viernes, agosto 28

Rubén Rada, el hombre que le enseñó candombe al mundo

Uruguay amaneció el 27 de agosto de 2026 con las banderas a media asta. El presidente Yamandú Orsi decretó duelo oficial y un funeral de Estado para Rubén Rada, y el velatorio se instaló en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, donde la gente, en vez de guardar silencio, se puso a cantar «Muriendo de plena» junto al féretro. Así se despidió el Río de la Plata de «El Negro» Rada, muerto el 26 de agosto a los 83 años, tras un mes de internación por una neumonía bilateral. Clubes, gremios de actores y músicos de toda la región se sumaron al duelo en las horas siguientes, entre ellos el Club Atlético Peñarol y la Asociación Argentina de Actores, que lo despidió como «figura fundamental de la cultura rioplatense».

Nació como Omar Rubén Rada Silva el 16 de julio de 1943 en el barrio Sur de Montevideo, el mismo barrio donde aprendió los secretos del candombe en la calle Cuareim. Desde los 10 años integró la comparsa Morenada, y en la adolescencia pasó por una murga y por la orquesta de candombe Cubanacán, dirigida por Pedro Ferreira, a quien más adelante señaló como una referencia central en su formación. A los 17 años debutó profesionalmente como vocalista de Los Hot Blowers, una agrupación de jazz donde coincidió con los hermanos Hugo y Osvaldo Fattoruso, quienes lo habían descubierto tocando en el Hot Club de Montevideo.

A mediados de los años 60, junto a Eduardo Mateo, fundó El Kinto, la banda que terminaría de definirlo. Fue de las primeras agrupaciones sudamericanas de rock en cantar en español incorporando percusión latina a un formato rocanrolero, y de ahí nació la etiqueta que lo acompañaría toda la vida, el candombe beat, una mezcla de candombe, rock psicodélico y música brasileña. El proyecto duró apenas tres años y dejó un único disco recopilatorio, Circa 1968, publicado mucho después, y sin embargo su influencia en la música uruguaya resultó desproporcionada respecto a su corta vida.

En 1969 grabó su primer disco solista, Rada, con el tema «Las manzanas», que lo llevó hasta el Festival de la Música Popular de Río de Janeiro. Un año después formó Tótem, banda con la que grabó dos discos entre 1970 y 1973 y compuso temas como «Dedos», «Biafra», «Heloísa» y «Negro». A mediados de esa década se sumó a Opa, el grupo de jazz fusión que formó junto a Hugo y Osvaldo Fattoruso y Ringo Thielmann, con el que grabó en Estados Unidos el álbum Magic Time (1977), compartiendo escenario con músicos como Tom Scott, Ray Barretto, Hermeto Pascoal y Flora Purim.

Los años 80 lo encontraron en Buenos Aires, al frente de una banda de músicos uruguayos y argentinos, en lo que buena parte de la crítica considera uno de los períodos más ricos de su carrera, con discos como La Banda, La Rada, En familia y La yapla mata, y temas como «Rock de la calle», «Blumana» y «Candombe para Gardel». A comienzos de los 90 se instaló en México, un período económicamente difícil en el que llegó a hacer de telonero de UB40 y Sting. De regreso en Uruguay abrió la etapa de mayor circulación masiva de su carrera, con discos como Montevideo, Miscelánea negra y Black, hasta Quién va a cantar, el álbum que lo instaló definitivamente en el gran público con «Cha-cha, muchacha» y «Muriendo de plena». En 2021 publicó As noites do Rio / Aerolíneas Candombe, en homenaje a sus raíces familiares brasileñas.

El candombe que Rada llevó por el mundo entero no es una curiosidad folclórica, es memoria negra convertida en ritmo. La misma que hoy siguen reivindicando artistas como LUANDA, quien describe el hecho de tocar tambores de candombe como una conexión directa con sus ancestres, y la misma que activistas afrouruguayas han definido como un legado inmaterial de la humanidad y símbolo central de la resistencia afrouruguaya, frente a un país que durante décadas prefirió no ver a su población negra.

El reconocimiento institucional llegó, como suele pasar, sobre el final. En 2011 recibió el Latin Grammy a la Excelencia Musical, en 2013 Berklee College of Music le otorgó el Master of Latin Music, y en 2014 el Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay le concedió la Medalla Delmira Agustini. En 2024 la Junta Departamental de Montevideo instaló una baldosa con su nombre en el Espacio de los Soles, sobre la peatonal Sarandí, la misma calle por la que caminó de niño camino a los tambores.

Rubén Rada murió con proyectos vigentes, entre ellos «Rada canta Tótem», previsto para octubre en la sala Eduardo Fabini del Auditorio Nacional del SODRE y que ya no llegará a suceder. Le sobreviven sus hijos Lucila, Matías y Julieta, y una obra de más de seis décadas que convirtió al candombe, el ritmo de los tambores de la esclavitud rioplatense, en lenguaje universal sin perder ni un solo golpe de su origen negro.

Redacción Afroféminas



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