Moha Gerehou: “He querido escribir un libro que mi yo de catorce años hubiera agradecido leer”

Es probable que la pregunta que más veces haya tenido que responder Moha Gerehou sea “¿De dónde eres?”. Y que, al contestar que es de Huesca, se la repitan incansablemente hasta que diga, hastiado, que tiene ascendencia gambiana. Y probablemente también, este sea uno de los motivos que lo ha llevado a poner este hastío por escrito. Gerehou es periodista, ha escrito en eldiario.es y colabora en Vogue. Previamente, militó en SOS Racismo Madrid, donde llegó a ser presidente entre 2016 y 2018. Además de esto, es orador en los campus de las universidades de Siracusa y Stanford en Madrid y participó en el libro colectivo Lost in Media: Perspectives and the Public Sphere. Hoy sale a la venta su primera obra en solitario: Qué hace un negro como tú en un sitio como este, una amalgama de anécdotas y datos constatados que vienen a poner sobre la mesa la realidad del racismo en nuestro país.

Moha Gerehou. Fotografía de Laurent Leger Adame

En el libro comentas que cada minuto de racismo es uno menos de antirracismo y que por ello, has tomado la responsabilidad de compartir tu conocimiento a través de este ensayo. ¿Cuál fue el hecho que te llevó a decir: “Tengo que escribir este libro”?

No creo que hubiera un hecho concreto, pero sí una sensación con la que he crecido durante muchos años: el no saber qué es lo que me estaba pasando, no entender muy bien el por qué. Por qué había un odio por el color de piel, por el origen de nacimiento, raza, religión… Podía ver las consecuencias, pero no conocía las causas. Por ello, este libro es el resultado de todo eso, de cuando empecé a tener conciencia y comprender lo que me iba sucediendo. Ahora siento que tengo la responsabilidad de escribir una obra para que todas aquellas personas que se sientan en la situación en la que yo estaba puedan, de una forma mucho más pronta, recibir y encontrar toda la información necesaria. De ahí es de donde surge la necesidad de ¿Qué hace un negro como tú en un sitio como este?, de un sentimiento que se viene arrastrando desde hace años. Y también de todo lo que voy conociendo y hace que me diga: “Es hora de ponerlo todo por escrito y que quede ahí para otra gente”.

Cuentas que durante los años que intentabas comprender tu identidad, te sentiste vulnerable, tuviste que encarar una responsabilidad para la que no estabas preparado y enfrentarte a unos desafíos poco sencillos. Pese a ello, has logrado ser periodista, presidente de SOS Racismo Madrid hasta 2018, colaborar en un libro colectivo y ahora, escribir uno solo tuyo. ¿Crees que alcanzar todo lo que has logrado habría sido más sencillo si no fueras negro?

Sin lugar a duda. Creo que en el momento en el que no eres un señor blanco, hetero, con pasta, los caminos para llegar a un mismo punto se complican bastante. Evidentemente hay una parte de mi camino que tal vez hubiera sido más fácil. Pero, por otro lado, el recorrido que estoy haciendo tiene la particularidad de haber crecido como una persona negra y las experiencias que eso supone han hecho que sea el periodista que soy y el activista que he sido. Y supondrá también que pueda ser una de las voces que habla de la situación de los que somos hijos de migrantes nacidos aquí. De esos que hemos estado entre dos aguas que al final confluyen en nuestras identidades 

En la actualidad, las editoriales españolas están apostando mucho más por la publicación de libros de temática antirracista, auspiciadas probablemente por la fuerza del Black Lives Matter. ¿Crees que desde la literatura se puede romper con el racismo estructural?

Estoy totalmente de acuerdo con el hecho que comentas de que a raíz del asesinato de George Floyd y todo el movimiento Black Lives Matter se puso el foco sobre España. Yo ya tenía la idea de escribir el libro desde antes, pero en esas semanas posteriores fueron bastantes editoriales las que mostraron interés por sacar un ensayo que explicara la situación del racismo en nuestro país. 


La tienda de Afroféminas



Por otra parte, y esto es una cosa que creo que va a cambiar, la industria de los libros nunca había percibido a las personas racializadas como potenciales lectores, compradores o consumidores de lo que ofrecen. Esto es una visión totalmente sesgada, pero no lo han terminado nunca de entender, por lo que nos han relegado a personas que no se interesan por los libros. Poco a poco, con obras como la de Desirée Bela o la de Lucía Mbomío, que va a ser adaptada como serie de Netflix, se están dando cuenta del tremendo error que han cometido. Por ello, en los próximos meses y años no va a parar de salir material que tenga este enfoque y que funcione como un aliciente más para que nuestra sociedad sea consciente del racismo que existe, y esté más preparada para luchar contra él.

“Durante mucho tiempo sentía –y hoy en día sigo sintiendo– que todos los problemas venían por mi color de piel”

Una frase muy impactante presente en el ensayo es la de “Durante mucho tiempo me odié por ser negro”. ¿Cómo llegaste a ese punto? 

Todo nuestro entorno, y cuando hablo de entorno hablo de educación, familia, relaciones amorosas, redes sociales y demás temas que menciono en el libro, está encaminado a que no tengamos ningún tipo de amor propio hacia nuestro color de piel. A que lo asociemos con la criminalidad, la suciedad o con algo que es inferior. Yo durante mucho tiempo sentía –y hoy en día lo sigo sintiendo– que todos los problemas venían por esto. Al no tener ese contrapeso de amor propio, terminas odiándote a ti y acabas deseando no haber nacido con ese color, porque sientes que tu vida hubiera sido mejor y no tendrías que haber pasado por ciertas situaciones.

Por eso es importante todo el trabajo que se está haciendo para poner en valor la piel negra y hacer ver que es una cuestión positiva sobre la que no cabe ningún tipo de odio. En mi caso, comprender esto ha sido un proceso de mucho tiempo en el que pude ver mi color de piel como algo bueno, pero probablemente hecho en falta que este procedimiento hubiera terminado antes. Por eso, una de las cosas que trato de conseguir con este libro es mostrar que el desapego existe, pero también hay un camino, unos referentes y otras cuestiones que nos ayudan a hacer ver el valor que viene ligado a todo eso.

Explicas que las personas racializadas deben manifestar una “doble validez”: primero desprenderse de los prejuicios y luego mostrar lo que son. ¿Cómo es convivir, sobre todo cuando eras más pequeño, con esta presión continua?

Parece una tontería, pero tuve una época en la que me molestaba mucho encajar en ciertos estereotipos sobre las personas negras. Por ejemplo, siempre me ha gustado mucho el baloncesto y, sin embargo, hubo un tiempo en el que me molestaba que me gustara este deporte porque era el típico estándar de persona negra a la que le gusta el baloncesto. Entonces pensaba cosas como “Ojalá me gustara el críquet o la esgrima”, para poder decir que era un negro que no entraba en ese patrón. 

Creo que esto forma parte de lo que me preguntas. Por un lado, tenemos que desprendernos de todas esas capas de ideas preconcebidas que pesan sobre nosotros para poder encontrar nuestra propia identidad y comprender que, si te gusta el baloncesto, es lo que hay. Y segundo, a partir de ahí, hay hacer que las personas negras que vivimos aquí podamos soñar mucho más alto. Es decir, a mí me gusta el baloncesto, pero si hay otro al que le gusta la esgrima u otro deporte tiene el derecho de disfrutar y conseguir ese objetivo. Ese es el doble camino: desprenderte de toda esa negatividad que nos ponen encima y llegar a tener la seguridad de que todo lo que eres está bien.

Sobre el término “racializado”, en el libro apuntas que no es una forma políticamente correcta de decir negro, sino que sirve para describir la categoría racial. Bien es cierto que, en nuestra sociedad, suele existir una asociación directa entre ver datos de racismo u oír el término racializado y asociarlo con una persona negra. ¿Por qué ocurre esto?

Por el mismo motivo por el que se cree que una persona de color siempre es negra. Al final nuestra sociedad entiende que las víctimas de racismo son sistemáticamente personas negras, por lo que excluyen de toda esa definición a asiáticas, magrebíes, gitanas… Ahí reside la importancia de la palabra “racializado”, porque es un término que va más allá del color de piel y habla también de la etnia, el origen y todas las condiciones que hacen que ese racismo se produzca con una mayor o menor violencia dependiendo del caso, pero que incluye a todas aquellas personas que lo sufrimos diariamente. Resulta obvio que siempre va a haber ese sesgo de relacionar con racializado solo con alguien negro, pero debemos ser conscientes de lo que significa para ampliar su significado.

También pones el foco sobre los medios. ¿Qué ha hecho mal y qué ha hecho bien el periodismo en los últimos 30 años, que es lo que abarca tu ensayo?

Hasta ahora en la mayor parte los medios de comunicación generales hemos aparecido de tres maneras: como víctimas que sufrimos todo tipo de desgracias, como verdugos que hacemos todo mal o como “el primer negro que”. Hemos quedado encajados en estas categorías y no salimos de ahí. De hecho, en el libro hay un capítulo en el que hablo de las personas musulmanas, que solo salen en medios cuando se habla de terrorismo, aunque sea para decir que no tienen nada que ver con él. Fuera de este contexto, no tienen presencia. Y más allá de eso, las que se ven siempre son musulmanes magrebíes, nunca negros. Esto figura dentro de lo que se ha hecho mal.

Respecto a lo que está bien, yo siempre soy muy defensor de que creemos nuestros propios medios de comunicación. Ya sea en este caso Afroféminas o por ejemplo la plataforma Esracismo, para denunciar los casos de discriminación que en medios generalistas no aparecían. Esto, junto a la presión que estamos haciendo desde fuera, cada uno desde su ámbito, ha ayudado a que ahora al ver titulares, estemos aprendiendo cómo el racismo se difunde en la información y cómo hacerle frente. Todo esto va a derivar en un buen periodismo. En que cuando se cuenten nuestras historias se cuenten bien y que, además, se amplíen las miras. Queda mucho para conseguirlo, pero hemos cogido la línea directa hacia ese cambio.

Tienes una visión optimista.

Hay una parte optimista, vamos a dejarlo ahí (risas).

“Cuando el racismo identifica a sus culpables, lo hace de forma muy clara”

“El racismo no necesita la verdad para ser difundida, solo necesita mentes a las que enseña a creer en él”. ¿Podría explicar esta frase ciertos movimientos existentes en la política española actual?

Quienes sacan rédito político del racismo lo hacen utilizando ideas que ya existen. Esto lo vemos ahora en Canarias: si el Gobierno de España no hubiera generado la situación que ha generado, con el bloqueo y las pésimas condiciones, Vox y otros grupos no lo habrían aprovechado para hacer proclamas y difundir odio. Este ejemplo demuestra que el sistema está diseñado para promulgar ese racismo y hacer que nuestras mentes hayan aprendido a creer en él. Por eso, a veces vemos bulos y nos parece que es muy obvio que son mentira, pero, sin embargo, siguen teniendo éxito. Hay mentiras que llevan perpetuándose veinte o treinta años. Por ejemplo, la de que los inmigrantes ocupan la sanidad se ha desmentido ochenta millones de veces y sigue vigente. No porque no se hayan hecho esfuerzos por decir la verdad, sino porque hemos creado una realidad que nos hace creernos esa idea sin preguntar por los datos. Y hasta que no cambiemos este racismo estructural no vamos a poder evitar que haya partidos que traten de sacar ventajas de ello.

Sobre la situación que viven los migrantes en Canarias, has comentado en Twitter que “la voluntad política es lo que ha llevado a esta situación y la voluntad política es la que lo puede solucionar”. Con sinceridad, ¿tienes confianza en que el Gobierno actual revierta de verdad la situación?

Honestamente, no lo creo. Además, pasa una cosa muy curiosa: cuando el racismo identifica a sus culpables, lo hace de forma muy clara. En este caso, son las personas del campamento. ¿Que no hay trabajo en España? Es por culpa de los migrantes de Las Raíces. ¿Qué va todo mal? Es por culpa de los migrantes de Las Raíces. Sin embargo, las autoridades y las instituciones juegan mucho y muy bien con el tema de la burocracia, haciendo que nadie sea responsable de lo que ocurre. Durante esta situación en Canarias, hemos visto como cada administración se pasa la pelota de un tejado a otro. El Gobierno canario dice que es responsabilidad del estatal, el estatal de la Unión Europea, la UE del canario… Y así sucesivamente, con lo que la obligación se diluye. Yo no tengo confianza porque se tienen que alinear muchas cosas para que esto cambie. O, por el contrario, tiene que haber una presión muy fuerte por parte de la sociedad. Y ahí es donde veo las serias dificultades. 

Aparte de esto, está claro que no tengo fe en la voluntad política del PSOE y Unidas Podemos porque si hubieran querido cambiar algo, ya lo habrían hecho. Recuerdo el principio de todo, cuando Escrivá dijo que cuando fuera al campamento, dentro de tres semanas, empezaría a ver qué hacer. No necesitas que pasen tres semanas y no necesitas ir allí para hacer algo. La realidad es que no quería hacer nada, pero puso esa excusa.

Hemos hablado de cómo afecta el periodismo y la política. Hagámoslo ahora de fuerzas de seguridad. En el libro cuentas una parada policial que viviste durante tus años universitarios por tu perfil racial. Asimismo, dices que no la denunciaste. Años después, relatas que recibiste amenazas de muerte en Twitter por sumarte al hastag #EstadoEspañolNoTanBlanco. ¿En este caso presentaste una denuncia?

Sí, ahí sí que presenté una denuncia. Simularon una subasta unos usuarios y dijeron “Si este negro viene desparasitado, pago 1000€” y demás cosas del estilo. Eso pasó hace casi cinco años y está todavía pendiente de juicio. En este tiempo me podría haber sacado una carrera y un máster, pero no he tenido una vista.

Creo que el sistema judicial desincentiva que las víctimas de racismo denunciemos, porque no paramos de ver ejemplos de que muchas veces hacerlo no sirve de nada. Recientemente hemos visto lo del cartel de Vox, que pese a haber sido una tremenda racistada, la justicia no ha visto conveniente quitarlo. Lo vemos también en este tipo de situaciones donde llevo cinco años sin haber tenido un juicio siquiera. También en el hecho de que muchas personas migrantes que han ido a denunciar, al no tener papeles, han sido deportadas… Por todo ello es necesario acercar los distintos recursos para denunciar el racismo, de forma que sepamos a dónde tenemos que ir. Siempre pongo el mismo ejemplo: en cierto modo, hay más facilidad para hacer denuncias de violencia machista, porque durante muchos años las instituciones se han puesto de acuerdo para hablar del 016 y otros mecanismos. Evidentemente en este tema todavía queda mucho por hacer, pero por lo menos a la gente le suena el número de teléfono. Con los casos de racismo, por el momento ni están los mecanismos ni se les espera. Y hay que trabajar para que, en la medida de lo posible, haya distintas vías para tengamos a dónde acudir.

¿Crees que la condena a Derek Chauvin por el asesinato de George Floyd va a repercutir en la brutalidad policial existente en España y Europa?

No. En Europa no lo ven como un problema propio. Mucha gente se queda con las consecuencias de esa brutalidad policial, con el hecho de que, por ejemplo, en Estados Unidos haya más posibilidades de que la policía te pegue unos disparos por ser negro. En España, es muy improbable que un agente te dispare por esto. Pero precisamente en el libro hablo de cómo lo importante es ir a la raíz de ambos actos, tanto el que ocurre en EE. UU. como el que ocurre en España: las paradas por perfil racial. El hecho de creer que un color de piel es sinónimo de que se ha cometido un delito o no se tiene documentación en regla. Esta raíz se comparte tanto en EE. UU., como en España, Reino Unido o Francia. En estos lugares, las estadísticas no engañan y muestran la desproporción en la que la policía para a las personas negras con respecto a las blancas. Pero aún así, seguimos sin percibirlo como una problemática propia. Por eso cuando pasa algo así en otros lugares, vemos a un Pedro Sánchez poner un mensaje, mientras que aquí ni siquiera se trata como tal pese a ser el mismo tipo de discriminación.

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En Qué hace un negro como tú en un sitio como este, Gerehou habla del “complejo de salvador blanco” haciendo referencia a las empresas o personas que, “revestidas bajo una capa de ONG”, organizan voluntariados en países pobres. “Lo hacen como si fueran paquetes turísticos, pero con la excusa de ayudar “a los que más lo necesitan”. A este fenómeno se le llama «volunturismo»”, explica el periodista en uno de los fragmentos.

Hace escasos días, Sara Carbonero publicó en su cuenta de Instagram unas fotos, rodeada de niños africanos, donde pedía likes. Por cada “me gusta” se dona 1€ para programas de vacunación de niños en el continente. Este hecho ha generado polémica, sobre todo en Twitter, donde se le acusa de utilizar a estas personas como marketing.¿Es este hecho un ejemplo del “volunturismo” del que hablas?

Completamente, este caso muestra muy bien como funciona todo el “complejo de salvador blanco”. Mientras vemos las noticias de los países ricos acaparando vacunas, de cómo se niegan a liberar patentes, de cómo no forman parte de COVAX –mecanismo para el reparto equitativo de las vacunas–, al mismo tiempo se está permitiendo que las inyecciones se ofrezcan como una cuestión de caridad, y no de justicia o salud global. Es muy fuerte que se ponga la vacunación de niños en África en manos del número de likes en los posts de Instagram de Sara Carbonero y Sergio Ramos. Es que imagínate que aquí este hecho dependiera de que pongan imágenes en sus cuentas de Instagram Joe Jonas y Zendaya… Sería un escándalo sin precedentes. Pero, sin embargo, esto está ocurriendo sobre los niños de África, ahora, en 2021, y no solo no se pone el grito en el cielo, sino que mucha gente lo comparte. Es muy grave todo el asunto.

“Si la diversidad racial no va acompañada de cambios estructurales, no sirve”

Los últimos Premios Goya hicieron historia: Adam Nourou fue el primer actor negro en alzarse con una de las estatuillas, por su participación en Adú. Por otro lado, la reciente edición de los Premios Oscar se ha venido presentado como “los Oscars de la diversidad”. Películas como Judas y el mesías negro, con un elenco eminentemente formado por intérpretes negros, compitió en la categoría de Mejor película, una de las más importantes. Además de esto, la asiática Yuh-Jung Youn se alzó con el premio a Mejor actriz de reparto por Minari y Riz Ahmed podría haber sido el primer musulmán en ganar el reconocimiento a Mejor actor principal, por protagonizar Sound of metal.

Gerehou, recoge en su ensayo que las personas negras muchas veces buscan la “medalla” de ser las primeras en alcanzar algo y otras muchas, se les impone. “Tenemos incrustado ese discurso hasta el tuétano, viéndolo como el punto final de un camino y no como el inicio”, escribe.

En una entrevista del año pasado con Sara Esteller, comentaste que las personas negras siempre tienen los mismos papeles en cine, mientras que en literatura y en televisión hay muy pocos perfiles. Respecto a lo ocurrido este año en dichos premios cinematográficos, ¿se está generando un cambio real o tiene que ver con las medallas de las que hablas en el libro?

Hay una parte de nuestro sistema que se mantiene muy cómodo en las medidas cosméticas. Con esto me refiero a reconocer la diversidad cuando se le puede poner cara, pero sin hacer nada por romper con los mecanismos que perpetúan la discriminación. Por ejemplo, en la industria publicitaria son muchas las marcas que ahora, para dárselas de diversos, ponen en todos sus anuncios a personas negras, asiáticas, mujeres con tallas grandes… Pero si te fijas en el consejo de dirección de esa empresa, está formado por señores blancos mayores. Si miras los trabajadores, el 98% son personas blancas. Yo me he encontrado entidades donde te contacta el equipo de diversidad y está llevado por blancos. Si la diversidad racial no va acompañada de cambios estructurales, no sirve. En el mundo del cine, debe estar en salirnos de las historias de sufrimiento de los negros, en el equipo de guion, en las diferencias en los sueldos y demás cuestiones que demuestran que toda esta supuesta variedad que estamos viendo es simple cosmética. Es como: “Ah, bueno, como ya he puesto aquí a alguien negro y se está viendo, ya no me pueden acusar de racista”. Pero el racismo va mucho más allá, y ahí es donde tenemos que poner el foco. No dejarnos engañar por las victorias simbólicas, como decía Malcolm X, y empezar a exigir cambios profundos en las políticas y la economía. Así se verá como, en ese caso, muchas menos empresas se subirán al carro de la diversidad.

Moha Gerehou en el festival Conciencia Afro

Para terminar, ¿cómo crees que la gente va a recibir el libro?

Por una parte, estoy muy nervioso (risas). Es la primera vez, una obra con mi nombre solo… Pero, por otro lado, he querido escribir un libro que mi yo de catorce años hubiera agradecido leer, para poder encontrar respuesta a muchas situaciones que nos ocurren respecto a la cuestión racial. Por eso, creo que puede servirle, en ese sentido, a todos aquellos que quieran entender cómo funciona el racismo en España. Respecto a esto hago una aproximación bastante amplia, ya que como ya te he dicho, toco varios temas: las redes sociales, las relaciones de amor, las amistades, el acceso a la vivienda, el no sentirte ni de aquí ni de allá… Asuntos que pueden hacer que la gente se identifique de un modo u otro con las historias que cuento y los datos, informes o estudios con los que las acompaño. Porque es importante saber que todo lo que estoy escribiendo en base a anécdotas esconde detrás una cuestión estructural. En el capítulo en el que empiezo contando que una vez fui a alquilar un piso y me discriminaron por ser negro, al final lo acabo uniendo a que esto es una tónica que en España se representa de una determinada manera y apunta a la vulneración de un derecho fundamental como es el acceso a la vivienda. Eso me hace sentir que el ensayo puede ser como muy útil, tanto para la persona que se acerca por primera vez como para la que ya tiene un conocimiento y quiere seguir profundizando sobre la temática racista.

Nerea De Ara


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