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lunes, mayo 20

El caso de Angel Reese: Racismo y misoginia contra las mujeres negras en el deporte

Después de sufrir una decepcionante derrota ante el equipo número uno del ranking, Iowa, liderado por la superestrella rival Caitlin Clark, Angel Reese, la destacada jugadora del baloncesto universitario femenino de LSU, se sentó en en rueda de prensa posterior al partido con lágrimas en los ojos, suplicando compasión.


Angel Reese en su reportaje para Vogue. Fotografiado por Myles Loftin

“He pasado por muchas cosas”, declaró . “He visto mucho. Me han atacado tantas veces, amenazas de muerte. He sido sexualizada. Me han amenazado. He sido tantas cosas y me he mantenido firme en cada ocasión”.

Durante el último año de su carrera universitaria, Angel Reese (quien anunció que estaría en el draft de la WNBA y su paso al profesionalismo en un reportaje de VOGUE) ha estado luchando por jugar al baloncesto y disfrutar de su vida. Sin embargo, como suele suceder cuando una mujer negra es el centro de atención, la grandeza se ve empañada por la misoginia y el racismo.

Durante el partido de la final del campeonato de la NCAA del año pasado entre LSU y Iowa, Angel Reese se convirtió en una figura divisiba al finalizar el partido, burlándose de Clark (blanca y susperestrella) y de los que la criticaban por su maneras poco finas. Primero, realizó el gesto de «no puedes verme», agitando las manos frente a su rostro, un gesto popularizado por el rapero Tony Yayo y luego adoptado por la estrella de la lucha libre John Cena. Este gesto también había sido utilizado por Clark contra sus oponentes durante toda la postemporada. Además, Reese celebró señalando su dedo anular, similar a lo que hizo Stephen Curry, base de los Golden State Warriors, cuando su equipo ganó el título en 2022.

Sin embargo, Reese no ha podido burlarse de los demás de la misma manera que sus homólogos masculinos o que la propia Clark. Desde entonces, ha sido vilipendiada como una de las mayores villanas del deporte, siendo la raza y el género el centro de esa difamación. El podcaster Keith Olbermann calificó a Reese de «idiota», mientras que ha recibido etiquetas como sin clase, barriobajera, etc. Reese se vio atrapada en medio de uno de los pasatiempos favoritos de las personas blancas: atacar a una mujer negra para proteger a una querida y amada mujer blanca.




El acoso hacia Reese ha trascendido los insultos verbales, que de por sí ya eran graves. El año pasado, circularon en Internet unas fotos falsas de Reese desnuda, manipuladas con inteligencia artificial. Las redes sociales se han visto inundadas de discursos de odio dirigidos hacia Reese. A pesar de esto, durante la mayor parte de la temporada, la estrella ha mantenido un perfil relativamente bajo respecto a estos ataques, concentrándose en su juego y llevando a su equipo a estar entre los mejores con un rendimiento histórico. Antes del partido contra Iowa, Reese reconoció y aceptó el papel de antagonista que le habían asignado: «“Asumiré el papel de villana. Aceptaré los golpes, porque sé que estamos haciendo crecer el baloncesto femenino”. Sin embargo, asumir el papel de villana no debería implicar tener que lidiar con tanto odio fuera de la cancha.

Pero nada ha ido bien. Antes del partido de este año la prensa ya denominó al equipo de Reese (mayoritariamente negro) como «novatas sucias», viéndose claro que estab atrallendo el mismo tipo de atención racialmente divisiva que el año anterior.

Cuando Reese finalmente compartió sus sentimientos después de la derrota ante Clark, volvió a ser criticada duramente. Un famoso periodisto deportivo publicó una imagen de Reese con la frase «Diario de mujeres negras locas» y tuiteó: «Van a destruir lo que Caitlin Clark construyó». También se la llamó llorona, cobarde o perra en algunos medios deportivos a nivel nacional.

La toxicidad de aparecer en televisión y emplear términos como «cobarde» y «perra» para describir a una mujer negra no puede ser subestimada. Periodistas que han utilizado estos términos para referirse a Reese han declarado que no hay ninguna connotación misógina o racista en sus palabras. Pero lo que no comprenden es que es imposible hablar sobre Reese, o cualquier mujer negra, especialmente una que se atreva a destacar, sin tener en cuenta su raza y género.

Un ejemplo claro es el caso de las leyendas del tenis Venus y Serena Williams, quienes enfrentaron un racismo abrumador en su camino hacia la dominación de su deporte, y también fueron objeto de supuestas rivalidades con estrellas blancas, siendo difamadas por atreverse a vencerlas. Asimismo, se puede observar el sesgo anti-trans detrás de la regla de Caster Semenya, que regula los niveles máximos de testosterona en los cuerpos de las mujeres. En España sin ir más lejos, Ana Peleteiro nunca ha tenido pelos en la lengua y hablado claramente de racismo y de problemas sociales. Eso ha supuesto un coste enorme en ataques en redes sociales y críticas durísimas para una de las mejores deportistas del país.

Estas mujeres negras comparten algo en común: no buscaban convertirse en el blanco del racismo y la misoginia. Simplemente querían jugar al baloncesto, competir en sus respectivos deportes. No introdujeron la raza en la ecuación; trajeron consigo su auténtica personalidad. Sin embargo, la recompensa que recibieron fue el completo desprecio por ser mujeres negras.

Hay un mantra para aquellos que desean que los atletas negros dejen de abordar temas sociales, que es que solo deben hablar de su deporte. Argumentan que los atletas deberían dedicar menos tiempo a temas políticos y sociales y enfocarse únicamente en la competencia. La ironía aquí radica en que estos atletas se han centrado en los deportes. Reese, por ejemplo, ha sido dominante y ha demostrado su habilidad en la cancha. Sin embargo, el abuso que ha enfrentado no está relacionado principalmente con su desempeño deportivo. En su lugar, ha sido objeto de insultos relacionados con su raza y género, dos aspectos sobre los que a menudo se les dice a las mujeres negras que permanezcan en silencio.

A Reese, Ana Peleteiro y a mujeres como ella les encantaría poder dedicar toda su energía a sus pasiones sin tener que defender constantemente su humanidad. Hasta que eso ocurra, será imposible hablar de ellas sin tener en cuenta su género o raza.

Redacción Afroféminas


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