Te voy a mandar a tu país a patadas en el culo

Peathegee Inc / Getty

“Hola, soy A., mujer, joven, extranjera, bueno… colombiana.  En fin, que soy negra. Hoy me han dicho que tengo que volver a mi país, o sea que me manda a mi país a patadas en el culo, porque sí, sabes, porque soy una extranjera y negra y negra de mierda.”

Silencio. 

“Porque vine aquí con un Visado de turista y nada más llegar a España me puse a buscar trabajo, pero claro, sin contrato porque estaba indocumentada, era ilegal ¿sabes? Una sin papeles. Y entonces cuando llegué, una amiga me dijo que una señora estaba buscando a una interna, una empleada de hogar y pensé que sí, que podría ser mi oportunidad. Hice una entrevista de trabajo. Todo fue bien. Me contrataron. Jajaja, contrataron sin contrato, porque soy una ilegal.”

Silencio. Miradas. Más silencio. 

Lagrimas.

“El hijo de mi dueña (siiiii, dijo MI DUEÑA) está mal de la cabeza. Desde que empecé a trabajar no hace más que insultarme, hasta lo he grabado una vez y tengo el vídeo. Y mira, es que él trata mal hasta a su propia madre y se enfada con ella porque dice que la viejita no entiende nada, que por qué cojones ha dado el trabajo a una negra de mierda.”

A. bebe un vaso de agua. A. me mira. Yo la miro. “Por favor, A., continúa. Necesito saber toda la historia…”

“Pues un día me miró con una mala cara que no sé… tuve miedo. Fui al centro de salud, pero no les dije nada porque tenía vergüenza. Me dieron un calmante y de vuelta para casa. No salgo, soy interna. Como, duermo y vivo allí. La viejita es muy agradable, pero su hijo no. Me dijo que qué polla hacía una extranjera en su casa, que encima era negra. Me dijo que nunca en su vida había tenido que darle un trabajo a una negra. Otro día me sacó un cuchillo. Estaba cortando el pollo y con ese cuchillo tan grande me miró derecho en los ojos, mami. Con ese maldito cuchillo me clavó la mirada en los ojos. Hace poco me insultó, me dijo que era una negra de mierda y que si por él fuera me tendría que volver a mi puto país. ¿Qué hago, mami?

La teoría enseña que esto en España es un delito de odio, recogido en el artículo 510 del código penal. La teoría enseña que A. puede y debe denunciar. Así que se lo explico. A. me mira. Me sigue mirando. Le digo que yo la puedo acompañar, que no se preocupe, que está en su derecho. Me sigue mirando. “Mami – me dice – no te olvides que no tengo papeles”. Claro, es cierto. Pero (pienso) ¿qué tiene que ver una cosa con la otra? Vamos a ver, estamos hablando de una potencial víctima de un delito de odio que se encuentra en situación administrativa irregular. Sus papeles no pueden ser un obstáculo al funcionamiento de la maquina judiciaria. “A. – continúo – vamos a hacer así: yo me informo mejor y te aviso. Pero, por favor, piensa primero en tu situación, en tu salud, en tu vida. Y habla con tu red de apoyo, no tengas vergüenza, no tienes la culpa de nada.”

A. se levanta, me da un abrazo y se marcha. 

Hago algunas llamadas, pido informaciones respeto al caso. “Claro – me dicen – es un delito de odio. Debe denunciar.” “Muy bien – sigo – pero la señora tiene miedo porque se encuentra en situación administrativa irregular. No quiere ir a denunciar porque piensa que le podéis entregar una orden de expulsión. Por eso os llamo, para saber si la víctima está tutelada si se mete en las manos de la justicia”. “¿Y yo qué te voy a decir, señora? No voy a poderte asegurar que no hagamos nada, lo siento. Eso depende del funcionario que os toque.” 

Silencio. Me vuelvo a sentar y pienso en esa llamada. Ahora tengo que avisar a A. Tendré que decirle que, por desgracia, antes de denunciar debe asumir ese riesgo. Me da vergüenza. Me da hasta miedo pensar que un papel (y una falta administrativa, porque de eso se trata) valen más que ser víctima de un delito, de un hecho criminal castigado hasta con la prisión. No seré capaz de explicarle nada de todo eso. Pero tengo que hacerlo, porque A. está esperando mi llamada. 

“Hola A. Me he informado y me dicen que puedes denunciar porque estás siendo víctima de un delito de odio, pero que no pueden asegurarte de que no van a empezar un procedimiento de expulsión contra ti. Ahora depende de ti.”

“Mami, explícame una cosa: ¿qué es esto de ser una persona ilegal?

Fin. 

A. no ha querido interponer denuncia. 

Seguimos en contacto para saber cómo está y la situación no ha mejorado. A. no quiere denunciar porque tiene miedo a ser deportada. 

Hay muchas personas, sobre todo mujeres extranjeras que viven la misma situación de A. y que no denuncian por miedo. A. no solo está siendo traicionada por un privado ciudadano, sino también por las propias instituciones públicas. A. no está siendo tutelada como debería. 

Me gustaría no tener que contar más historias como éstas. Me gustaría que A. pudiera denunciar, sin tener que pensar que un papel vale más que su propia vida. Me gustaría que el Estado del bienestar garantice el reconocimiento de derechos fundamentales a todas las personas. Me gustaría y por eso sigo en la lucha.


Giorgia Formoso

Profesora de Formación y Orientación Laboral. Italiana residente en Sevilla.

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