Blackface, arte y racismos

Influencers y artistas en Instagram han hecho blackface para intentar homenajear el Black Lives Matter. No entienden nada. Foto Hamsa News

Siempre he creído que las rutinas excesivas pueden acabar con la creatividad inmediata de los artistas. Esa que surge cuando menos te lo imaginas y puede abarcar todo el trabajo de una semana en un par de horas de intensidad.

Aun así, conservo algunos tics, necesarios para empezar mi día. Un poco de café oyendo a Lianne la Havas, una conversación interna con mis ancestras mientras me ducho, otro poco de café, revisar el móvil, dejar que mi perro me saque a estirar las piernas, volver a chequear el móvil, cabrearme, escribir.

En estos últimos días, el tema en boga favorito para muchas personas es el racismo, George Floyd, y todas las revoluciones que se han ido formando a lo largo del mundo, respecto a este tema. A un nivel personal, como activista y negra, soy bastante prudente y en ciertas ocasiones pesimista, con estos temas, sobre todo, por deja vu del pasado que nos han dejado con mal sabor de boca, cuando la novedad del tema pasa, y seguimos aquí, las personas negras con las mismas problemáticas y opresiones, más frustrados que antes, y la parte blanca sin haber entendido en realidad, la gravedad de la situación y pensando haber cumplido, solo por poner una foto negra en su perfil, o compartido varios post de indignación.


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Mucho se habla estos días de racismos, de visibilidad, de negritud. Pero abro mi teléfono, y sigo viendo que la paja en el ojo ajeno es más fácil de detectar, que la viga en el ojo nuestro.

Se siguen practicando técnicas de blackface por parte de artistas blanques, que ya han cambiado el discurso, y lo hacen como una especie de homenaje, con todo el paternalismo y el desconocimiento que encierra, además de la sutileza de que no nos podemos enfadar, porque es un aporte a nuestra lucha, da igual si está bien o está mal. Sigo viendo activistas negres y racializadas, más agotadas que de costumbre, intentando alzar la voz, denunciando una y otra vez, que se sigan haciendo estas prácticas racistas, ahogadas por la explicaciones continuas, de personas blancas de lo que es racista, y lo que no.

Entender este movimiento, es más complejo que poner una foto negra de perfil, o decir que no somos racistas. Es hablar de historia, de interseccionalidad, de deconstrucción. Es hacer un llamamiento a los privilegios, y dejar que fluyan sin miedo en nuestras caras, y luego tener la valentía de exorcizarlos. Es desprenderse de ese ego colonialista blanco heredado y hacer escucha activa de personas negras, que no solo no queremos que nos maten, sino que no se nos siga silenciando, usando nuestra piel a modo de quita y pon, por vanidad o modas, o haciendo apropiación de un discurso y de una lucha, que no cree en hashtags, y si en actos cotidianos. Los microrracismos también existen dentro del concepto de racismo. Son dañinos, crean traumas, depresiones en muchas ocasiones, y son otra forma también de ejercer opresión.

A pesar de mi cautela y pesimismo, sigo creyendo en el mejoramiento humano. Nadie nace racista, se puede desaprender. Y por cada tres personas que no quieren desprenderse de los privilegios, habrá tres más que al llegar a sus casas, al menos, habrán reflexionado sobre ellos.

No sé si al final, las rutinas son buenas o malas para la creatividad del artista, yo seguiré hasta nuevo aviso con las mías matutinas, y tú, artiste que me lees, y practicas el blackface, espero que reflexiones, y a partir de ahora añadas a las tuyas, la sororidad y la empatía. 


Dayana Catá

‌Educadora especial y escritora. Ante todo humana, negra, cubana, mujer y activista. Todo en ese orden y con el mismo grado de intensidad.


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