Lo progresista no te quita lo racista

El periodista auto-proclamado “de izquierdas”. Tan ambiguo, ambivalente y equidistante a veces, pero tan pasional en la defensa de sus ideas en otras ocasiones.

Ilustración de Vicki Nerino

Ya hace tiempo que lo venimos diciendo: el abanderado de izquierdas es un arma de doble filo. Los y las periodistas que se auto-denominan defensores de la izquierda o progresistas finalmente resultan ser menos de fiar que los votantes de Vox.

Lo cierto es que al hombre de derechas al fin y al cabo lo ves venir. Al de izquierdas, no. El hombre de izquierdas es ese fiel defensor de sus ideas, que él percibe como progresistas. Sin embargo, sorprende su pasividad ante ciertas situaciones en las que claramente se producen injusticias y opresiones hacia aquellos colectivos que, desgraciadamente, no cuentan con la simpatía de la sociedad a la hora de defender sus derechos, constantemente vulnerados.

Hemos visto a personas de izquierdas bajo la proclama anti-fascista manifestándose por la libertad de un rapero y abanderándose bajo el lema de “la defensa de la libertad de expresión”.  Sin embargo, no los hemos visto clamando justicia ni quemando contenedores cada vez que asesinaban a personas racializadas, algo que, por desgracia, sucede muy a menudo. Tatiana Romero lo denunció ya en su artículo para Pikara Magazine “Antes era antifa…ahora soy antirracista”.

Por ello, como periodista, se me escapan muchas cosas. Como por ejemplo el hecho de que haya contertulianos en programas de máxima audiencia asintiendo o callando ante situaciones que resultan claramente excluyentes y opresivas hacia las personas víctimas del sistema racista y patriarcal que hoy en día impera todavía en España. Que haya personas ocupando el lugar que tendrían que ser ocupados por otros colectivos, quienes deberían contar con mayor protagonismo en los medios. Que haya personas presuntamente muy formadas y preparadas para ser la voz y la moderación en debates políticos admitiendo y legitimando discursos y panfletos que son claramente una incitación al odio.

Hace pocos días Afroféminas ya denunció el colaboracionismo existente en los medios de comunicación más mainstream de este país, algo que, si nos paramos a pensar, es extremadamente grave que se permita en los tiempos que corren: es muy grave que Lucía Etxebarría acuda en el nombre del feminismo a eventos como la derogación de la Ley Trans invitada por un partido como VOX, es muy grave que en una tertulia se hable sobre “los MENA” como la estirpe y que, no sólo se normalicen, sino también se justifiquen ataques violentos hacia los mismos, es muy grave que se intente analizar desde el punto de vista político (como si fuera algo analizable y no directamente censurable) una pancarta que representa una clara incitación al odio como fue la que publicó VOX equiparando las pensiones por jubilación con la ayudas que reciben los menores no acompañados en España.

Da la impresión de que la izquierda tiene una lucha, o unas cuantas: la lucha por ver quién es más de izquierdas o quién se gana antes un puesto en los programas de máxima audiencia. En ambas situaciones se utiliza la misma técnica, y es la de mirar hacia otro lado cuando se da una situación de racismo en este país, o bien justificarlo. 

Es muy poco común ver a una izquierda claramente comprometida con la lucha antirracista, porque incluso en su intento de serlo, termina reduciéndose a una defensa de la supremacía blanca (como ocurre, por ejemplo, con un feminismo blanco que funciona bajo el pretexto de que las mujeres blancas seremos las que salvemos al resto de pobres mujeres víctimas de otra cultura mucho más machista que la nuestra).

Defender a las minorías (que no son tan minoría, si nos paramos a pensar) es algo que claramente se percibe como “contraproducente”, algo que se te puede volver en contra, como una manera de perder votantes o seguidores, como si fuera algo renegado al ámbito del activismo pero que no pudiera tener cabida en debates “intelectuales”. Porque dentro de la categoría “intelectual” solamente encontramos la representación de hombres blancos. Eso sí, ellos saben de todo.

Dentro de las filas de izquierdas hay racismo, hay machismo, hay supremacía blanca y hay supremacía masculina. 

Los mismos que salieron durante el famoso 15M y que se dan a sí mismos la importancia de haber conseguido un cambio (cosa que no pondremos en duda) son los mismos que vetaron la participación de las mujeres en muchos de los actos y campañas reivindicativos, respondiendo con comportamientos sexistas e incluso agresivos ante las demandas de visibilización de las propias mujeres. Esos mismos son los que se quedan en casa cuando asesinan a alguien en un CIE mientras la comunidad antirracista sale a las calles a denunciarlo.

Los mismos que se sientan en un plató de televisión como representantes de parte de la sociedad y exigen derechos y avances, son los mismos que olvidan e invisibilizan a la comunidad racializada en muchas de sus reivindicaciones.

Los mismos que escriben libros son los que olvidan dar espacio en sus historias a las personas que verdaderamente tienen algo que contar, a aquellos individuos claramente atravesados por la injusticia de un país que los rechaza por el mero hecho de no haber nacido aquí, o de no ser hijos de españoles.

Los mismos que ocupan portadas, sillas en debates televisivos, los mismos que hablan sin parar y no se callan, son los que deberían ser más conscientes de la importancia que adquiriría el hecho de que, por un solo día, se quedasen en su casa, y cedieran ese espacio a las personas que verdaderamente tienen algo que decir.

Lo progresista no te quita lo racista. No, porque aquí no hay una definición de progreso comúnmente aceptada. ¿Qué es progreso? Para unos será que sus hijos puedan andar libremente por la calle, sin riesgo a ser agredidos por su color de piel. Mientras que, para otros, lo será el hecho de poder seguir haciendo sus proclamas partidistas sin que nadie les moleste en su proceso de ignorar lo que realmente importa: que aún a día de hoy hay personas que son invisibles, que son violentadas y que no tienen ningún tipo de representación ni de defensa en los medios de comunicación, en partidos políticos ni, por supuesto, en la sociedad.


Clara E. Mengual

Periodista especializada en Estudios Migratorios y Género. Lucho por un periodismo antirracista, interseccional y feminista. Instagram: @claraemengual / Blog https://claraemengual.com/



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