“Crecer sin ningún referente ha sido un trago difícil de asimilar”, Ruth Penina Mitogo Doro, enfermera y artista

Ruth Penina Mitogo Doro, Mamí Ruth para sus familiares y Mogambo en sus redes sociales,  está desandando el camino por el que dio sus primeros pasos cuando solo tenía 6 años. De Malabo, capital de Guinea Ecuatorial, se fue a Cantoria, un pueblo situado en Almería con una familia adoptiva. Es en esa provincia donde ha crecido y se ha formado como enfermera, continuando la tradición de un montón de mujeres guineanas que, como ella, han sido las únicas en sus hospitales y centros de salud desde hace décadas. Pero si Ruth desanda, no es porque retroceda sino al contrario, está recogiendo aquello que quizá se le pudo caer mientras caminaba y lleva tiempo convirtiendo los retazos de su memoria, sus raíces y su torrente sanguíneo africano en arte. Estando en primaria ya ganó un segundo premio literario en la comunidad de Andalucía por su relato “Recordando a mi país”, más adelante, ha hecho baile, interpretación, ha participado en videoclips de artistas internacionales y, últimamente, también construye cuadros con hilo y clavos, valiéndose de la técnica del hilorama.

Teniendo en cuenta su perfil diverso , Ruth nos habla de su dura experiencia de adopción así como de la de sanitaria en  la situación de pandemia actual. Además, nos cuenta cómo son las condiciones de trabajo en su sector, de lo fundamental que es la representación y los referentes, de cómo es vivir en Almería, uno de esos lugares donde un montón de personas provenientes del continente africano se parten el lomo debajo de plásticos para recolectar la fruta y la verdura que circula por toda Europa y también de sus creaciones que son evasión, homenaje y reivindicación de la tierra que abandonó hace ya 22 años. 

¿Qué te llevó a estudiar enfermería y por qué escogiste tu especialidad?

La enfermería es uno de los caminos por los qué me incliné tras varios intentos no efectivos en otros campos como son la medicina o las ciencias forenses. Con la mentalidad de querer cuidar a la infancia de mí país (es lo que decía cuando era pequeña), la enfermería se presentó como la oportunidad más viable para ello, no tanto en la teoría como en la práctica, debido al metamorfismo y simbiosis que representa la figura del cuidado en todas las culturas.

¿Cómo fue el proceso de incorporación laboral posterior? 

Una montaña rusa emocional increíble, nervios, inseguridad y ansiedad en los días previos al primer contrato, qué llegó apenas 2 semanas después de finalizar mis estudios. El pensar que no estaría a la altura, la responsabilidad de que lo más preciado de una persona, la salud, esté en tus manos, o la tristeza/ disgusto que supondría para mí el sentirme rechazada por algún que otro paciente que despreciara mi color piel. 

Algunas más que menos de aquellas emociones y sentimientos decidieron aparecer las primeras semanas tras incorporarme en los distintos servicios por los que he pasado y otras quedaron totalmente ridiculizadas. En la práctica todo resultó y resulta muy acogedor, dado que, en enfermería, cooperar entre nos, es uno de los lemas que forjan a fuego el carácter de la profesión. 

Inevitablemente, trabajando de lo que trabajas, no podría por menos que preguntarte cómo estáis viviendo en tu hospital/centro de salud esta tercera ola de COVID-19.

Desbordados, exhaustos, desmotivados, disgustaos…. tanto la atención primaria (centros de salud y urgencias) como en la especializada (hospitales y derivados especialistas) no damos abasto a ponernos y quitarnos la “capa de héroes”.

A grandes rasgos y pensando fríamente, la Covid ha puesto a subasta de saldo barato la salud, y la demanda de profesionales enfermeros ha subido como el precio del petróleo en Wall Street. Las empresas, tanto públicas como privadas, se han hecho eco de ello y enseguida han comenzado a movilizarse para cubrir las necesidades, tanto de pacientes como de profesionales, pero no es suficiente. La carga de trabajo, junto con las horas y condiciones, han ido in crescendo de tal manera que está repercutiendo en la calidad de vida de todos los sectores.

¿Qué diferencias señalarías con respecto a las dos olas anteriores?

Por un lado, el grado de conocimiento tanto de las y los profesionales como del resto de la ciudadanía, aunque bien es cierto que los resultados de las investigaciones se ven tergiversadas cuando van de boca en boca. En segundo lugar, la llegada rápida y efectiva de la vacuna que, de alguna manera, supone una medida de frenada del avance de contagio. Por último y no menos importante, el grado de avalancha de casos forzados a ingresar en la unidad de cuidados intensivos, está llegando al colapso en la gran mayoría de los hospitales del territorio nacional. La cobertura de profesionales ante la demanda urgente no es suficiente y, a veces, es poco efectiva, dado que las bolsas de trabajo están tirando de gente inexperta en las técnicas avanzadas y especializadas que requieren los boxes hospitalarios destinados y construidos deprisa y corriendo en salas que antes eran para otras especialidades.

¿Qué has aprendido en las etapas previas de la pandemia que ahora te está sirviendo para trabajar mejor?

Términos, términos y más términos científicos para luego desmenuzarlos al lenguaje de a pie de lxs usuarixs, he aprendido que el miedo y la incertidumbre ligados al desconocimiento son factores poderosos para desacreditar y estigmatizar a las personas vulnerables. Con esta pandemia, ha nacido una generación anti-contacto con toda superficie o ser que le rodee, sus integrantes quedaran marcados de alguna manera y cambiará su forma de relacionarse, fomentado el individualismo como marca territorial.

¿A qué no podrás acostumbrarte nunca? 

A la sensación de falta de aire, a no poder rascarme la nariz cuando me pique una sola vez y que sea efectiva, a los granos debajo del mentón por el roce y humedad que crea el entorno de la mascarilla. Tampoco podré acostumbrarme a tener una cita con un número limitado de personas o tener que excluir a alguien para caber en el cupo. El contacto físico, los abrazos, el no ver unas mejillas sonrojadas o una boca esbozando una sonrisa, son las cosas que echo en falta como los son también el llevar un EPI prácticamente las 24/7 del turno laboral.

¿Cómo te encuentras? Debe ser durísimo vivir con tensión durante tanto tiempo. 

A nivel físico, me encuentro en buen estado, no he tenido el infortunio de caer enferma ni por COVID ni por otras patologías también relevantes, salvo ciertos dolores musculares por la tensión o repetición del mismo gesto una y otra vez… Emocionalmente es dónde encuentro el desequilibrio, un solo mes de trabajo cuenta con la misma carga que dos meses o incluso más. El trabajo sale para adelante, pero no al ritmo esperado.

Ahora se está haciendo más visible lo que, para muchas personas, era un secreto a voces: el personal sanitario trabaja en condiciones que podrían ser mejores, ¿qué debería cambiar sí o sí y ya pero ya?

Lo primero que habría que cambiar sería la ratio de pacientes para el personal de enfermería, ya que hacen falta más. Así como también resulta fundamental que se establezcan, por norma, cursos de reciclaje para la plantilla destinada a otro servicio con el fin de que pueda desempeñar bien su función.

Hay quien culpa de las terribles cifras de contagios a los políticos y hay quien responsabiliza a la población por no ser cauta, ¿cómo lo ves tú?

No se trata de echar balones al tejado de nadie y de señalar con el dedo acusador porque, de momento, esto es una guerra biológica para la que no estamos preparados culturalmente y de la que saldrán cifras que representen la mortalidad humana como ínfima y vulnerable en apenas un año de vida. Es un fifty-fifty que ha obligado a la sociedad a adaptarse para sobrevivir en un contexto muy diferente al de costumbre y que requiere un quo pro quo de ambas por ambas partes para reinventarse.

A día de hoy, ¿qué opinión te merecen los aplausos del confinamiento? 

Durante el confinamiento me encontraba preparando las clases y los exámenes on-line para la Universidad, por aquel entonces, era yo quien, de vez en cuando, me asomaba para contribuir a la causa y, dicho sea de paso, con la vista puesta a un día ser vista socialmente como una heroína. Sin embargo, desde dentro, todo es diferente, de qué nos sirven los aplausos sí luego vamos a dar pasos de cangrejo. No los echo de menos por muy emotivo y bombo que se le diesen en los distintos medios de comunicación, lo que echo en falta en un poco de sentido del bien común.

Hace poco, saliste en la portada de “La Voz de Almería” haciendo PCRs. Eres de Guinea Ecuatorial y trabajas como enfermera, pese a lo escasamente visibilizado que está, lo cierto es que, desde hace décadas hay mujeres guineanas trabajando en tu gremio en el sistema sanitario español… 

Así es, el reportaje se hizo para dar visibilidad a las arduas labores diarias que conlleva poner en marcha un equipo completo que trabaja a destajo para hacer frente a las oleadas de contagios por las que atraviesa la ciudad. Aquel día yo estaba en el turno junto con resto de compañeras y compañeros que también aparecieron en la portada. 

La visibilidad de mujeres guineanas en el gremio por aquí abajo es muy poco frecuente, somos muy poquitas/os y se pueden contar con los dedos por lo menos hasta donde alcanzo a conocer. Personalmente, en toda la provincia y no he trabajado en toda ella, conozco a tres, con dos de ellos tuve la ocasión de coincidir en la facultad.

¿Qué herencia crees que queda de todas esas mujeres que te precedieron?

El listón está muy alto, tanto en calidad académica como en la práctica, han demostrado ser totalmente eficientes y pulcras con el trabajo. La dedicación y horas de estudio para adquirir el conocimiento y la cautela al verse víctimas de ataques que no les hacían justicia.

¿Por qué crees que es importante que se os vea?

Porque existe por ahí la idea de que las personas negras somos menos capaces de adquirir ciertas habilidades que parecen solo propias de la gente blanca y para desmitificar eso, es necesario que salgamos a la palestra y le demos un matiz distinto. Algunas mentes poco brillantes todavía se empecinan en encasillarnos en labores merecedoras de una vida digna. A mí misma, yendo con el pijama de enfermera, me han preguntado si era prostituta o auxiliar de limpieza…que no es por infravalorar a ningún ser humano dado que cada cual se gana el sueldo como cree conveniente, sino porque solo puedan concebirnos en ciertos espacios.

En la provincia en la que resides y trabajas, Almería, viven un montón de personas africanas y afrodescendientes, ¿cómo reaccionan esos pacientes al verte? ¿y el resto de la población? ¿y la gente con la que trabajas?

Por un lado, los pacientes africanos o afrodescendientes buscan en mí una mirada hermana, un lenguaje no verbal de empatía, hay quien, incluso, me saluda con gesto de colegueo cuando me cruzo con ellos. Por otro lado, entre el resto de la población hay dos opciones: o les agrado, porque según ellos, nosotros somos buenas personas y, por tanto, les atendemos mejor o bien sucede algo que no es tan agradable, cuando algunos se van de la consulta y preguntan anonadados por qué una negra está allí, poniendo en duda mis conocimientos, creyendo que he estudiado la carrera en mí país (que ni ellos mismos son conocedores) y que estoy ejerciendo aquí por el tema económico.

En cuanto a la gente con la que trabajo, de todo hay. Encuentro que hay algo de asombro por el tema del acento, que dan para risas hasta el turno siguiente, siendo a veces, los primeros en saltar ante un comentario peyorativo por parte de algún usuario. 

Dado que buena parte de esa población negra trabaja en los invernaderos, ¿se dan dolencias específicas derivadas de la labor debajo de los plásticos?

Efectivamente, se dan dolencias específicas derivadas de la labor bajo los invernaderos tanto a nivel físico, por las posturas forzadas, como también por la inhalación de derivados de los organofosforados y pesticidas. Existen riesgos físicos también ligados a las altas temperaturas y al nivel de ansiedad que genera trabajar bajo un plástico. 

Peeeero, tú no solo tienes una vis ligada a las ciencias de la salud sino también artística, ganaste un segundo premio en la comunidad de Andalucía por tu relato “Recordando a mi país”. ¡Cuéntanos más, anda y, si te animas, regálanos algún fragmento de tu texto!

Así es, entre mis aficiones se encuentra la escritura, desde pequeña he tenido facilidad para relatar y expresar metafóricamente relatos que me extrapolaban a otro metauniverso.

El premio llegó por sorpresa, pues se trataba de un trabajo de clase en primaria que después se presentó al concurso SOLIDARIDAD EN LETRAS, no presté atención a guardar una copia ni tan siquiera un borrador, porque ya te digo, no era ese el destino. Vino el director, por aquel entonces, para dar la buena notica delante de todos mis compañeros y fue muy emocionante porque no me lo esperaba y, a la vez, suponía un guiño hacía mis raíces.

Aunque hubo recortes de periódico haciéndose eco de la noticia, también los medios televisivos autónomos lo emitieron, peeero ni ese recuerdo inmortalicé. Y si te preguntas por qué, encantada te lo cuento: ya desde entonces me venía sintiendo desligada del entorno en el que vivía con vanos intentos de pasar de desapercibida y no destacar en nada, ya que mi color de piel ya llamaba mucho la atención….

A día de hoy, con todo lo que sé y he pasado, Lucía, te digo que fue necesario pasar por aquello y entender que los prejuicios no venían de mí, sino de mi alrededor incluso, desde el seno de mi familia adoptiva, eso sí que te hace estar ciega, sorda y adormecida.

He buscado sin éxito tirando de hemerotecas, pero no ha dado resultado. Sin embargo, me queda el recuerdo del apoyo recibido por parte de los que sí vieron en mí el potencial que tenía y, de vez en cuando, cuando me faltan las fuerzas y la motivación, ellas se encargan de recordarme lo que creaba aquella niña cuando se sentaba en su escritorio y se evadía del mundo por horas sin pestañear.

Hablas de tu familia adoptiva y prejuicios, ¿cómo ha sido, para ti pues, crecer en un hogar compuesto íntegramente por personas blancas?

Así es, la mayoría de los prejuicios y estigmas han venido del seno familiar adoptivo, bien por desconocimiento, incultura, por tener dos dedos de frente menos, o bien por una mezcla de todo un poco.

Crecer sin ningún referente ha sido un trago difícil de asimilar con los años, no sólo porque no tienes una figura en la que proyectar tus dudas, miedos o complejos o con quién compartir el sentir de ser diferente entre tanto igual sino porque, una y otra vez, te comparan con un resto al que no te sientes identificada.

Desde mi pelo y su textura, hasta pasar por mi olor corporal y complexión física, a menudo han sido descritos como: «te tienes que lavar más a menudo porque los negros huelen más fuerte, o ·vaya  pelo, apáñatelas para cuidarlo porque yo no le saco punta” e incluso insinuaciones lascivas para nada normales y de agrado cero hacia mi persona.

Siempre fui el trofeo del cual presumir socialmente como si adoptarme hubiera sido una  buena obra o un gesto de caridad. 

Me vienen a la cabeza más ejemplos como que me pensaran que el pelo afro no se moja cuando se sumerge en el agua o la pregunta millonaria sobre si mi pareja, por aquel entonces, era una persona blanca o negra. Recuerdo también las interrupciones a mi risa porque les recordaba a la de un mono. Para ellos, comer con las manos era de salvajes, ir a pedir comida a la vecina un signo de vergüenza y además, era bastante común que restringieran mis salidas y me advirtieran de que  tomase más precaución, puesto que todos se fijarían más en lo que hace una negra.

A día de hoy, quisiera pensar qué todo fue desconocimiento y que todo era por mí bien, ya que, “quien bien te quiere te dice las cosas tal y como son”. Sin embargo, no he  podido evitar que, actualmente, todas esos «comentarios» resuenen en mi cabeza y hayan mermado mi autoconfianza, autoestima y sobre todo, que mi personalidad se haya visto en muchas ocasiones limitada por no ser de piel blanca. No me paraba a mirar quien estaba frente al espejo, sino que era lo que me faltaba para parecerme a fulano de mengano.

Aquello no fue un hogar, no se respiraba ambiente familiar por ninguna esquina…el amor, afecto y empatía brillaban por su ausencia. 

Cabe destacar que no todos los miembros de mi familia me han hecho sentir igual de desagradecida, sino más especial, quienes no entraba en su forma de ser mirar para otro lado, y no dudaron jamás en brindarme el apoyo, afecto y estima que por aquel entonces, una niña carecía.

¿Qué consejos darías a las familias que llevan a cabo adopciones internacionales y/o interraciales?

Que ante todo respeten y amen a la persona que decidan adoptar. Que refuercen sus recuerdos, cultiven juntxs el conocimiento de la procedencia de ese ser y que, sobre todo, mantengan el contacto con la cultura y esencia de donde vienen.

No obstante, y a pesar de lo que comentas (tremendo, por cierto) y de la falta de referentes en tu infancia, la morriña por tu tierra no ha desaparecido, de hecho, continúas creando inspirándote en Guinea. Háblanos acerca de tu nueva incursión artística, por favor (cuándo empezaste, dónde y cómo aprendiste la técnica, cómo describirías tu obra y qué peso tiene tu país en ella).

Así es, la nostalgia me ha llevado a crear obras inspiradas en el colorido y temática de la tierra que me vio nacer, porque de ahí parte el punto cero de todas las respuestas a mi incertidumbre de sentirme fuera de lugar.

La técnica que uso se llama Hilorama y consiste en usar como lienzo una tabla de madera, clavos cómo pinceles o lápiz, e hilo(lana) para colorear, dando a la vista una perspectiva multidimensional que impacta y llama la atención.

La descubrí por casualidad, había mirado otras técnicas manuales pero esta se puso en marcha tras una de mis noches en vela en las que siento un vacío imposible de explicar y de llenar….et voilá! tomó esta forma para desmenuzar desde las entrañas todo el sentimiento imperfecto qué había en mí , porque tampoco andaba muy bien económicamente y la pobreza social es muy buena consejera si la enfocamos como aprendizaje: para llenar la tripa, hay que pensar con la de arriba y encorvar poco la chepa, es un dicho popular del pueblo dónde me crie. Aprender la técnica no tuve, porque parecía que ya era algo que sabía, los dedos se me deslizan solos sin pensar. Sí que la he perfeccionado con tutoriales en YouTube y con tertulias esporádicas con otrxs artistas de similar envergadura para intercambiar ideas, opiniones y tomar algún que otro consejo para mejorar la calidad de los cuadros.

En aquella noche, en tan solo 8horas, creé un cuadro de grandes dimensiones y te juro, Lucía, que no me enteré de las horas, ni de los golpes que recibí en algún que otro dedo con el martillo. El tiempo se detiene cuando me pongo a trabajar y, para empezar, lo hice con un cuadro del continente africano, que, a día de hoy, está vendido por el módico precio de 180 euros…

Empecé a la edad de 27 años, mi casa-cochera, se convirtió de la noche a la mañana también en mi taller, un lugar idóneo apartado y aislado para dar rienda suelta a mi creatividad y poder poner la música a todo volumen, desplegar mis bultos por todo el suelo y tirarme al suelo en mil posturas para empezar a crear. En ese sentido, tengo una anécdota: Facebook me quiso restringir el video por contenido pornográfico, parece ser que resultaba demasiado sexy ver a una negra tirada en el suelo con los brazos al descubierto y la mente fija en la tabla en vez de a la cámara…Ha sido a esta edad cuando las turbulencias del pasado han decidido estabilizar el avión que piloto hacía mi pequeña isla en el paraíso, me veo allí por muchos motivos, pero sobre todo, por las ganas de sentir de nuevo la tierra, el sabor, el olor, y la compañía de mi gente.

¿Utilizas tu arte para recordar y también para liberarte del dolor ligado a tu adopción ?

Para entender mi arte y de dónde sale la motivación para crear y revertir todo eso en algo bello para la vista es necesario desmenuzar las entrañas de los sentimientos que llevan a ello.

Por mucho tiempo he estado pendiente de callar y tragar por el qué dirán o por no herir a las personas, pero no me sirvió porque la que se estaba muriendo por dentro era yo. Mi familia adoptiva ya no está presente en mi vida, les brindé la oportunidad de sentarnos a hablar y discutir sobre todos estos años, porque al igual que ellos, yo también me he equivocado en muchas cosas y al igual que yo, ellxs se han podido sentir dolidxs también Sin embargo, decidieron seguir con la venda en los ojos y hacer caso omiso a mis «súplicas». No son valientes para escuchar las verdades, sin embargo, se olvidan de algo que jamás han tenido en cuenta: que se toparon con una niña (ya mujer) con un fuerza interna inmensa a la que no pueden pisotear con tanta facilidad sin que después me quite al polvo  para volver a ponerme en pie. Con o sin su ayuda, he llegado muy lejos, y llegaré hasta donde  sea mi tope, y quieran o no, les guste o no, es lo que hay. ESTO ES LO QUE SOY.

¿Cuánto te está sirviendo crear para evadirte y desconectar en esta época tan difícil?

Justamente ahora es cuando menos estoy creando, la otra parte de mí, la científica se ha volcado de lleno en mis rutinas diarias. Ahora invierto mi tiempo en perfeccionar mis conocimientos y técnicas para no fallar y ser como los grandes profesionales con los que he tenido la oportunidad de trabajar y aprender.

¡Pide un deseo para este año que comienza!

Volver a Malabo y reencontrarme con mi tierra.

Ojalá se cumpla. 

Gracias, de corazón.


Lucía Mbomío

Periodista, actualmente en “Aquí la Tierra” en TVE
Twitter @luciambomio 
Istagram: luciambomio


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