domingo, julio 12

«Opus cero», o la belleza que nace del choque entre culturas

Un ángel, cuatro voces y una pregunta que atraviesa siglos, ¿dónde empieza la muerte de una cultura cuando se la obliga a ser una sola cosa? Con esa propuesta llega Ben Attia al Antic Teatre de Barcelona, dentro del Festival Grec, del 16 al 19 de julio, con la reposición de Opus cero, pieza estrenada hace año y medio en el Teatro Pradillo de Madrid, dentro del Festival Surge. Attia nació en Granada en 1991, de origen magrebí, y vive en Algeciras, donde dirige junto a su pareja María Moncada el espacio Box Levante, Centro Escénico del Estrecho.

Opus cero se construye como una entrevista imaginada. Carmen Aldama interroga a Ibrahim Bah, Bastian Ponce y Maxi Labrador. Un ángel observa la escena, interpretado por Carlos Pulpón. Attia participa también como actor y María Moncada canta entre el público. La obra abre con un fragmento de las Elegías de Duino de Rilke, esos versos donde el poeta se pregunta quién lo escucharía si gritara entre los órdenes celestiales, consciente de que la belleza es apenas el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar.

Ese umbral entre lo que se muestra y lo que se oculta atraviesa toda la obra de Attia. Antes de Opus cero estrenó Opus 1 en el FIT de Cádiz, y meses después llevó a Madrid Opus Nigrum. Cada título revisa desde un lugar propio el imaginario contemporáneo de la diáspora magrebí en España, un cuerpo de trabajo que incluye también Auge y caída de una ciudad, montada en las ruinas romanas de Baelo Claudia en 2023 y censurada por la Junta de Andalucía.

En junio estrenó además Ysabel, encargo del festival Tachán para la celebración de los 50 años de España en libertad, montada con jóvenes migrantes del taller que Attia imparte en Box Levante junto a entidades como CEAR y CEPAIM. Los propios participantes eligieron el detonante dramatúrgico, la figura de Isabel la Católica, entre una lista de nombres históricos. Attia decidió entonces abandonar el lugar de autoridad que le daba coordinar el taller para integrarse al elenco como uno más, y llamó a Juan Navarro para dirigir el dispositivo. También María Moncada y sus hijos Musa y Mansur formaron parte del proyecto.

La elección de Isabel la Católica no fue casual. Isabel impulsa a finales del siglo XV un proyecto de homogeneización religiosa que se conoce como limpieza de sangre, con la conversión forzosa de los musulmanes españoles y la instauración de la Santa Inquisición. Siglos después el franquismo convertirá a esa misma reina en símbolo de unidad nacional, justo en el momento en que Franco reabre mezquitas y cementerios musulmanes para la Guardia Mora y los Regulares que combaten en su bando, y llega a presentarse ante la prensa francesa como protector del islam.

Esa contradicción histórica encuentra un eco actual en Algeciras. Mientras se gestaba Ysabel, la Comisión Islámica de España pedía la apertura de un cementerio musulmán en la ciudad, un derecho recogido en los acuerdos firmados entre el Estado español y esa comisión en los años ochenta. Una jueza ordenó al Ayuntamiento permitirlo. Parte de la comunidad política local respondió con el argumento habitual, que si tanto se pide la integración no se entiende la voluntad de un espacio de enterramiento separado. En toda la península apenas existen cementerios musulmanes, en Granada, en Córdoba, en Griñón, y todos datan de la época franquista.

Esa cadena, de la Inquisición al franquismo y de ahí a un ayuntamiento del siglo XXI, dibuja una misma pulsión que da título a esta pieza y a esta reflexión, donde está la homogeneización es la muerte. Isabel la Católica encarna un protorracionalismo, el deseo de ordenar el cuerpo social limpiando lo que no encaja, todos moros o todos cristianos. Es la misma lógica que hoy decide quién puede ser enterrado en la tierra donde vivió y quién debe volver a un país que ya no reconoce como propio, sobre todo entre las segundas y terceras generaciones migrantes que no tienen adónde regresar.

Frente a esa pulsión homogeneizadora, Opus cero reivindica la fricción entre culturas como territorio fértil. El Siglo de Oro español es heredero directo de la convivencia entre el romance castellano y la tradición andalusí, y en la expulsión de los moriscos está el origen de un empobrecimiento cultural que todavía arrastramos. Solo el bandolerismo andaluz de los monfíes guardó memoria de esa mezcla.

Detrás de la puesta en escena late además una reflexión sobre el hermetismo. Lo escénico ocurre en un lugar que ningún texto ni ninguna cámara puede fijar, un territorio cercano a lo que Lacan llamaba lo Real, aquello vedado a la palabra. Hay un eco también de Jacques Derrida, que en un documental rodado en Almería, tierra de origen de su familia sefardí, señaló que el afán occidental por desvelar el secreto de otras culturas es una forma de autoritarismo, una idea que se lee con nitidez en clave poscolonial. La prohibición de la imagen en el islam desplazó toda la transmisión de saberes hacia la palabra escrita, hacia el trazo como objeto casi mágico.

Opus cero no ilustra estas ideas de manera didáctica. Las encarna en una entrevista que se disuelve en niebla, en cuatro personas y un ángel que tal vez representan la imposibilidad de conocer del todo al otro, esa misma imposibilidad que separa a quien pregunta de quien responde. Attia construye, desde Algeciras, guía turístico de musulmanes que visitan España y hombre que se reconoce a sí mismo en las parejas mestizas del siglo XV, un teatro que habita la diáspora magrebí más que representarla.

Para el público de Afroféminas, la obra de Attia ofrece un espejo útil. La historia de la limpieza de sangre, de la conversión forzosa y de los cuerpos que hoy siguen sin lugar para ser enterrados en la tierra donde construyeron su vida, dialoga de forma directa con la historia de la esclavización y el racismo que atraviesa a las comunidades afrodescendientes en España. Ambas genealogías comparten el mismo motor, la fantasía de un cuerpo social puro y homogéneo que necesita expulsar o asimilar todo lo que percibe como extraño. Opus cero, con su ángel terrible y su niebla escénica, recuerda que esa fantasía sigue viva y que la fricción entre culturas, lejos de amenazar nada, es lo único que produce algo parecido a la belleza.

Nuestra comunidad puede acceder a la función con un precio especial de 12 euros usando el código TERRITORI12 al comprar la entrada.

Redacción Afroféminas



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