lunes, julio 6

El Mundial 2026 bate récords de odio racista y las plataformas vuelven a fallar

El Mundial 2026 cierra la fase de grupos con una cifra récord que confirma la deriva racista descontrolada en las redes sociales. La FIFA detectó 89.000 publicaciones injuriosas en redes sociales durante esa fase del torneo, trece veces más que en Catar 2022, cuando se registraron 6.700. El 11% de esos mensajes fue de carácter racista, la categoría más numerosa entre todo el contenido ofensivo identificado, según el propio organismo.

El sistema encargado de esta vigilancia es el Servicio de Protección en Redes Sociales (SMPS), lanzado por la FIFA en 2022. Analizó más de 6 millones de publicaciones y comentarios, un 33% más que en la edición anterior. De ese volumen, 225.000 fueron enviadas a revisión humana. El resultado, 89.000 publicaciones abusivas confirmadas, 1.000 cuentas bajo investigación y 181.000 comentarios ocultados mediante moderación automática. La FIFA anunció además que 100 casos serán denunciados ante la Justicia.

Las estadísticas tienen rostro. Los futbolistas neerlandeses Crysencio Summerville, Justin Kluivert y Quinten Timber recibieron insultos racistas en redes tras fallar sus penaltis en la eliminación de Países Bajos ante Marruecos en dieciseisavos de final. La federación neerlandesa denunció formalmente los hechos. El comunicado del SMPS lo resume así, «los insultos racistas van en aumento y se han convertido en una amenaza persistente para el bienestar de los jugadores».

El SMPS funciona como gesto reparador, no como prevención. Detecta, cuenta, denuncia después del daño. Trece veces más contenido racista que hace cuatro años, con un sistema de moderación operativo desde 2022, es la prueba de que la vigilancia posterior no frena nada. La FIFA convierte el racismo en estadística de comunicado de prensa mientras los futbolistas negros siguen siendo la diana preferida de las tribunas digitales.

Meta, X y TikTok, los verdaderos responsables

El problema no nace en la FIFA. Nace en las plataformas que alojan, amplifican y monetizan ese contenido. La Comisión Europea concluyó en octubre que Meta (propietaria de Facebook e Instagram) y TikTok incumplían sus obligaciones de transparencia bajo la Ley de Servicios Digitales (DSA). En diciembre, X fue multada con 120 millones de euros por el mismo motivo.

Appeals Centre Europe (ACE), el organismo independiente creado por la propia DSA para resolver disputas de moderación, recibió más de 24.000 reclamaciones en el año hasta marzo de 2026, una cada 22 minutos. De los 1.400 casos de discurso de odio que revisó, revocó el 70% de las decisiones de las plataformas de mantener el contenido en línea. Entre esos casos, comentarios racistas que comparaban a futbolistas negros con monos siguieron visibles en Instagram tras un partido de Champions League. La propia ACE lo llama un patrón «destacado y recurrente» en la forma en que las plataformas moderan.

La Unión Europea firmó su primer código de conducta contra el discurso de odio en 2016, con Facebook, Twitter, YouTube y Microsoft como firmantes voluntarios. Casi diez años después, la Agencia de Derechos Fundamentales (FRA) de la UE describe en su informe anual un «sistema opaco» y confirma que las plataformas siguen resistiéndose a las obligaciones de transparencia. Un sondeo de la propia agencia encontró que el 35% de la población de la UE se topó con contenido dañino en el último año, con el racismo como categoría más señalada, un 18%.

La FRA documenta también la injerencia externa contra la propia legislación europea. Activistas y políticos que defendieron la DSA, entre ellos el excomisario Thierry Breton, enfrentaron restricciones de entrada a Estados Unidos vinculadas a esa defensa. La regulación que debería proteger a los futbolistas racializados y a cualquier persona usuaria de las redes se enfrenta a la resistencia de las corporaciones y a la presión geopolítica de sus aliados.

Estadísticas sin consecuencias

FIFA enumera y hace estadística. La UE regula sobre el papel. Las plataformas incumplen y pagan multas que no alteran su modelo de negocio. Mientras tanto, jugadores como Summerville, Kluivert o Timber cargan con el peso de una industria digital que prioriza el engagement sobre la dignidad de las personas negras. El fútbol global lleva mucho tiempo siendo un espectáculo atravesado por el racismo estructural, y las redes sociales son hoy su extensión más hostil.

La denuncia de 100 casos ante la Justicia es un paso. No sustituye la responsabilidad de las plataformas en el diseño de sus algoritmos, ni la obligación de la UE de hacer cumplir su propia ley. Los datos del Mundial 2026 muestran una industria que crece en espectáculo y crece igual de rápido en violencia racista, con las mismas empresas y las mismas instituciones observando desde la barrera.

Redacción Afroféminas



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