género de nuestros varones? ¿cuánta responsabilidad tienen los varones negros en la reproducción del machismo racista? ¿qué impactos han tenido estas prácticas en la reproducción del endorracismo?

Robert Staples  autor del libro Black Masculinity dice que  «la abolición formal de la esclavitud y del colonialismo no fue suficiente para deshacer esas desigualdades raciales cristalizadas a lo largo de los siglos» (traducción propia). En otras palabras: aún está presente la estructura de pensamiento colonial y toda la ingeniería racista a su servicio. 

Los prejuicios construidos históricamente en torno a los hombres negros reproducen la fetichización de la corporalidad afro a través de la hipersexualización, ideas como “el negro la tiene grande” han alimentado el racismo de costumbre y sus valoraciones esencialistas, donde el género, la raza y la sexualidad son parte de un solo sistema de dominación (Hellebrandová,2014). ¿Cómo impactan estos prejuicios en la psiquis de los niños, jóvenes y hombres afro? ¿en la construcción de sus masculinidades? ¿en sus posibilidades de autoreconocimiento y autoidentificación? 

Nuestra negritud es considerada contraria a la norma, nuestra humanidad es desechable y negada mientras los cuerpos que encarnamos alimentan fantasías en hombres y mujeres no afro, modelos de belleza a alcanzar con cirugías e intervenciones o de forma temporal  a través de camas solares, aunque sea sólo por una temporada, solapada y sin querer reconocerlo se nos considera “bellos” (quizá sea decir demasiado, digamos que la menos por una temporada se nos considera no tan fexs para ser más realistas). Seguimos siendo fetiches a los ojos de este sistema mundo.

Y seguimos siendo descartables. Hoy en día la tasa de asesinatos a jóvenes y hombres negros en América Latina es altísimo. Los datos que nos llegan desde nuestro vecino Brasil muestran que un 75% de las víctimas del accionar policial son hombres negros. Y no,no se trata de una cuestión numérica por ser mayoría afro la población brasilera. Se trata del racismo institucional que, aunque no está protocolizado focaliza sus fuerzas represivas y punitivas en los varones negros, alentando la  reproducción de valoraciones negativas sobre ellos como personas potencialmente peligrosas, delincuentes, criminales, personas poco fiables y por ende moralmente reprobables. 

Hemos lidiado con tantas batallas contra la sociedad que nos aprisiona que al parecer no nos hemos detenido a pensar concienzudamente aún estas cuestiones a la interna de nuestros colectivos.

Quisiera escucharles compañeros. 

Son ustedes sujetos políticos con voz propia, pensantes, sapientes, empoderados, quisiera también que algún día mis hijos se hagan este planteo y para ello van a precisar referentes que den representatividad a ese pienso. Criemos en tribu apostando a nuestras nuevas generaciones, la lucha antirracista nos necesita firmes y aquilombados. Más que nunca!


Fernanda Olivar

Antropóloga Social
Especialista en Políticas Sociales
Integrante del  Colectivo Mujeres y discapacidad.
Docente universitaria Tallerista en afrodescendencia y derechos humanos.  

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