Desmitifiquemos el abuso sexual

093013-health-domestic-violence-woman-depression-sad-hurt-hit-unhappy-lonely-copy
Foto de bgd.com

“A lo largo de sus vidas, una de cada cuatro mujeres sufre un ataque sexual que puede terminar en violación” afirma Inés Hercovich, socióloga y psicóloga social especializada en discriminación de la mujer y autora del libro “El enigma sexual de la violación”.

Un ataque sexual puede ser una violación o puede ser un abuso sexual, del mismo modo que puede ser consumado o no. Las palabras referentes a la violencia sexual pueden parecernos ambiguas, puede ser difícil entender las diferencias entre unas y otras, y a menudo son mal utilizadas, incluso por los propios medios de comunicación. Este desconocimiento dificulta que las identifiquemos cuando nos ocurren y que a menudo las propias víctimas se sientan confusas e incluso culpables. Es fundamental que nos informemos y liberemos de falsos mitos, prejuicios y culpas porque es la mejor forma que tenemos de de protegernos y defendernos ante los posibles ataques.

En la página web del Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades encontramos la definición de los delitos contra la libertad sexual como: aquellos hechos que atentan contra la libertad de elección sexual de la persona, o que promueven la sexualidad en algún sentido cuando el sujeto pasivo (víctima) es menor de la edad de consentimiento estipulada por la ley o incapaz. Están regulados en el Titulo VIII del Código Penal, que se llama “Delitos contra la libertad e indemnidad sexuales”. http://www.inmujer.gob.es/conoceDerechos/preguntas/delitos.htm

La diferencia entre la agresión sexual y el abuso sexual estriba en que en el supuesto de la agresión sexual se exige que aquel que atenta contra la libertad sexual de la víctima lo haga con violencia o intimidación, mientras que el caso del abuso sexual, la conducta punible, cualquier tipo de contacto sexual no deseado, se realiza sin violencia e intimidación y sin que medie consentimiento. En ambos supuestos existen tipos agravados que, según determinadas circunstancias concurrentes, elevan la pena a imponer al agresor. El acoso sexual es la solicitud continuada de favores sexuales en una relación laboral, docente o de prestación de servicios, que provoca en la víctima una situación intimidatoria, hostil o humillante.

Inés Hercovich entrevista a 100 mujeres y descubre que las entrevistadas que han sido víctimas de abuso sexual ninguno de sus relatos se parece al relato propio del imaginario colectivo de una violación. Citando un fragmento de una conferencia TEDex “Negociar sexo por vida”, les dejo el enlace porque el vídeo porque realmente vale la pena verlo:

“En general, en una violación sexual pasa poco y nada de lo que se imagina vulgarmente. Son muy pocas las ocasiones en las que un desconocido sale de las sombras en un callejón sombrío y ataca a una mujer, cuchillo en mano, su brutalidad haciendo prescindible toda palabra o acción de la víctima. Igualmente inusuales son las violaciones en las que la mujer atacada ofrece la resistencia heroica que, hasta hace poco tiempo, solían demandarle los códigos penales. Tan inusuales como aquellas en que la víctima queda reducida a una cosa inerte, ya sea por el miedo o por una supuesta condición pasiva forjada en siglos de sometimiento a la dictadura patriarcal.”

Inés Hercovich afirma que en la mayoría de las historias comienzan con un acercamiento del hombre a la mujer que busca de alguna manera ganarse su confianza, no es un desconocido absoluto, es una persona que se acerca y te habla, y nada de lo que te dice te hace pensar que pueda ser un agresor sexual. “Cuando no estamos frente a una noticia en los medios, cuando estamos frente a alguien que conocemos y que nos eligió para confiarnos su historia, lo que le pasó, vamos a tener que escucharla. Y vamos a escuchar cosas que no vamos a poder entender, ni aceptar. Entonces nos van a aparecer dudas, preguntas, sospechas, y eso nos va a hacer sentir muy mal, culpables. Entonces para defendernos de esa incomodidad, tenemos un recurso. Le subimos el volumen a todas esas cosas de la historia que esperábamos escuchar: el revólver en la guantera, las puertas trabadas, el aislamiento del lugar. Y le bajamos el volumen a todas esas cosas que no esperábamos escuchar y que no queremos escuchar: como por ejemplo cuando ella le dice que él también le gustaba, o cuando nos cuenta que le hablaba como si fuera la hermana mayor, o que le pidió que la llevara a la casa”. La autora denomina a este proceso la victimización de las víctimas. Así mismo la autora habla de un segundo proceso, la culpabilización de las víctimas ¿Quién la manda a ir a esos boliches? ¿Viste cómo se viste ella y las amigas, las minis, los escotes? ¿Qué esperas? Preguntas que, no son ciertamente preguntas, son más bien juicios y juicios que terminan en una sentencia: ella se la buscó. La sentencia se vería corroborada por el hecho de que ella después no cuenta que haya peleado para evitar la violación. Entonces quiere decir que no resistió, quiere decir que consintió. Si se la buscó y consintió, ¿de qué violación me hablan?

Generalmente la resistencia se entiende como un enfrentamiento cuerpo a cuerpo, cuando en realidad según los testimonios que ella ha recogido a lo largo de los años las víctimas lo que intentan es negociar para salir de esa situación con el menor daño posible, negociar sexo por vida. Por lo que no hay marcas de violencia, suponiendo esto una dificultad añadida en los casos judiciales. No obstante, para la investigadora es primordial en la reparación de las víctimas reconocer la importancia del papel activo que juega esta negociación, porque no son pasivas, están defendiendo su vida activamente: negocian cómo salir de ahí lo más rápidamente posible y con el menor daño posible.

Del mismo modo, el Instituto de la Mujer de Castilla la Mancha establecía que hasta en el 70% de las mujeres agredidas con Sumisión Química mantenían este tipo de cercanía con el agresor un amigo, una ex-pareja, un vecino o un conocido reciente. En el contexto de las agresiones sexuales por Sumisión Química la ingesta de la sustancia incapacitante no siempre es involuntaria sino que con frecuencia existe un consumo voluntario de alguna sustancia como el alcohol y/o drogas. La Sumisión Química anula la voluntad y el recuerdo de lo ocurrido y así se dificulta probar el delito, máxime cuando el retraso a la hora de solicitar ayuda (hasta 20 horas, según estudios) facilita la eliminación del tóxico. También apuntan los servicios de salud “la fácil confusión de este cuadro clínico con el de una intoxicación etílica voluntaria”. La amnesia parcial o total de los hechos y el estado de confusión en el que se encuentra la víctima se convierten en un obstáculo a la hora de la valoración forense, máxime si los profesionales no están entrenados en la identificación de esta sintomatología que presenta por otro lado, síntomas inespecíficos, donde ni la exploración física permite observar lesiones genitales, debido a la falta de resistencia como consecuencia de la anulación previa de la voluntad. El artículo completo está en http:// www.tribunafeminista.org/2016/08/campanas-contra-otras-formas-de-agresion-sexual/

Aunque pueda parecer irónico, los estudios muestren que es en manos de sus propias parejas donde las mujeres tienen más probabilidades de sufrir lesiones, ataques repetidos o la muerte, que por cualquier otro agresor. El maltrato a la mujer por su pareja es una de las formas más comunes de violencia de género en nuestra sociedad y suele definirse como el uso de la fuerza física de un miembro de una relación íntima contra el otro ya sea a través del empleo de la fuerza física y/o del maltrato psicológico. Estos últimos días se ha convertido en viral el cortometraje dirigido y protagonizado por la actriz francesa Chloe Fontaine llamado “ordinario” y que presenta el tema de la violación en pareja. De nuevo se plantea el tema del consentimiento, de que aunque la protagonista no presente resistencia física ha dejado muy claro que no quiere tener sexo en ese momento, porque aunque sean pareja y se quieran y se deseen, no tienen porqué querer tener sexo siempre que a uno de los dos le apetezca. Les dejo el enlace por si quieren verlo :


<p><a href=”https://vimeo.com/205412604″>Soy ordinaria</a> from <a href=”https://vimeo.com/user61518116″>Chlo&eacute; Fontaine</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

 

Sheila Pierre LouisSheila Pierre Louis

Trabajadora social

Master en investigación aplicada a estudios feministas de género y ciudadanía

Estudiante de derecho.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s