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domingo, mayo 19

Angel Reese y la Misogynoir en el deporte

Angel Reese y la Misogynoir en el deporte

El pasado domingo 2 de abril se jugaba la final baloncesto femenino de la NCAA en un momento destacado para el deporte norteamericano. LSU de Luisiana, se llevó a casa el trofeo después de vencer a los Iowa Hawkeyes 102-85. En el centro de la histórica victoria estuvo Angel Reese, una estrella de segundo año de LSU, que fue galardonada como MVP de la Final Four femenina. Lideró a LSU para ganar anotando la mayor cantidad de puntos en la historia de las finales del campeonato de la NCAA. Todo tendría que haber sido celebración para esta jugadora, pero no fue así.

En los segundos finales de la final, con el campeonato casi asegurado para LSU, Reese hizo un gesto tapándose la cara que popularizó el exluchador y rapero John Cena, a Caitlin Clark, jugadora blanca de Iowa, otra gran baloncestista. Después de que sonara el silbato con el final de partido, Reese se señaló su dedo anular mirando a Clark indicándole que había ganado el anillo de campeona.

Todo quedaría en una mera anécdota si no fuera porque los trolls racistas hicieron acto de presencia y comenzaron a atacar de manera despiadada. Insultos como «pedazo de mierda sin clase» o «maldita idiota» es lo más suave que se decía. El racismo se desató de tal manera en la redes que estrellas de la NBA como LeBron James y Shaquille O’Neal tuvieron que intervenir, defendiendo el derecho de Reese a ser ella misma (una «reina negra», como ella dice) en la cancha.

Pero a medida que la misoginia antinegra crecía por la celebración de Reese, el incidente empezó a ser tendencia en Twitter.

Poco después se supo que la jugadora blanca que había recibido el gesto de Reese Caitlin Clark, hizo el mismo gesto la semana pasada cuando su equipo derrotó a Louisville, pero nadie dijo nada. En realidad fue todo lo contrario. Las reacciones fueron en su mayoría positivas. El propio John Cena le dio a Clark su sello de aprobación , mientras que otros hablaban de lo divertida y graciosa que era Clark. La revista Sports Illustrated escribió: «se divirtió un poco al final del partido cuando realizó una de las celebraciones más salvajes que jamás se hayan visto». En general, parecía que la mayoría de los espectadores estaban de acuerdo en que el gesto «salvaje» de Clark solo reforzaba el juego y el argumento de que las mujeres atletas deberían poder hacer lo que hacen los jugadores masculinos constantemente. Pero a Reese, mientras tanto, se le llamaba «macarra» por hacerlo.

Los comentarios racistas que rodean a la celebración de Reese no son una sorpresa dada la Misogynoir desenfrenada que está muy arraigada en el deporte femenino. En los deportistas masculinos las expresiones chulescas, insultos y burlas hacia el rival, se consideran arrogancia natural y agresividad inherentes al juego. Mientras tanto, las atletas siempre han sido vigiladas por su apariencia y comportamiento en las canchas y pistas, es decir, por su incapacidad para cumplir con algún estándar de respetabilidad patriarcal: demasiado ruidosas, demasiado emocionales, demasiado masculinas, demasiado agresivas. Para las mujeres negras, el escrutinio se multiplica por diez con respecto a las mujeres blancas.

Cuando las mujeres negras experimenta tristeza y angustia por la derrota, sus emociones se convierten en meme. Hay algo racista en el placer y la burla de ver a las mujeres negras llorar. Otro ejemplo es como se proyecta la imagen de las mujeres negras muy físicas. Un grupo de mujeres negras luchando por la victoria de manera enérgica, se convierten ante los ojos blancos, es un grupo de matonas.



Durante la conferencia de prensa posterior al partido, Reese reivindicó su conducta ganadora del campeonato y el doble rasero racista bajo el cual está siendo vilipendiada:

“Durante todo el año, fui criticada por lo que soy. No encajo en la narrativa. No encajo en la caja en la que vosotros queréis meterme. Soy demasiado capulla. Soy demasiado gueto. Me habéis dicho eso todo el año. Cuando otras personas lo hacen, vosotros no decís nada. Así que esto es para las chicas que se parecen a mí. Para aquellas que quieren hablar como les da la gana. Nos te disculpes, se tú misma. Eso es lo que yo he hecho siempre. Era más grande que yo esta noche. Y Twitter se va a enfurecer muchas veces más”.

Reese da en el clavo en sus declaraciones. La mujer negra que está destinada a dominar el baloncesto femenino mundial en al próxima década, nunca ha escondido sus orígenes y no ha disimulado sus maneras. Ella misma se llama Reina, e incluso en algunos partidos, en un juego con sus compañeras de equipo, se corona para provocar al rival. Es un juego, que en una mujer blanca sería visto como una broma, pero en una mujer negra es una provocación.

La razón es la de siempre. Nuestra existencia y nuestra presencia provocan. Si nos salimos de la posición de subalternidad que se nos pretende dar, se nos ataca despiadadamente y aparece la Misogynoir.

Reese es una mujer negra, y eso es lo que no le perdonan. El éxito de las mujeres negras no está bien visto. No le perdonan que se permita el lujo de humillar a sus rivales «blancas» por su superioridad deportiva, y que además, se divierta haciéndolo.

Reese tuvo que defenderse de los ataques racistas cuando debería haber estado celebrando sus éxitos, pero eso no ha impedido que la MVP tenga la alegría que se merece.

Reese en la rueda de prensa después de su victoria lo recuerda: “Creo que he ayudado a hacer crecer el baloncesto femenino este año. Estoy súper feliz y emocionada. No me importa nada más y lo que tengan que decir sobre mí….”, “De eso es de lo que puedo presumir. Twitter puede decir lo que quiera. Me encanta leer esos comentarios. Tengo todas las capturas de pantalla de lo que todos han dicho sobre mí durante toda la temporada».

Reese, una Reina negra, ha ganado. Ahora mismo se está riendo señalando a su anillo de campeona.

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