
Las relaciones no se construyen en el vacío. Hablar de amor al margen de las condiciones materiales en las que vivimos simplifica una realidad mucho más compleja. Las relaciones afectivas están atravesadas por el trabajo, la vivienda, la economía, la salud mental, los cuidados, el género y el tiempo disponible. Sin embargo, el discurso contemporáneo sobre las relaciones tiende a presentar los conflictos afectivos como problemas individuales: dificultades para comunicarse, elegir pareja, establecer límites o gestionar las emociones. Esta perspectiva deja en segundo plano una cuestión fundamental: las condiciones sociales y económicas también determinan cómo podemos relacionarnos.

Construir una relación requiere tiempo. Conocer a otra persona, compartir experiencias, cuidar, resolver conflictos y desarrollar intimidad necesita algo más que momentos libres en el calendario: requiere energía. Las jornadas laborales extensas, la precariedad y los retrasos del transporte público reducen tanto el tiempo disponible como la capacidad para dedicarlo a las relaciones. El cansancio también condiciona la vida afectiva y, en este sentido, la posibilidad de disponer de tiempo de calidad está relacionada con las condiciones económicas de cada persona. Porque, en nuestra sociedad, el tiempo es un lujo.
No todas las personas disponen de las mismas horas libres ni de la misma energía para dedicarlas a otras personas. Tener tiempo para una cita, para escuchar, para cuidar o simplemente para estar juntos también depende de las condiciones en las que vivimos. El acceso a una vivienda estable y asequible también influye en las relaciones. Los alquileres elevados, la dificultad para emanciparse y la inseguridad laboral pueden retrasar la convivencia o generar tensiones dentro de las parejas. Cuando una parte importante de los ingresos se destina a la vivienda, disminuyen los recursos disponibles para descansar, ahorrar, disfrutar o desarrollar proyectos de futuro. Por tanto, cuestiones aparentemente económicas pueden terminar afectando directamente a la vida afectiva.
La responsabilidad sobre el bienestar emocional se ha trasladado cada vez más al individuo. La terapia, el trabajo sobre el apego, los límites o la gestión de las emociones pueden ser herramientas importantes, pero no sustituyen unas condiciones de vida estables. La precariedad económica, el estrés laboral, la inseguridad habitacional y la falta de descanso tienen consecuencias sobre la salud mental y, inevitablemente, sobre las relaciones. No todos los problemas afectivos pueden explicarse desde la psicología individual.
Las condiciones materiales tampoco afectan de la misma manera a todas las mujeres. Para muchas mujeres racializadas, migrantes e hijas de la migración, las experiencias familiares de precariedad, trabajo y sacrificio pueden influir en la manera de entender el cuidado, el descanso y las propias necesidades. El sacrificio puede convertirse en una herencia emocional: sentir culpa al priorizarse, dificultad para descansar o la percepción de que siempre existen necesidades más urgentes que las propias. Por eso, analizar las dificultades para construir relaciones estables desde una perspectiva exclusivamente individual resulta insuficiente. También es necesario considerar las estructuras económicas, sociales y raciales que condicionan esas experiencias.
La tendencia a interpretar los problemas afectivos desde la responsabilidad individual puede hacer que cuestiones colectivas parezcan defectos personales. No encontrar pareja puede interpretarse como un problema de autoestima. Una relación conflictiva puede reducirse al estilo de apego. El agotamiento puede atribuirse a una mala gestión emocional. Pero algunas personas están simplemente agotadas y otras intentan construir relaciones dentro de unas condiciones económicas que dificultan cualquier proyecto de vida estable. El amor, por tanto, también puede analizarse como una cuestión política y social.
Entonces, ¿qué hacemos con el amor? Esto no significa que tengamos que renunciar a lo que queremos de una relación ni convertir la búsqueda de pareja en otro trabajo. Amigas, no renunciéis a lo que queréis.
Muchas seguimos teniendo una idea bastante concreta y clara: un hombre antirracista, panafricanista, con conciencia política y tenga una sonrisa preciosa. Quizá llegue, quizá no. Y también aprenderemos que, a veces, hombres que parecen tan construidos no lo están tanto como creemos… pero eso lo hablaremos más adelante.
Mientras tanto, llegue o no, seguimos viviendo para nosotras: quedemos con las amigas, viajemos cuando se pueda, leamos y disfrutemos de nuestra vida cuando se nos permita.
Porque construir una vida propia también forma parte de construir las condiciones desde las que queremos amar.
La cuestión no es únicamente cómo construir relaciones más sanas, sino también qué condiciones necesitamos para poder construirlas. Tiempo. Descanso. Vivienda. Estabilidad. Porque una sociedad que obliga a las personas a dedicar la mayor parte de sus recursos a sobrevivir deja poco espacio para algo tan básico como tener tiempo y energía para amarse.

Omnia Nr
Escribe para desahogarse, aunque por el camino termine desahogando también a quienes la leen. Convierte dudas, contradicciones, rabias y preguntas incómodas en columnas con algo de ironía y cero paciencia para los discursos vacíos.
A veces sus textos parecen una conversación; otras, un pequeño incendio elegante. En ambos casos, suele dejar algo ardiendo después de la última línea.

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