Diferencias y relaciones entre los movimientos de mujeres y el feminismo en África

Las movilizaciones encabezadas y organizadas por mujeres han tenido relevancia en África durante gran parte de su historia. En la actualidad, estos grupos proliferan aun más, creando redes por todo el continente para promover la creación de leyes y normativas respetuosas con el género femenino. Sin embargo, existen diferencias entre los movimientos feministas y de mujeres, aunque ambos se combinen muy a menudo en el continente. La académica feminista Karen Beckwith, tal y como recoge Amanda Gouws en su artículo, observa que “la falta de claridad de definición ocurre particularmente en países donde los movimientos de mujeres y los feministas han surgido más recientemente”.

Mujeres en una manifestación contra la violencia policial en Nairobi (Kenia). Foto: Patrick Meinhardt/AFP

Movimientos de mujeres

Según Beckwith, la fusión del activismo, los movimientos y el feminismo confunde nuestra capacidad de hacer una distinción entre la clase y la raza de las mujeres. Es por ello por lo que, al hablar de movimientos de mujeres, la académica propone que se defina como “un subconjunto de acciones sociopolíticas con un enfoque en las experiencias de género de las mujeres”. Un ejemplo de ello, como ilustra Gouws, serían los clubes de costura femeninos.

En África hay mucha variación entre las regiones respecto a cuestiones de tiempo, carácter, influencia y eficacia de los movimientos de mujeres. Estos surgen como consecuencia del avance de fuerzas y procesos que redefinen el significado de la esfera pública (política) y privada (hogar). Es por esto por lo que, a menudo, pueden no haber tenido una gran relevancia en la igualdad de derechos, pero han tratado de proteger el papel femenino en las sociedades africanas tradicionales. “Estas movilizaciones pueden no ser siempre empoderadoras”, explica Gouws.

Feminismo

Un movimiento feminista, por su parte, “se caracteriza por su desafío al patriarcado”. Analiza la realidad desde un prisma de poder de género que lleva a proponer arreglos políticos, sociales y de otro tipo de dominación basados en el género. Un ejemplo de ello, como reseña la profesora, son las alianzas de mujeres para luchar por sus derechos reproductivos.

Para aclarar mejor esto, Gouws parte de una investigación de la experta en género y estudios de la mujer Aili Mari Tripp, sobre las organizaciones femeninas en Uganda. Dichas formas de ordenamiento actuales se han distinguido de las antiguas por el liderazgo autónomo, las agendas, las estrategias y la financiación que poseen.


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Las mujeres ugandesas han abordado problemáticas que incluyen los derechos reproductivos, la participación política de las mujeres y la representación mediática de las mismas. Esto evidencia una pluralidad en las temáticas sobre las que se actúa, y extienden dicha pluralidad también al ámbito interno, ya que son organizaciones formadas por mujeres de diferentes líneas religiosas, afiliaciones étnicas y políticas. Por su parte, la antigua resistencia femenina frente al patriarcado en África fue de la mano de la oposición al colonialismo. Las mujeres lucharon por la libertad junto con los hombres, pero muy a menudo fueron excluidas de las negociaciones de transición hacia la democracia. En este sentido, se entiende que las protestas de género se subordinaron a las colonialistas y racistas.

Otro ejemplo relacionado lo encontramos en Sudáfrica remontándonos al año 1992. Las activistas feministas formaron la Coalición Nacional de Mujeres, un movimiento de base amplia que consistía en la organización de mujeres a través de su clase, raza y partido con un objetivo común: desarrollar la Carta de la Mujer, o, en otras palabras, conseguir que las cuestiones femeninas se incluyesen en la Carta de Derechos. Sin embargo, la coalición terminó fragmentándose por la ausencia de un número que las mantuviera unidas.

Nuevas movilizaciones

En la actualidad, las activistas feministas de Sudáfrica todavía están estableciendo la agenda para el cambio, pero su forma de movilización ha cambiado, resultado de la necesidad de involucrar a las mujeres en temas de legislación y política. 

La Campaña Shukumisa y la Alianza para la Democracia Rural son dos ejemplos de movimientos focalizados en la formación de uniones. “Se caracterizan por haber tenido una corta duración, pero implicando una intensa movilización en torno a la legislación. Ambas tuvieron mucho éxito para hacer que el Estado rindiera cuentas a las mujeres”, expone Gouws.

Estas campañas muestran que el éxito a nivel nacional está relacionado con el trabajo que realicen las mujeres a nivel local para incluirse en los procesos legislativos y políticos. Por ello, las nuevas organizaciones deben participar en una “política de escala”, donde las protestas locales, nacionales y transnacionales contribuyan a cambiar la desigualdad de género.

Más allá de África

Este último hecho nos lleva hasta la necesidad de la participación y visibilización de las mujeres africanas más allá de sus fronteras como “imperativo para cambiar el enfoque de la política a nivel global”. Un ejemplo pasado de esto fueron los Diálogos Feministas (2004 y 2005) y el Foro Social Mundial de 2007 que tuvieron lugar en Nairobi (Kenia).

Los dos primeros diálogos se centraron en profundizar en el análisis sobre la globalización, fundamentalismos y militarismo, mientras que en 2007 se dio prioridad a la construcción y reconstrucción de la política feminista. Asimismo, ese año se incluyeron dos subtemas: formas feministas de trabajar en diferentes regiones y estrategias feministas globales para abordar los fundamentalismos, la globalización neoliberal y el militarismo.

En base a todo lo expuesto, Gouws presenta una fórmula para aunar todas estas formas de organización para conseguir verdaderos cambios. “Nunca se insistirá lo suficiente en la importancia de la movilización transnacional. Muchos esfuerzos para mejorar la vida de las mujeres descarrilan a nivel global. La reconstrucción económica a menudo contribuye a la feminización de la pobreza, representando las mujeres un porcentaje desproporcionado dentro de la miseria mundial. El feminismo depende del activismo de las mujeres expresado a través de la movilización, que conducirá a desafíos significativos al patriarcado”, argumenta la docente.

Nerea de Ara


* Este texto está basado en un artículo de Amanda Gouws, profesora de la Universidad Stellenbosch, publicado en The Conversation, bajo el título ‘Unpacking the difference between feminist and women’s movements in Africa


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