Manifestación en Madrid este 13 N contra las violencias racistas y discursos de odio 

El movimiento antirracista de Madrid saldrá a las calles este 13 de noviembre bajo el contundente y aglutinador lema “contra las violencias racistas y los discursos de odio”.

La manifestación espera ser de amplia base y convocar a las comunidades racializadas, sus aliades y sociedad civil en general para hacer frente a la actual escalada de odio y, como cada año, cuestionar la discriminación estructural.

Se trata de un momento que demanda una respuesta urgente y conjunta porque “es insostenible, la sociedad española no puede seguir mirando a otro lado”, explican les organizadores. Nos recuerdan que “el odio ha salido a las calles, se pasea por nuestros barrios, está en el Congreso, se legitima en los medios de comunicación y se propaga en las redes sociales. La violencia racista, homófoba y machista está en las leyes, se refleja en políticas deshumanizadoras y crece ante la complicidad de los gobiernos, partidos e instituciones”.

Hace cinco años el antirracismo salía por primera vez en el mes de noviembre para recordar a Lucrecia Peréz, asesinada en 1992 por un Guardia Civil por ser negra, migrante y pobre, pero cada año en que se conmemora este crímen se lloran nuevas víctimas del odio y el racismo institucional, las leyes injustas, las cárceles y las fronteras.

Este año, explican, se sale por Lucrecia, por Mame, por Manuel, por Illias, pero también por Younes, asesinado al grito de moro; por Eleazar, asesinado por gitano y por diverso funcional; por las dos mujeres latinoamericanas que fueron acuchilladas en los últimos meses en la cola del banco de alimentos por ser migrantes precarias; también por Samuel, asesinado al grito de maricón. Por la joven arrojada de la muralla de Lugo por mujer trans. Por Daniel Jiménez, porque no fue un suicidio su muerte en la cárcel de Algeciras. Se sale por el reciente asesinato de Ossa M., de origen ghanés, al que en lugar de brindarse ayuda por padecer una enfermedad mental la Policía Nacional abatió a tiros en Villaverde. “No son casos aislados, es política de odio y de muerte”, afirman.

La coyuntura no deja de dar señales del momento extremo, profundamente discriminatorio que se vive en territorio español. Pero no se trata solo de los crímenes racistas diarios. El movimiento antirracista de Madrid cuestiona que la ultraderecha haya llegado a tildar a un diputado de “ilegal” en un pleno del Congreso ante la pasividad de todos. Este escenario de odio y escarnio tuvo, así mismo, uno de sus hitos en los carteles colgados por Vox en el metro para criminalizar a los menores migrantes y donde el propio Poder judicial se negó a ver motivaciones de odio. Mientras, en las fronteras –dicen– y en concordancia con este régimen contra los derechos humanos, el gobierno no ha cesado de expulsar menores. “Hemos visto militares gestionando su llegada como parte de la lógica racial y colonial de las fronteras”, cuentan. “Salimos porque nos cansamos de ser la moneda de cambio del juego político, incluyendo el de aquellas instituciones o partidos que dicen protegernos”.

Mientras los agreden –denuncian– los odiadores se victimizan, manipulando el discurso perversamente para mostrarse ellos como los violentados: “Salimos porque nos están odiando, perfilando, pegando, disciplinando, insultando, expulsando, matando. Lo que hay es criminalización para las vidas precarias e impunidad para los verdaderos criminales”. Algunos de esos mecanismos para ejercer violencia, detallan, son los CIES, la brutalidad policial, las identificaciones por perfil racial en la calle, el lenguaje racista, la explotación laboral y precarización de la vida, la desatención médica por covid y la falta de ayuda a la salud mental de colectivos que soportan constantemente muchísima violencia.

La “construcción del otro como enemigo” se completa con un lenguaje estigmatizador cada vez más expandido y que ya es habitual en los medios y en las calles. “Bandas latinas”, “menas” o “maricones sidosos”, fueron insultos lanzados en la reciente manifestación nazi en Malasaña, perfectamente autorizada por el gobierno de Madrid. De hecho, la presidenta de la comunidad, Isabel Diaz Ayuso y otros representantes de su partido, por su parte, “aprovechan cada oportunidad para enarbolar discursos anti indígenas, anti migrantes y de nostalgias imperiales, como lo hicieron el último 12 de octubre en la supuesta fiesta de la hispanidad que es en realidad, la fiesta de la verguenza que celebra un genocidio.”

La glorificación del pasado colonial o la exaltación nacionalista española son el caldo de cultivo, sostienen, para los discursos de odio al migrante que fomentan las agresiones, exponen a las infancias o banalizan las muertes en frontera. A esto se suman los trágicos y devastadores efectos de la Pandemia del Coronavirus en todo el mundo y las crisis económicas en Occidente, que pesan sobre los mismos y son abono para sembrar la violencia racista.

Con estos frentes abiertos, con una mirada amplia, desde recorridos muy variados, y con un tejido cada vez más rico en colectivas y organizaciones, el movimiento antirracista de Madrid llama este 13 de noviembre a la sociedad “a rebelarse contra el odio, a desobedecer, a levantarse y a hacer oír su voz de indignación y acción, cuando nadie escucha, a encontrarse en cada barrio y en cada pueblo “para mirar al monstruo colonial y racista a los ojos y desafiarle. Frente a sus insultos ofrecemos unión, frente a sus leyes injustas, lucha. Frente a su descaro, dignidad y alegre resistencia”.

Movimiento Antirracista Madrid


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