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domingo, julio 14

«La Fiebre»: Entre la profecía y la realidad actual»


No puede estar más de actualidad la aclamada serie francesa «La Fiebre», creada por Éric Benzekri y que acaba de estrenar en España Movistar+. La protagonista, Sam Berger (Nina Meurisse), es una especialista en comunicación de crisis políticas y está convencida de que la sociedad francesa está al borde de una una guerra civil. Ella cree que su exsocia, Marie Kinsky (Ana Girardot), quien se ha convertido en una destacada figura de la extrema derecha, es la principal responsable.

Reflejando los tiempos actuales, la serie examina todas las etapas de una crisis, desde el incidente incial hasta el estallido de la violencia. Fodé Thiam, una estrella negra del fútbol (no podría dar más de lleno en la actualidad), enciende la primera chispa. Durante los Trofeos de Fútbol, el jugador le da un cabezazo a su entrenador y le grita «sale toubab» («blanco sucio» en wolof). Esto es un regalo para Marie Kinsky, un personaje que se sitúa entre Marion Maréchal y Cristina Segui, quien ve en ello una oportunidad para avivar pasiones y resaltar el supuesto “racismo antiblanco”. ¿Cómo puede un incidente aislado en el mundo del deporte amenazar la estabilidad de un país? Esa es la cuestión central que explora esta serie.

La comunicación como arma de manipulación

Éric Benzekri, creador de «La Fiebre» y ex asesor político socialista, cuenta: «Fue interesante mostrar la propagación y la amplificación de una crisis». Explica por qué eligió un incidente menor como punto de partida: «Si comenzamos con un nivel de crisis muy alto de inmediato, es menos atractivo que ver la progresión». La serie ofrece una observación incisiva de nuestro tiempo al establecer la comunicación de crisis como una herramienta de manipulación de masas, tratándola como un personaje central en su narrativa.



A pesar de su aparente indiferencia, Marie Kinsky, la némesis de Sam Berger, anhela desencadenar una guerra civil para alcanzar el poder. Los métodos que utiliza en la serie para sembrar confusión no son ficticios. Las campañas subversivas tienen como objetivo crear tal caos en la sociedad que nadie pueda orientarse. En este contexto de desorden, prosperan individuos que promueven soluciones mesiánicas y autoritarias, típicamente asociadas a la extrema derecha. En España lo acabamos de ver con el éxito electoral de un lanzador de bulos incansable como Alvisse Pérez. Esto es lo que muestra «La Fiebre» a través del personaje de Marie Kinsky, quien utiliza la inmediatez de las redes sociales y la polarización ideológica para propagar ideas populistas entre el público.



Y funciona. El debate se intensifica, estalla la violencia y Sam Berger teme lo peor. Cita constantemente «El mundo de ayer: memorias de un europeo» de Stefan Zweig como una advertencia ominosa. “Poco a poco se hizo imposible intercambiar una palabra razonable con nadie; los más pacíficos y bondadosos estaban intoxicados por los vapores de la sangre, y amigos que siempre había conocido como decididos individualistas se habían transformado de la noche a la mañana en fanáticos patriotas. Todas las conversaciones terminaban en groseras acusaciones, así que solo quedaba una cosa por hacer: encerrarse en uno mismo y guardar silencio mientras durara la fiebre”. ¿Qué ocurriría si esta división social fuera irreversible? En busca de señales débiles, Sam Berger oscila entre la paranoia y la claridad.

¿Se veía venir?

En los últimos años hemos visto cómo algunos partidos han inflamado el debate público. Funciona porque las redes sociales y los medios de comunicación se mueven rápidamente y buscan alimentar divisiones. Cuando observamos la campaña y el referéndum del Brexit en 2016, es exactamente eso. El asalto al Capitolio de Washington por parte de seguidores de Trump en 2021 fue un punto de inflexión significativo.

El desorden no surge de la nada. Las operaciones de desestabilización se basan en los fallos del sistema. Luego estos fallos se amplifican y magnifican. La comunicación política tiene un gran poder, especialmente con la ayuda de algoritmos. Estamos siendo testigos de un cambio de paradigma tecnológico. Y esta observación se refleja claramente en la trama de la serie. La malvada Marie Kinsky lanza una campaña de manipulación en las redes sociales, creando un perfil feminista para perturbar el discurso activista y difundir una idea hasta ahora inaudible: el permiso de llevar armas para todos.

El personaje de Marie Kinsky enfatiza la demolición, la subversión y la deconstrucción como prioridades iniciales, relegando la consideración del futuro para más adelante. Se observa una falta de compromiso con proyectos colectivos, con un enfoque centrado únicamente en obtener el poder por el poder mismo. Además, avanza sus peones en el campo de la irracionalidad como estrategia principal.

¿Deberíamos considerar «La Fiebre» como una profecía? Según su creador, al analizar el presente y proyectarlo hacia el futuro, estamos al borde de lo que está por venir. La serie es una observación y una posibilidad para la sociedad, pero no necesariamente se convertirá en realidad. Para él, la serie actúa como un espejo para la audiencia. Benzekri añade que el temor puede ser una salvación al hacernos conscientes de nuestra situación. En resumen, «La Fiebre» invita a la reflexión y presenta un escenario posible: «Esto es lo que podría suceder».

Redacción Afroféminas



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