Dear White Dancers – El resultado de mirar series que empoderan o cómo hablar fuerte y claro

Dear White Dancers 2
Foto @ingridsilva

Muchas ya habéis compartido vuestra opinión sobre las series Black Power de Netflix como “She’s gotta have it” o “Dear White People”. Y es que mirarlas ha sido para mí y para muchas de nosotras como un chute de empoderamiento cual larga conversación con mujeres negras en la lucha, con todas las dificultades que eso conlleva.

Es por ello que me permito usar la serie “Dear White People” como inspiración para escribir esta carta dedicada al mundo en el que me muevo: el baile.


“Dear White Dancers”,

Revisad vuestro racismo. Si bailáis danzas afrodescendientes, es un tanto cutre que no hagáis un pequeño esfuerzo en descolonizar vuestra visión del mundo.

Ser negra no te hace automáticamente una buena bailarina. No llevamos el ritmo en la sangre. También tenemos dolor corporal, agujetas y cansancio. Así que deja de justificar tu dolor de rodillas al bailar dancehall con un “esque yo no soy negra”.

Ser negra tampoco significa que no vayas a tener condiciones para bailar clásico. El ballet es un estilo de origen elitista y racista que no hace peores bailarinas a lxs negrxs.

Lxs negrxs no vamos por las calles con pistolas ni somos todxs indigentes. Así que perdóname si no me salen a la primera los pasos de pistolas de Dancehall o si te decepciona que yo no viva en la calle.

“Tú no porque eres negra”. Sí. Hacer bromas de este tipo te hace racista. Escucharlas y reirte, te convierte en cómplice. Que me duelan, no significa que exagere.

Dear White Dancers
Foto @ingridsilva

Me alegra mucho que tengas una mejor amiga o unx novix negrxs pero aunque creas que esto te libra, haznos un favor a todxs y revisa tu discurso y tus privilegios.

No me digas “no sabes la suerte que tienes de ser negra” porque precisamente tú no sabes lo que es. Mi color de piel no es una moda. Y mi pelo tampoco.

No me digas “ya era hora de que te lo dejaras suelto”. No tienes ni idea de lo que supone tener el pelo afro en una sociedad blanca. Respeta mi proceso.

Que me digas que me quieres ver el pelo “afro afro” (si lo dices dos veces se ve que es más exótico) y que aunque no me gusta que me lo toquen, tú me respondas que te da igual, que me lo tocarías igualmente, da miedo.

Llevo el pelo como quiero. Y no me preguntes si es mi pelo a cada vez que me cambio de peinado.

Si vas a colgar textos que hablan de la escucha y el valor de la experiencia individual en los feminismos, luego no banalices mis vivencias o me trates de loca cuando digo que considero que algo es racista.

Que me digas que te hubiese gustado que tu madre se casara con un negro, no es un halago. Que me confundas con otrxs mestizxs o negrxs por mi color de piel y profesión tampoco lo es.

Las razas no existen. Las palabras que usamos son importantes y esconden nuestra forma de pensar. Así que piensa antes de usar la palabra “mulata”. Cuando me dices que te gustan las “mulatas”, ¿esperas que te dé las gracias?

No me exotices. No exotices mis orígenes. Haití no es un lugar para disfrutar de las playas y relajarte ni tampoco un país con “un montón de conflictos”. Antes de hablar desde la ignorancia, pregunta. O cállate.

Si te gusta el flamenco, lee, infórmate. Valora las migraciones por su aportación a las culturas. No me consideres “graciosa” por ser negra y bailar flamenco. No trates de justificar mi interés por el flamenco por mis antepasados andaluces. Puedo entender que la curiosidad te mate pero si te digo que soy mestiza de madre catalana y padre haitiano, confórmate. Puedes obviar los rasgos de mi madre.

No sexualices a los hombres negros constantemente. Que para ti hombre negro ya sea igual a belleza y sexo, es enfermizo.

Haber ido a algún país de África o Caribe, hacerte fotos con niñxs negrxs, no te hace menos racista o buena persona. Ojo que puedes estar contribuyendo al neocolonialismo.

No es cuestión de que me lo tome muy a pecho. Y tampoco me pienso callar.

¿Qué te aconsejo? Primero, que reconozcas que el hecho de vivir en una sociedad patriarcal y etnocentrista, te hace machista y racista. Seas quien seas. Después, que poco a poco trates de escuchar más a mujeres con experiencias muy diversas. Que vayas cambiando tu forma de hablar (palabras machistas, términos como “raza”, “mulata”, “morx”,…). Así, bienvenidx seas a un proceso colectivo de (de)construcción constante.

Posdata a mis hermanas Afroféminas: ¿Cuán legítima es la apropiación y/o banalización de símbolos, muchas veces claves para la lucha negra, como el dashiki o los peinados negros con un fin puramente estético?

 

Ines ArcherInes Archer
Bailarina, haitiano/catalana
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