Racismo. La definición del Otro

Grabado que muestra el proceso de marcar a las personas esclavizadas a fuego

La expoliación del cuerpo convertido en objeto despojó de alma a esos seres. Prima por cabeza de negro. Propiedad privada, mercancías, animales, ahora, fantasmas de sangre.

La definición de los Otros empieza en 1492 con el apelativo de salvajes a los Taínos por parte de los conquistadores. Una vez llegados los primeros esclavizados desde África en 1503 a La Española, aproximadamente unas 250 personas, se extiende el régimen basado en la discriminación por supremacía racial. De inmediato, la idea de los otros se asentó en el pensamiento colonial como medida diferenciadora en la que comenzó la construcción del hombre blanco y su superioridad biológica. Empezó el montaje de su yo. 

Con la noción del Otro, el Indio Bárbaro, el Negro Salvaje, el Negro Malo, va tomando forma, una fisicidad y una lógica que los seudo intelectuales y humanistas del viejo continente se empeñaron en precisar para justificar la tesis de la raza. Nunca fueron mujeres, niñ@s u hombres. 

Indio, negro, mulato, mestizo, saltapatrás, jíbaro, moro, etc., son calificativos empleados desde la época colonial con las mismas connotaciones al día de hoy en RD. Con el paso del tiempo al vocabulario popular se han agregado nuevas categorías: indio claro, indio oscuro, negro fino, negro haitiano, negro negro, negrito de clase, negro áspero, negro bembón, mono, prieto, blanco sucio, moreno, morenito, entre otras, que describen a las personas por sus características físicas y el supuesto de su ascendencia. Al respecto, persiste la relación entre racismo y clase social al igual que el sistema de castas de la colonia. Y si bien es cierto que el privilegio de los blancos existe incuestionablemente, un blanco pobre también es excluido y abusado por el sistema. La enunciación de la otredad siempre depende del capital.

Para establecer un marco decolonial hay que deconstruir los relatos existentes a favor de producir un discurso propio de quienes somos en contraposición con lo establecido en vez de seguir replicando las fórmulas coloniales discriminatorias y excluyentes. Me refiero a las historias oficiales, actos y prácticas que han edificado nuestras memorias. 

La marginalización del cuerpo hace que toda su corporeidad dependa de las narrativas invisibles que le han definido durante siglos. En este dilema, las investigaciones etnológicas, las prácticas culturales, los encuentros, congresos, artículos, novelas, etc., se han extendido tratado de redefinir desde una postura propia esa entidad como colectividad de forma reivindicativa. Quizás la pregunta por hacer es, ¿cómo o desde dónde podemos revivir el cuerpo social marginal? 

Por ejemplo, lo que subyace en el racismo de RD es fundamentalmente una falta de reconocimiento identitario y una sostenida campaña nacionalista anti haitiana. Referencias, por mencionar solo dos al respecto, son: el genocidio de 1937 del dictador Rafael L. Trujillo, se especula fueron asesinados entre 10 mil y 20 mil haitianos en la frontera dominico-haitiana con el fin de dominicanizarla, y la sentencia 168/13 emitida en el 2013 por el Tribunal Constitucional de la República, en la que 250 mil personas fueron despojadas de la nacionalidad dominicana por su ascendencia haitiana principalmente.

Otras razones que exacerban los problemas se basan en los procesos históricos que vinculan a ambos países. En este sentido la historiografía tradicional y oficial se ha encargado de crear la idiosincrasia que hoy domina en la mayoría de dominicanos y la hostilidad hacia los haitianos.  También se suma la campaña hispanoamericana realizada en América a principios del siglo veinte con la cual entramos a una fase neocolonialista y capitalista neoliberal con la que se consolida la herencia española en menosprecio de la nativa y la africana. 


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De lo anterior es muy fácil deducir qué somos (o no somos) por la negación del Otro, no somos negros, ni haitianos, ni africanos, ni indios, pero, ¿qué o quiénes somos? Me parece significativo que el Yo sea inverosímil sin el Otro. Me refiero a Ser en un contexto político, cultural, filosófico, estético, psicológico. Por eso creo que es muy oportuno considerar propuestas como las de Le Breton acerca de La sociología del cuerpo (2002), cuando sostiene que siempre se han visto hombres y mujeres y el cuerpo corre el riesgo de no ser universal, obviamente habla del cuerpo blanco. Si hablamos de la historia del cuerpo negro, entonces habría que considerar que nunca fueron mujeres u hombres sino objetos. Es necesario crear una sociología decolonial del cuerpo negro que tome en cuenta el cuerpo-objeto y sus representaciones simbólicas para que estas puedan ser despojadas de toda la violencia epistémica a la que se le ha sometido. Hay que hablar de las problémicas del cuerpo negro y darle paz al Otro.

Hay que dejar desprovistos de discurso a los de arriba. Ellos tendrán obligatoriamente que volver a redefinirse ya que los Otros, siempre anexos y periféricos, reclaman su propia constitución. Es decir, crean su auténtica arqueología, su historia, sin limitar su existencia a 1492. Hay que dar respuestas a quiénes eran y son más allá del hombre blanco.

Para mí una analogía sobre lo que estoy tratando de decir es George Floyd, ese negro del que tanto dicen tuvo una vida delincuencial, con la cual pretenden justificar su ejecución, es hijo del sistema. Producto de la arrogancia, racismo, exclusión, pobreza y violencia. Floyd nació libre, sin faltas. Lo despojaron de una buena vida para ser un Negro Salvaje y Malo. Floyd es el hombre que ha unido a miles en una misma lucha y se ha convertido en símbolo. Se le ha quitado lo que lo supeditaba para verlo como ser humano y ver a sus asesinos. Para los que quieren confundir las opiniones diciendo que hay que tener cuidado a quien se exalta, les hago hincapié en una diferencia entre símbolo e ídolo. El símbolo conduce a la acción y lleva al campo racional a los opresores, mientras que el ídolo se tiene que cuidar para no ser reducido a la esfera de lo mítico y subjetivo. 

Continúan latentes la opresión y los discursos fascistas. La necesidad extrema de visibilizar y combatir las prácticas hegemónicas y supremacistas desde arriba es primordial. El racismo estructural se mantiene por los grupos de poder privilegiados y demuestra la vigencia de las prácticas coloniales. Está arraigado y persiste en países como RD donde el 80% de las personas es afrodescendiente y en su mayoría carece de los recursos mínimos para subsistir. 

Hay que seguir luchando. Espiritualmente los Otros, Bárbaros, Salvajes y Malos, se levantaron, el eco de sus voces resuena cantando apasionado. Ahora somos más. Mi cuerpo lo defino yo. Mi otredad la defino yo. 


Aniova Prandy

Artista visual, teatrista, maestra, caribeña, afrolatina, investigadora.
@aniovaprandy

https://aniovaprandy9.webnode.es


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