“Yo no veo colores, veo personas” ¿Qué se esconde detrás de esta afirmación?

Más de una vez alguien cercano, con afán de manifestar su posición antirracista (y aliviar su propia conciencia, agrego) me dijo “yo no veo color de piel, yo veo personas”. Y si bien agradezco el sentimiento, a mí esa frase siempre me revolvió el estómago. 

Me van a tener que disculpar, pero no vivimos en el mundo de “My Little Pony” – una sociedad utópica donde hay arcoíris y mariposas mágicas y donde el color de la piel no es un factor en el modo en que se toman decisiones. El racismo no se ha erradicado, sino que ha cambiado y se ha vuelto más encubierto e insidioso.

Cualquiera que posea el sentido de la vista, puede discernir y reconocer un color de piel del otro. No por nada, la reina del bien, Rihanna, cuando sacó su marca de cosméticos lo hizo reconociendo más de 50 tonos de colores de piel. Cuando a los niños le dicen de pintar algo con “color piel” ¿adivinen qué crayón toman? El más claro ejemplo del “valor” de lo que se habla al hablar del color de la piel nos lo dio hace unas semanas el Correo de España y su campaña de sellos postales

Decir que “no ves el color de piel de alguien” sencillamente te hace una persona, como mínimo, poco empática y bastante narcisista. Porque, de esa forma, se continúa definiendo la existencia del racismo bajo tus lentes– ignorando totalmente la experiencia que viven las personas racializadas. Porque vos arbitrariamente decidiste que no ver el color de la piel de alguien, no hace desaparecer todos los problemas reales de racismo que ocurren en nuestras vidas. Esta actitud, infantil, lo único que hace es mantener y soportar las inequidades y mantener el racismo sistémico impregnado en la sociedad. 

Que vos no veas el racismo, no significa que este no esté sucediendo. Y si efectivamente, esta afirmación la estés diciendo porque querés ayudar a la causa antirracista…entonces, ¿cómo podés arreglar algo que no crees que realmente ves? 

Cuando hablamos de “colores de piel”, lo que importa es la experiencia de la persona que está siendo discriminada por ese color.  El objetivo es ver y reconocer el color de la piel, pero controlar y regular el impulso innato de tomar decisiones basadas en tales características. Todos vemos color – y decodificamos un mensaje en torno a ese. Por ejemplo, el color gris te transmite algo distinto al color verde. Quizás un día que estás humor radiante, quieras lucir una camiseta más “llamativa” mientras un día que estás para pasar desapercibida eliges la más “apagada”. ¿Se entiende? Entonces, ¿cómo se puede mantener la afirmación que “no ves el color de piel de las personas” si hasta en las decisiones más simples los colores juegan un rol importante en la toma de decisiones? 

Ser capaz de reconocer esto, es fundamental. Decir que uno no lo hace simplemente no es exacto. Primero, tenemos que reconocer que cada uno de nosotrxs, sin importar nuestro color, tenemos nociones preconcebidas y expectativas sobre diferentes grupos raciales. El reconocimiento y la comprensión son cruciales. Otra razón por la que esta frase es contraproducente, es que disminuye las diferencias y experiencias únicas que enfrentan los grupos raciales. Cada unx de nosotrxs es diferente y decir que una de las características más obvias y conspicuas de una persona es algo que ignoras, que para vos no está presente, es desdeñoso y trivial.  Aceptar esta realidad nos permitirá a cada unx de nosotrxs no solo reconocer los estereotipos que hemos adoptado y normalizado, sino también dar pasos conscientes para cambiarlos. 

Las investigaciones indican que la mayoría de las personas tienen algún tipo de prejuicio racial. Si queremos deconstruir un sistema de poder y privilegio basado en el color de la piel, se deben abordar importantes discusiones sobre los prejuicios raciales profundamente arraigados que cada unx de nosotrxs tiene. También es importante reconocer y comprender que las personas de color pueden tener estereotipos negativos sobre el grupo dominante – pero también pueden internalizar los estereotipos de su propio grupo (porque como dije al principio, el racismo se ha vuelto insidioso y todos jugamos un papel dentro de la narrativa blanca). 

Cuando se busca tener discusiones productivas sobre la raza en nuestra sociedad, el reconocimiento y la aceptación de nuestros propios sesgos y prejuicios es un poderoso catalizador para el cambio. Decir que no ves el color ignora el privilegio y el poder del grupo racial dominante en la sociedad, por lo tanto, disminuye los sentimientos de parcialidad, prejuicio y racismo que experimentan las personas de color. Necesitamos abolir la idea de que el objetivo es una sociedad daltónica y aprender a reconocer nuestros prejuicios y sesgos para fortalecer nuestra capacidad de toma de decisiones.

Cambiar la forma en que nos tratamos mutuamente es dar un paso más en cambiar la narrativa. Y si bien, la “raza” como tal no existe; el racismo es muy real y nos atraviesa absolutamente a todxs, en diferentes niveles de experiencia, algunos estaremos del lado de las víctimas, otros serán victimarios y una gran masa (compuesta por aquellos “daltónicos) usufructúan los beneficios de la narrativa imperante, solo por mantenerse fuera de las líneas de conversación. Por eso, a todas aquellas personas blancas que vean las inequidades y quieran ser parte del cambio – empiecen por lo básico: reconozcan que hay colores y que estos, implican un sesgo.  “Ver el color de piel” no implica ser racista – significa que ves la experiencia que atraviesan lxs otrxs, entendiendo porqué sus historias no son oídas en la sociedad y trabajas activamente para respetar las diferencias.


Agostina Yannone

Afroargentina, 7ma generación. (she/her)
Profesional de Relaciones Públicas y Comunicaciones de Marketing. Viajera.
Twitter: agosyannone / Instagram: agostinalytical


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