Vía libre a la imaginación

A más de uno le ha costado que su hija o hijo se quiera duchar sin llorar,  o comer o peinarse.  Supongo que habrá muchas formas de convencerlos. En algunos casos los libros son lo mejor forma. Hay personajes maravillosos con quienes nuestros peques empatizan sorprendentemente y la tarea de rutina que nos toca se convierte para ellos en un juego. Así ducharse ya es mucho mejor con “Don Pato, el muñeco favorito de Lulú” o dormir después de escuchar el tan conocido  “Pollo Pepe”. La vida  viene siendo muchas rutinas unas tras otra y si estas se hacen con placer, qué mejor. 

Hoy, en vísperas de reyes, me gustaría escribir sobre  la necesidad de la fantasía de los niños. Y me animé después de una crítica que recibimos por un libro infantil que promovimos aquí en la revista. Ya sabéis cuánto nos gusta visibilizar escritoras, periodistas, empresarias, investigadoras y profesionales en general afrodescendientes.  Y en este caso se trataba de una escritora negra que  estrenaba su primer libro infantl en el que promovía el amor a nuestro cabello desde el personaje de Emi, una niña negra de 7 años.

Como es natural, toda creación tendrá sus seguidores y detractores.  En mi caso soy una seguidora. Siento admiración y respeto por quién desee hacer algo, por toda persona que intente cambiar las cosas y ofrecer nuevos puntos de vistas.

También están los detractores que no les mueve la falta de respeto, ni mucho menos, sino la falta de fe, desde mi punto de vista, por encontrar formas para imprimir en los más pequeños el amor por su propia naturaleza. Siempre quedará la solución realista y directa como que te tienes que cepillar los dientes porque es lo que toca o te tienes que comer la verdura porque si.  Y yo me pregunto: ¿Por qué no darnos la oportunidad  de ser dulces ?

En el caso concreto de la crítica que recibió el libro  en pocas palabras nos decía que las metáforas eran innecesarias para enseñar a los niños, los “anesteciaban ante la realidad eurocéntrica” y mejor era explicarles de dónde venían todos estos conceptos equivocados sobre nuestra naturaleza afro.

Cada cual desde luego es libre de usar el método que desee, pero cada cosa en su momento. Hay juguetes para bebés, para niños de 6 y para adolescentes también. Esto es una obviedad, pero parece que a veces olvidamos que el lenguaje para los niños no es edulcorado, es infantil. Las metáforas no cumple la función de suavizar la realidad sino , en este caso, de comparar en positivo. Los conocidos “ricitos de oro” a nadie les ha parecido mal. Por qué tendría que ‘parecerme mal que el pelo afro se compare con un algodón. Si nos sentáramos a explicarles a nuestros hijos quién es en la vida real el lobo de la caperucita roja, ¿cuántas inocencias frustradas nos encontraríamos? ¿Es necesario llegar a esto? Si gente como yo, ha escuchado y sigue oyendo que el pelo afro es malo, duro, difícil, un incordio, y más,  saber que alguien quiere cambiar esa percepción generalizada, es una buena noticia. Se puede estar de acuerdo o no con los adjetivos utilizados, pero el sentido goza de toda legitimidad.

Por otra parte lo que menos me gustaría transmitir en la educación es resentimiento. Dicen que para combatir el racismo lo primero es amarse a sí mismo, quererse tal cual. Lo cuál no significa amarse a costa de odiar a otros porque de esta manera lo único que hacemos es reproducir el racismo al revés.

A propósito de esto, no hace mucho una lectora nos planteó que los problemas de racismo que analízábamos eran pura imaginación. Ella es negra y no veía problemas ninguno. Luego nos amplió la información diciendo que de pequeña había sido discriminada por pesonas negras más oscuras que ella. Al final ella consciente o inconscientemente sentía rencor por esa mala experiencia. Sin pensar que esas personas además de negras  tenían nombres y apellidos. No fueron todos negros.

Pues lo mismo en este caso. Decir que todos los blancos son racistas es ser injusto. Yo misma me he casado con uno.  El racismo está presente en la forma de pensar de los individuos no en su color de piel. Si fuese tan fácil no existiese ese término tan usado como es el endo-racismo, de cual hablaré en mi siguiente artículo.

No será la primera vez que en esta época veo algunos padres decir: ¡ que bueno que ya no tengo que mentir más a mis hijos con los reyes! Me pregunto si  por un momento han pensado cuántos buenos recuerdos no tendrán sus hijos con esta maravillosa fantasía.  Si son para hacerlos más felices, ¿por qué no permitírnosla?

Por último quiero recodar la frase que se repetía una y otra vez en la película “De criadas y señoras” maravillosa por cierto y que decía algo así como que tú eres guapa, tú eres lista, tú eres importante.

¡Felices Reyes!

Autora: Antoinette Torres Soler

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