Redescubrimiento y reidentificación negra: procesos, estereotipos

Fotografía Sandra Nankoma, cantante, compositora, poeta y actriz ugandesa.

En los últimos años la confluencia de género y raza como formas de discriminación ha sido parcialmente erradicada por los movimientos y la autonomía de tomar la identidad y dejar atrás todos los prejuicios y paradigmas sociales conscientemente promovidos; cierto número de la población divaga en que los tipos de discriminación en todos sus aspectos no están vigentes, pues con todo el boom de la inclusión olvidan que realmente esto tiene un trasfondo y que en ocasiones es una simple moda mundial que no abarca totalmente esta coyuntura; desde muy temprana edad los estereotipos sociales y las marcas de raza siempre están preponderando.

Recuerdo que en los primeros años de escolaridad hubo muchos factores que marcaron y me ayudaron a la apropiación y valor por mi cultura e identidad; en las clases que asistía la mayoría de personas eran blancas-mestizas, sus rasgos físicos eran un poco diferentes a los míos, pues siempre fui minoría en este entorno, infortunadamente nunca faltaron los comentarios de mal gusto y las divisiones por parte de los que eran mis compañerxs solamente porque mi color de piel y mi cabello era dispar al de ellxs. En un principio no lo entendía, pues en esa edad hay muchas cosas para las que somos “inocentes”, yo crecí alrededor de una familia blanca, siempre he vivido con mi familia materna y matriarcal, todas son blancas. Mi familia paterna es la que me otorgó todos estos poderosos rasgos; mi abuela materna siempre me recordó que mi color de piel era precioso y además tenía un poder político increíble.

Yo siempre me sentí, me siento y me sentiré orgullosa de portar este precioso y rotundo cabello ancestralmente abundante y frondoso, además de mi color de piel tan determinante. Nunca me dejé apagar por esos comentarios impregnados de un odio romantizado, pero estuvo siempre la incertidumbre a lo largo de mi vida hasta que una serie de sucesos cambiaron todo, puesto que los estereotipos nunca cesan.

Los estereotipos y comentarios hicieron que en algún momento de mi vida sometiera a mi pelo bueno a tratamientos para tratar de tener y cumplir con los estándares que me rodeaban, ahí es cuando sentía incertidumbre y en ocasiones inseguridad; sí que me siento culpable por no saber que la multiculturalidad existía y que se me olvidaba lo valiosa que era en cuestiones de etnia y género, pero ¿por qué recurrí a ese método precisamente? La globalización y los parámetros siempre están puestos y más cuando eres una mujer negra, te tildan, clasifican y predisponen. La única manera de ir rompiéndolos poco a poco es empezando por vos mismx y saber que puedes reconocerte y reidentificarte.

El proceso de autoaceptación y reconocimiento es largo y en muchas ocasiones las jóvenes negras no lo adquieren porque están tan marcadas por el tradicionalismo que en sus familias les han implantado y que la sociedad sostiene que el cambio aterroriza un poco; yo empecé por saber que debía informarme más y cuando empiezas a leer y saber cómo las mujeres negras han tenido un gran impacto en la historia, Angela Davis, una reconocida feminista y miembro de las Panteras Negras que luchó mucho por la reivindicación de los derechos civiles de mujeres y hombres negrxs. Desde lo político, musical, educativo hubo muchas féminas alzando y legitimando el poder tan grande que tiene la mujer: ahí es donde sabes que tu color de piel costó dignificarlo, hubo muertes, torturas, censura, entre otros. Empecé por darle una transformación a mi cabello, empezar a cuidarlo como tal y usar accesorios como turbantes, collares, que son pequeños símbolos de identidad que te detallan y te enorgullecen.

Después de tomar tales determinaciones de cambiar, cambió mi entorno y lo que la gente pensaba sobre ello; en los dos últimos años de secundaria impulsé campañas contra la discriminación racial en principio que tuvo un buen impacto, el voz a voz de las redes sociales, los vídeos, pequeños escritos, fotografías y demás me ayudaron a ser una forma de protesta. Claro que no siempre somos escuchados como esperamos, pero siempre he tratado de darle a conocer la realidad de las Afroféminas y los hombres negros a la gente de mi alrededor.

A lo que quiero llegar con todo esto es que debemos empezar por nosotros mismos, saber que la etnoeducación es realmente importante y que las personas porque no sufren las cosas, las omiten, y dan por sentado que no son vigentes y no existen; una persona no debería esconder su esencia y sus raíces, el impacto social debe ser certero y fructífero, no dañino y prejuicioso.


Maria Paula Grajales

Estudiante y activista en proceso.

Colombia

Un comentario

  1. Estimada María Paula, te escribo para felicitarte por estampar en palabras lo que muchas de nosotras hemos vivido y otras aún lo viven. Esta publicación nos sirve para que busquemos en nosotras la formas de superar esos escollos empoderándonos. Sintiendo orgullo de ser lo que somos porque conocemos nuestra pertenencia. ¡ADELANTE!
    Soy Lucía, afrodescendiente argentina, que sigue siempre a Afroféminas y la comparte.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.