¿Sería yo una mujer negra?

Esta es la pregunta disparadora del cine con debate que se celebró el 12 de septiembre en el  Centro Cultural Tierra Violeta de la Ciudad de Buenos Aires. Se proyectó el cortometraje “Revejo” de la cineasta brasileña Láisa Freitas. Este corto cinematográfico puso la lupa en el proceso de construcción de la identidad étnica y en la importancia de la militancia afro, como partes fundamentales de la construcción colectiva de identidad y representación.

El jueves 12 de septiembre del año en curso, se realizó el evento afrocultural “¿Sería yo una mujer negra?” en el Centro Cultural Tierra Violeta, ubicado en Tacuarí 538, San Telmo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

El evento consistía en proyectar el documental “Revejo” de la cineasta afro-brasileña Láisa Freitas y, después, realizar un debate con todas las personas allí presentes. 

La moderadora del evento fue la periodista afro-brasileña Fernanda Pessoa quien, además, es realizadora audiovisual. Pessoa reside en Buenos Aires desde febrero y, actualmente, estudia la maestría de Periodismo Documental en la Universidad Nacional de Tres De Febrero (UNTREF). 

Este acontecimiento tuvo como invitada central a la cineasta y autora del cortometraje Láisa Freitas quien, también, compartió el espacio con las invitadas especiales: Julia Cohen Ribeiro (Artista afrofeminista), Lisset Gonzales Batista, negra migrante cubana, y Tamara Beltrame (Antirracista afroargentina)

A las 20 horas empezó este bolonqui violeta en la ciudad porteña. El encuentro giró en torno a la pregunta “¿Sería yo una mujer negra?” con el objetivo de provocar a la audiencia llevándola a reflexionar y a discutir sobre la construcción de sus identidades como mujeres negras desde distintas perspectivas y experiencias de negritud.  Por eso, la pregunta disparadora de la charla es, también, la pregunta que originó el documental.

Fernanda Pessoa agrega que: “Es una pregunta que se nos ocurrió a muchas mujeres negras en algún momento de la vida. Y por eso la elegimos, junto con Láisa, casi como una provocación. Me parece que, con este cuestionamiento, al menos en mi experiencia personal, empecé también a construir mi identidad”. 

“Revejo” es un cortometraje que presenta una reflexión sobre la construcción de identidades negras. La propuesta de la obra es contemplarse a sí misma como mujer negra. Pero, obviamente, el cortometraje no intenta presentar todas las experiencias en la negritud. Existe mucha belleza en la experiencia de la negritud y las mujeres negras llevan historias que necesitan ser compartidas y admiradas. Es un documental sin fines de lucro que se realizó como proyecto final del grado en Cine y Audiovisual. Este cortometraje tiene una duración de diecinueve minutos, la  musicalización y la narración están en portugués pero, para ser proyectado en esta noche tan especial, fue subtitulado en español. 

Luego de la proyección, la moderadora Fernanda Pessoa agradeció a todos los  presentes y dio inicio al debate diciendo: Esta noche contamos con la presencia de Julia Cohen Ribeiro, estudiante de la Universidad de Buenos Aires, parte del colectivo artístico afrofeminista Kukily. Julia considera que el sentido de todo lo que hace es político. También tenemos el gusto de que nos acompañe la directora del filme, Làisa Freitas, cineasta brasileña, que en actualidad gestiona la creación del webserie «Revejo». Làisa vino a pasar tres meses en Buenos Aires para estudiar español.  Hace años que se dedica a investigar la cuestión racial en Brasil  y en todo su contexto. Vale la pena destacar que, la autora de este film, empezó a estudiar cine para poder expresar, en imágenes, lo que no podía expresar hablando.

Después, Fernanda siguió presentando a las oradoras invitadas. Una de ellas fue Lisset Gonzales Batista, negra, migrante cubana, graduada en estudios culturales, integrante de Tertulia De Mujeres Afrolatinoamericana (TEMA) y del área de género de la Comisión 8 De Noviembre. Además, se suma a este coloquio Tamara Beltrame, afroargentina y feminista antirracista.

Como era de esperarse la primera en tomar la palabra fue la cineasta invitada, Làisa Freitas, quien empezó agradeciendo a todos los colectivos y grupos de personas que hicieron posible la realización del evento, entre los cuales destacó a: La Agrupación Alto Quilombo, El Área De Género De La Comisión 8 De Noviembre, Al Centro Cultura Tierra Violeta, Colectivo Kukily, Gente Antirracista del Colectivo Passarinho, a Tertulia De Mujeres Afrolatinoamericanas (TEMA). «Agradezco a las debatidoras Lisett y Tamara, también a Fernanda, por la organización de la exhibición y moderación del debate. Agradezco a mi hermana, aunque no está aquí hoy, a mis hermanas en la militancia Thamires y Tamara que ayudaron con los subtítulos”.

Freitas recuerda que “Tres meses atrás, antes de venir a Buenos Aires, empecé a buscar que hacer en esta ciudad. Llegué en Julio, mes de la mujer negra latinoamericana, empecé a buscar y, entonces, encontré en internet la página Afrofeminas.com. Allí descubrí la agrupación Tertulia De Mujeres Afrolatinoamericanas (TEMA), quienes se reúnen una vez al mes en este centro cultural y así fue que conocí Tierra Violeta”.

A su vez, continuó diciendo, “Con esta proyección finaliza mi ciclo en Buenos Aires. La próxima semana regreso a Brasil. El universo es mágico porque hoy me trajo hasta aquí. Les quiero contar que este cortometraje fue el proyecto que presenté, como examen final de conclusión de grado, en el Curso de Cine y Audiovisual de la Universidad.  Una cosa que me pasó mientras cursaba, y es cautivador para mi decirlo, fue que, en la mitad de mi curso, fui llamada por una amiga para formar parte de un equipo que iba a realizar un cortometraje sobre el rey del RAP femenino. Cuando mi compañera me invitó, usó las siguientes palabras: Quiero formar un equipo de mujeres que tenga mujeres negras, como tú. El escuchar la frase fue muy motivante para mí, ya que, hasta ese momento, no me consideraba negra y de esta nueva percepción nació la pregunta que hoy está plasmada en este proyecto que lleva como nombre REVEJO, (que en español significa reveo o revelar). 

Freitas aseguró que buscó,  con este cortometraje, volver a ver algunas cosas de su historia, llevándola a percibir que: “La construcción de la identidad es compleja y que, la experiencia de la negritud, es muy grande y diversa. Por eso llevo conmigo hasta ahora, esta pregunta: ¿Sería yo una mujer negra? La enuncio, más bien, como una provocación, como una interrogación a la identidad, como cuando asumimos nuestra identidad. La construcción de la identidad, como la construcción de la subjetividad, pasa también por el contacto con el otro”.

Por otra parte, Julia Cohen Ribeiro en su devolución sobre el cortometraje expresó: “Me impresiona ver cómo las artistas de la diáspora, sin conocernos, pensamos las mismas cosas y pasamos por las mismas angustias. Lo que me hace reflexionar sobre la necesidad que tenemos de buscar nuestras raíces que, a veces, están ahí y no las podemos ver porque, en ocasiones, no tenemos idea de la dimensión que tiene nuestro color. Nos damos cuenta de lo que nuestro color provoca cuando recibimos la mirada del otro. Cuando vine a vivir a Buenos Aires tenía once años y la gente me decía que yo era negra, cosa que no entendía pero, cuando empecé el encuentro con otras mujeres, entendí que tengo un lugar, y que, en el encuentro con otras mujeres negras, me encontré. En KUKILY somos cuatro compañeras negras y migrantes. Nos hemos dado cuenta que, aunque somos de distintos países, nos atraviesan las mismas cosas.  El poder encontrarnos y contar nuestras historias, para así construir una ficción partiendo de la geografía de nuestras propias vivencias, es algo estremecedor, es sanador”. 

Luego tomó la palabra Lisset Gonzales Batista quien, muy enfáticamente, remarcó el proceso de esclavitud que vivieron nuestros ancestros, diciendo: “Tanto nuestros nombres como nuestros apellidos fueron impuestos. Son muchos nombres que nos son ajenos debido a que no tuvimos la posibilidad de ser nombrados por nuestros ancestros y es, en ese sentido,  que aparece la formación de las mujeres negras que puedo ejemplificar como un viaje muy complicado, de mucha introspección, de muchos desencuentros. En este viaje pasamos por puertos donde suben a nuestro barco emociones, como el sufrimiento. Donde, también, recibimos soplos de alegría. Donde uno se va percatando de la deconstrucción que se va produciendo en el trayecto de construcción de nuestra identidad. Entonces, en el armado de este rompecabezas es que se produce la búsqueda de la identidad étnica. A veces, nuestra búsqueda de identidad se vuelve complicada puesto que se tienen diferentes formas de llegar a ella. Y, esto, es lo que podemos ver plasmado en este cortometraje que evidencia cómo la construcción de negritud se va produciendo a partir de la experiencia que, al final, al contarlas se vuelven comunes. Es por eso que destaco la importancia de este documental. Porque refleja la búsqueda que nos atraviesa como mujeres negras. Me gustó mucho la escena de la cocina, donde la familia estaba  cocinando en conjunto, porque siento que se une mucho a nuestra formación como personas negras, a esa conexión con nuestra ancestralidad que es tan simbólica de memoria, de palabra. Siento que esta dualidad de la africanidad, en este film, está representada en esa escena de la cocina, con cada olor, cada color, cada sabor. Nosotras somos tan distintas!!! Pero nos atraviesan los mismos aspectos, en distintas latitudes y, eso, lo podemos ver en la rebeldía de nuestro pelo, que para nosotras es tan importante”. 

Después, nos compartió su parecer, sobre el cortometraje Tamara Beltreme, quien empezó diciendo: “¿Sería yo una mujer negra?, es una pregunta que yo ya me hice y creo que toca, también, esa construcción colectiva de todas, lo que termina explicándonos, reconociéndonos como mujer negra. A algunas personas como que les llega más, en muchos aspectos, esta pregunta. A mí, por ejemplo, me hace recordar cómo me trataban como “la negra” ya que yo no me reconocía como tal pero, sí, como morenita. Es como esa venda que obtenemos del mestizaje que te hace crear esa diferenciación de manera colorista. Porque crecés con esa etiqueta que te va poniendo la gente, que no hace más que separarte. En Argentina, todavía se niega la existencia de nuestra parte negra, lo que hace que vivas respondiendo constantemente la pregunta: ¿de dónde eres?, en cualquier lugar yo era la única diferente. Me choca eso que dice Freitas, de cómo su compañera de la universidad la hizo pensar en esta pregunta, por el hecho que, hasta ese momento, ella no se consideraba una mujer negra, porque pasé por eso. Recién inicié la militancia y me encontré con mujeres maravillosas, lo que me generó una conexión y ese reencuentro con mi ancestralidad, con esa construcción como mujer negra argentina, de entender ese proceso que me pasaba y que venía del racismo al cual no sabía qué nombre ponerle. Porque el hecho que  me exotizaran o hipersexualizaran mi cuerpo o que afearan mis rasgos negros, es racismo. Y, eso, yo lo tenía muy naturalizado”.

Thamires Amaral, una  joven afrodescendiente que asistió al evento, tomó la palabra para agradecer que hayan traído este documental y dijo, con voz tímida, clara, suave y emotiva “Hoy, por primera vez, me siento cómoda de poder hablar desde un lugar, desde mi lugar, y, en un momento, este documental me hizo pensar en lo importante que es la representatividad, en lo importante que es, para mí, ver a otras mujeres físicamente como yo, fenotípicamente como yo, en los espacios de militancia. Porque, yo, antes pensaba que no podía participar en estos espacios, que no tenía el derecho de estar aquí. Así es que funciona el mecanismo de la identidad negada, terminás autoexcluyéndote. Entonces, cuando me vi en otras compañeras me dije: Si ella puede participar, yo también puedo porque, también, pertenezco a este espacio, a este lugar de resistencia. Para mí, fue muy importante entender que la experiencia de la negritud es distinta, que no hay un único camino, una sola posibilidad, debido a que somos muchísimas y muy diversas”.

Otra impresión tomada del debate allí generado fueron las palabras emitidas por la participante afro-brasileña Bruna Stamato Dos Santos, quien, muy elocuentemente, reflexionó diciendo “Me siento identificada con este film. Hace mucho me hice esa pregunta. Cuando naturalizás que sos morena, se produce una negación de la identidad, lo que también es violencia. La identificación en otras mujeres negras nos ayuda a reforzar nuestra identidad étnica”. A su vez hizo un llamado a no caer en la idealización y romantización de África como proceso de identidad. También nos alentó a llamar a las cosas por su nombre diciendo: “El racismo existe, llámenoslo por su nombre”. 

En una de las escenas de este cortometraje, las participantes del mismo, usan rollos de cámaras analógicas para enredarlas en el cuerpo en una performance donde, también, usan otros materiales para unirlos como si fueran raíces, lo que nos invita a pensar en los cuerpos negros como archivos de la memoria. 

Este espacio generado en el Centro Cultural Tierra Violeta nos hizo tener una noche donde los cuestionamientos arrojaron diferentes conclusiones entre las cuales estaban las siguientes:

Es necesario generar estos espacios donde podamos hablar sobre lo que significa ser mujeres negras.  También, se hizo hincapié en la importancia de la construcción colectiva de la identidad como mujeres negras, resaltando la militancia como el lugar donde radica nuestro compromiso de reivindicación histórica lo que, a su vez, nos hace reconectarnos con nuestras raíces ancestrales.

Es necesario destacar que no hay una sola forma de ser negra. Es decir, la afro-descendencia es muy variada y es por ello que viene en distintas presentaciones. Es importante comprender que, tanto la construcción de la identidad negra como el reconocimiento de la misma, son producto de un proceso de búsqueda. A algunas mujeres les toma más tiempo empezar este proceso. Esta sucesión de cambios lleva consigo la insignia de autoreconocerse como mujeres negras. A otras mujeres afrodescendientes les lleva menos tiempo reconocerse como mujeres negras. 

En este orden de idea, subrayó, que el viaje hacia el reconocimiento de nuestra negritud, en algunas ocasiones, lo realizamos en total soledad, llevando la pesada carga de la herencia negacionista impuesta por la construcción de la identidad nacional de nuestros países, a la que, también, se suman las subjetividades familiares.

Sin importar el motivo que nos hace despertar y cuestionar nuestras estructuras sociales y familiares, lo fundamental pasa por las preguntas que nos hacemos y es allí donde todos los presentes, en este cine debate, coincidimos. En síntesis, la revalidación que nos da la formación como mujeres negras es un viaje producido por distintas experiencias donde buscamos evaluar las cosas que nos conforman y marcan nuestra historia. Al hacer esta especie de revisionismo de nuestros contextos, terminamos dándonos cuenta de las cosas que hemos y vamos naturalizando al momento de construir nuestra identidad. Es producto del sistema racista en el que nos encontramos. Entonces, al reconocer esto, es donde empezamos a desconstruir para construirnos, para sanar.  

Como dice la cineasta Freitas “la experiencia de la negritud es muy grande y diversa”. Quiero concluir esta nota proponiéndoles a los lectores y a las lectoras hacerse la misma pregunta que dio inicio a la misma: ¿Sería yo un hombre negro?, ¿Sería yo una mujer negra?


Melina Schweizer

Periodista Dominico-Argentina, ciudadana y libre pensandora

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