Endemia sistémica. Epifanía melanizada de una realidad contemporánea

El racismo es una de las pandemias más viejas y destructivas,” como arguye el historiador Dr. Javier Cassiani (1). El aislamiento en el que vivimos actualmente no es la primera forma de ostracismo que han sufrido nuestras comunidades. Lo que hoy se traduce como la propagación de un virus e incertidumbre de salud pública para la población global ha demostrado ser una endemia sistemática ad-portas de aniquilar a los pueblos negros. Este ha sido el holocausto más grande en la historia de la humanidad contra un grupo social determinado por motivo de “raza”, porque ha durado más de 400 años y han sido más de 15 millones de personas las víctimas. Esto no se trata de un solo ser humano o estamento. Se trata de una violencia multidimensional en un mundo construido sobre el lomo del pueblo negro que sigue siendo vejado.

Imagen Miki Jourdan , licencia CC

Me topé de cerca con el perfilamiento policial a una temprana edad. Supongo que como un mecanismo de defensa del trauma intergeneracional no lo precisé sino hasta ahora.  Hace un poco más de dos décadas, dos adolecentes, constitucionalmente amparados por la Carta Política colombiana, se encontraban sentados sobre un muro de contador eléctrico en horas postreras. Uno de ellos, mi hermano, se sentaba justamente a tres casas de la nuestra. La policía no parecía pensar que estaba tramando algo bueno o qué pertenecía a ese vecindario. Pero su sarcasmo descollado no resultaba suficiente como para convertirse en un presunto criminal. Aunque, cuando el color de tu piel es visto como un arma, nunca te verás desarmado. Las palabras de la senadora y vicepresidenta electa de los Estados Unidos, Kamala Harris, me ayudaron a comprender que, aunque este virus [perenne] no tiene ojos, aún así sabe exactamente como nos vemos unos a otros…y seamos claros –no hay vacuna para el racismo.” – (The Washington Post, 2020)

Esa noche en nuestro vecindario, lo que previno que la vida de mi hermano fuese arrebatada por un “procedimiento policial” fue el clamor de nuestra vecina mestiza hacia mi madre. Mi madre envuelta alrededor de sus sábanas se apresuró hacia la calle. Como espectadora, yo me hallaba sobre miranda atestiguando a mis padres suplicar por su vida. En cambio, lo que le perdonó la vida a su amigo fue el color de su piel y el tácito e inaparente privilegio social. que viene con una identidad mestiza, la policía nunca trataría a un chico blanco-mestizo, como trataron a mi hermano. Ya que, en las Américas, particularmente en los países de habla hispano-portuguesa, operamos bajo una pigmentocracia o colorismo estructural. Lo que les sucede a los pueblos negros en el contexto neocolonial de los Andes no es tan lejano al tipo de violencia que vemos que ocurre en todo el mundo. Quince años más tarde, la madre de Mike Brown tuvo que ver el cuerpo de su hijo tendido en medio de la calle durante cuatro horas

Recientemente, mi hermano mayor, que vive en los Estados Unidos, fue detenido al azar por un oficial de policía cuando volvía a casa de la farmacia. El oficial se acercó a él con el arma en la mano y sólo lo dejó ir tras convencerlo de que estaba llevando medicamentos a su casa para su hija. A medida que pasaban los minutos, con sus manos en las 2 y las 10, mi hermano temía por su vida porque, sabemos que las paradas aleatorias como estas no siempre tienen un resultado positivo de estos procedimientos “razonables y justificables”. Al recordar la violencia que acabó con la vida de Philando Castille y tantos otros y de forma parecida. Toda esta situación se enmarca en una afirmación que hace la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie(2): “Su irresponsabilidad cuesta vidas. Sus frágiles y pequeños egos cuestan vidas. El verdadero liderazgo importa.”

La asfixia aguda, el lapsus de memoria y la falta de aceptación son los síntomas que presentan algunos negacionistas. El trabajo de Miles Chambers(3) llama la atención sobre la negación social de los impactos atemporales de la esclavitud y su relación con la violencia policial. Considero que este trauma se manifiesta en las formas en que nos vemos yuxtapuestos a la cultura dominante. Esto conlleva a que los afrodescendientes respondamos de forma diferente a nuestras limitaciones en nuestros entornos, el acceso a las oportunidades, nuestro rendimiento y nuestra autopercepción. Esta conversación sobre el trauma intergeneracional y sus sintomatologías como el Trastorno dismórfico corporal debe de ser sostenida. Nos tenemos que cuestionar, ¿Porqué es un debate erradicar el racismo? ¿Erradicar esta endemia sistémica? ¿Tumbar estatuas o renombrar plazas o barrios?  Solo por poner un ejemplo de la necesidad de sostener esta conversación presento el caso de Laureano Gómez. Paradójicamente es un barrio al oriente de Cali nombrado después de un presidente que en el siglo XX estuvo a favor la eugenesia o blanqueamiento racial. “La gente se resiste a reconocer que el tema no son los eslóganes, sino que el racismo anti-negro es el suministro de oxígeno de esta sociedad supremacista.”Brent Newsome Purdy (Twitter, 2020)

Algunos proclaman que todas las vidas importan o estamos todos unidos en esta pandemia. No obstante, como lo constata Zakiya Carr Johnson, “la pandemia también arrojó una luz ultravioleta” e iluminó claramente para todos nosotros la fea verdad sobre la inequidad y el [sistema social racializado sobre lugares]” como las escuelas y hospitales con financiamientos ineficientes que permanecen segregadas debido a las disparidades sociales. Para entender el racismo y la pobreza tú necesitas entender las dinámicas de poder. Para entender las dinámicas de poder tú necesitas escuchar y creer en las narrativas de los pueblos desvalidos. 

Rodney King (U.S), Sandra Bland (U.S), Marielle Franco (Brazil), Anderson Arboleda (Colombia), George Floyd (U.S), Elijah McClain (U.S), Breonna Taylor (U.S), Jacob Blake (U.S) and Daniel Prude (U.S), Walter Wallace Jr. y no todos los que fueron asesinados exigieron justicia racial, pero los que sobrevivieron a ellos y nuestras comunidades, los más afectados por esta violencia, exigimos justicia racial.

La misma alarma ha estado sonando desde el siglo XV. “Quiero que la gente de todo el mundo y los líderes de las Naciones Unidas vean el video de mi hermano George Floyd, escuchen su grito de ayuda, y quiero que respondan a su grito. Apelo a las Naciones Unidas para que lo ayuden. Ayúdenme a mí. Ayúdanos a los hombres y mujeres negros de AméricaPhilonise Floyd, hermano de George Floyd. – (United Nations News). Hace menos de 3 meses, “Luis Fernando Montaño bailaba la vida, Álvaro José Caicedo esperaba ser comerciante, Josmar Jean Paul quería eludir con goles a la violencia, Léider Cárdenas era un amante de la música, y Jair Andrés Cortés anhelaba sacar adelante a su ‘abu’ siendo un prodigioso deportista.” – (El Tiempo, 2020). Estos chicos, todos menores de 18 años, salieron para hacer un vuelo tradicional de cometas y nunca regresaron a casa porque fueron asesinados en un matorral injustificadamente. La muerte de Quawan Charles, hoy hace un mes, parece ser una coalición entre Emmett Till y los 5 de Llano Verde. Ya que las autoridades tardaron 5 días en rastrear su celular y no parecen tener una explicación de cómo un niño de 15 años y 5 pies de alto (152.4 cms) pudo haberse ahogado cultivo de caña de azúcar de 2 pies (61 cms). El asesinato de Tamir Rice hace seis años, este noviembre, llama la atención sobre la falta de preocupación por la vida o el futuro de nuestros jóvenes. Y si bien, la vida siempre ha sido incierta, la pandemia simplemente es un reiterativo de que nuestras vidas y la de nuestra juventud perecen.    Dra. Aurora Vergara Figueroa(4) afirma que, “Una persona afro nace con una esperanza de vida menor que su contraparte”, ¿Por qué? Mi hermano pudo haber muerto a temprana edad, no por fuerza mayor ni por causas naturales, sino por la actuación de una institución racista que lo criminalizó por su color de piel. A esto se le suman las barreras estructurales que experimentamos las personas negras de este país. Barreras que nos exponen a este tipo de situaciones de victimización y vulnerabilidad. Entre estas, la desigualdad socioeconómica y las trabas en el acceso a la administración de justicia. Es por eso que, las personas afrodescendientes hemos sido y estamos siendo asesinadas injustificadamente por aquellos que han jurado proteger y servir, ya que se nos concede la antítesis de la empatía bajo la estructura, en la que vivimos.

Foto del entierro de Los cinco de Llano Verde en Cali. Fuente El País Colombia

Es por lo que, Mamie Till Mobley tomó la decisión de abrir el ataúd de su hijo Emmett Till hace meramente 65 años para que el mundo pudiera ver las atrocidades que los afrodescendientes enfrentaban en las latitudes norteamericanas y que resulta ser realidad contemporánea melanizada en la esfera global.

Todas las vidas no importarán hasta que las vidas de los negros, indígenas, de las mujeres y comunidades diversas lo hagan. Decimos que las vidas negras importan. Nunca dijimos que solamente las vidas negras importan. Nosotros sabemos que todas las vidas importan. Para que las vidas negras importen… África y su Diáspora deben de importar. El litoral pacífico colombiano debe de importar. Nosotros hacemos una prelación con #BlackLivesMatter #LasVidasNegrasImportan #EndSARS, ya que las vidas negras están en peligro.

Incluso después del acaecer de San Basilio de Palenque, Fort Mose, Revolución Haitiana, el movimiento de los derechos civiles y los disturbios de Los Angelens (L.A Riots) , parece que estamos en cuidados intensivos. No importa cuánto luchemos contra esta maligna enfermedad, nuestras victorias no parecen ser suficientes. Incluso nuestras victorias y las de nuestros ancestros y ancestras parecen pequeñas frente a un sistema que nunca fue diseñado para que ganemos.

Nosotros, el pueblo afro y su Diáspora, nos venimos asfixiando con esta endemia sistémica desde la trata transatlántica esclavista y hemos sido abruptamente secuestrados de nuestra Madre Continental. La montaña que tenemos que escalar está plagada de reticentes, negacionistas y el estatus quo. Emito una apelación a la conciencia ciudadana, ante un imperativo de cambio estructural. Esto solo se logrará con una reparación sistémica. Se debe garantizar la vida en términos de equidad y progreso social, económico, político y ambiental. Salvaguardar el principio y derecho de la igualdad (formal y material) en lo que al acceso de los servicios públicos se refiere. Promover la paz, la vida y la salud libre de brutalidad policial y de masacres étnico-raciales. “Nuestros ancestros y ancestras [fueron asestados y secuestrados “Tuvieron que HUIR]”, reiteraba Stokely Carmichael. Mi generación está sin aliento. La melanina no es un crimen. Ya no correremos más. El pie lo tenemos sobre el acelerador, la causa es más grande que nosotros.


1.Dr. Javier Cassiani – Historiador colombiano de la Universidad de Cartagena.

2.Chimamanda Ngozi Adichie – (Nigeria) es una escritora feminista, novelista y dramaturga.

3.Miles Chambers – (Reino Unido) es un popular comentarista cultural poético, campeón de slam, dramaturgo y locutor.

4.Dra. Aurora Vergara Figueroa – (Colombia) Socióloga de la Universidad del Valle, Maestría y Doctorado en Sociología Universidad de Massachusetts Amherst, Directora del Centro de Estudios Afrodiaspóricos de la Universidad del Icesi.


Leidy Zamora

Ciencia Política con Énfasis en Relaciones Internacionales, U. Icesi

Instructora de Idiomas, Traductora En/Sp

Diseñadora de Interiores con Adm. en Proyectos de Diseño


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