Este racismo nuestro

Ser y sentirse mujer negra en Venezuela

Como mujer negra no me escapo del análisis a lo interno y externo de nuestra posición en esta sociedad capitalista, patriarcal y racista, como es la venezolana. Intentaré explicar entonces, la sensación de ser negra y mujer en esta sociedad que niega ser racista y patriarcal, y que bajo la cara del racismo, endoracismo y misoginia no ha dudado en dejar claro mi lugar en ésta.

Entendiendo que el racismo es externo al grupo, mientras que el endoracismo es la internalización del racismo por el pueblo sometido, aceptando su autonegación; identificándose así, el colonizado con el colonizador.

Un racismo, frontal, y profundamente  hiriente lo experimenté a los 5 años, cuando otra niña, blanca, aclaró firmemente y sin tuteos que no jugaría conmigo por negra; eso me hizo tocar piso, y entender rápido que mi lugar como negra era distinto al de los blancos. Este no fue el primer episodio de racismo, ya en preescolar recuerdo, no tan traumáticamente, el que al jugar se me emparentaba casi inmediatamente con otro niño negro para hacer las veces de sirvientes, nunca los papás o los hijos.

Aclaro que mi lugar de crianza no fue en los Andes, o en el este del este de Caracas donde cuesta encontrar caras prietas, sino en el estado Vargas, costa litoralense, llena de negros, negras, morenos y un sin fin de mestizos.

Ya desde mi círculo familiar, a pesar de mostrar un marcado orgullo por la negritud de nuestra herencia, se mostraban rasgos endoracistas reservados a otros negros al que se les quisiera denigrar o “ubicar”. Comentarios como, “negro y feo”, “negrestín”, “fondo ‘e paila”, “pelo malo”, y aclaratorias con respecto a la estética, donde lo negro es feo, ordinario y pobre, convivían a la vez con un discurso de orgullo y resistencia afro.

Por otra parte están los negros que se asumen claramente menos por su condición étnica-cultural, buscando siempre hacia esa herencia blanca remanente en el mestizaje. La nariz fina, los labios no tan gruesos, el cabello “bueno”, la piel clara, como también el deslinde de sus tradiciones originarias.

La síntesis de esto, desde mi perspectiva es más abundante y agresiva; es el chiste que no termina de asumirse racista/endoracista, en cambio se ofende si se le enfrenta, quedando el ofendido como acomplejado. Y no se limita al negro, va también para el indígena, el pobre y para la mujer. Esta en apariencia no agrede al discriminado, sino que asume una posición implícita de menosprecio por la condición discriminada. Se dice tolerante, que no le importa el color de piel, cultura o género, pero no duda en desmeritar por estas condiciones.

Un ejemplo que para mí lo resume, me ocurrió con unos conductores andinos con los que viajé desde Caracas al estado Mérida. En este recorrido pasamos por un reductor de velocidad donde estaba una chica morena, claramente de origen humilde, vendiendo café, a lo que a manera de chiste el conductor comentó con otros pasajeros -Diga un número, y se la gana-. Esto parecerá no ser necesariamente racista, clasista y misógino, pero algo se sentía en el tono “chistoso”, además del hecho de que yo, mujer negra, nunca deje de ser para el chofer al momento de dirigirse hacia mí, “negrita”, a diferencia del resto de los pasajeros que siendo blancos nunca fueron llamados “blanquitos”. El conglomerado en su conversación nunca tuvo una actitud frontalmente racista, pero entre risas y chistes (de mal gusto), mostraban el menosprecio de lo negro, indígena y femenino.

Y este para mi es el mayor problema, porque qué difícil es reclamar un derecho cuando no se ve violentado, y en cambio es ridiculizado.

Diariamente observo y vivo prejuicios que dejan en mal puesto la negritud, considerándola menos, intelectual, cultural, económica y estéticamente.

Consideraciones sin enfrentamiento donde una persona es fea por sus rasgos negros o indígenas, pero es considerada bella, por sus facciones blancas; presunciones de la condición delictiva de una persona por su color de piel y aspecto humilde; el asombro colectivo en la presencia de intelectualidades de etnia no blanca; las aseveraciones ciegas de flojera y suciedad, atribuidas a etnias indígenas y comunidades afrodescendientes; exotización de la cultura afro e indígena, haciéndola ajena y rara; reconocimiento por características negativas a comunidades afro e indígenas; preferencia por supuesta decisión personal, desligada del racismo, la socialización con personas blancas; divulgación a modo de chiste, clichés racistas, clasistas y misóginos.

Existen otras muchas formas de este racismo/endoracismo disfrazado, pero son en ocasiones tan sutiles, que el reclamo es más difícil que la complicidad. Debe haber una legitimación de la denuncia ante este tipo de hechos, que no por ser sutiles, son menos ofensivos.

Venezuela es un país pluricultural y multiétnico, lleno de culturas diversas, lo que detrás del título de mestizo ha sido utilizado para invisibilizarlas, quedando tácitamente resuelto la supremacía de lo blanco sobre lo negro e indígena, lo que ha quedando grabado en nuestra conciencia colectiva.

Autora: Jessica Cueto

Foto 1: beldurbarik.org

Foto 2: Ideario Criollo

 

 

8 comentarios en “Este racismo nuestro

  1. Hola. escribo desde Cuba y realmente no puedo estar más de acuerdo con este escrito, literalmente, es un camino que he andado durante muchos años, discriminación desde pequeña, incluida. Me llama mucho la atención que tocaras el tema del autoracismo, y a raíz de eso, me gustaría compartir con los blogueros algo que me sucedió con un humorista cubano muy conocido, y negro hace un par de meses.
    Humor…. incoloro?
    Hace unos días tuve la oportunidad en mi centro de trabajo de presenciar la actuación del popular humorista cubano Kike Quiñones. Hace ya unos cinco años, fui testigo del bochornoso espectáculo de ver como este llamado artista se denigraba a sí mismo y a toda nuestra raza mediante un monólogo de su propia “inspiración” conocido como El negro pega con todo. En la mencionada actividad de mi trabajo, de la cual disfrutaba como el resto de mis compañeros, tuve el dudoso honor de ser el centro del espectáculo ofrecido por el compañero Quiñones. El humorista, de una manera en mi opinión lamentable y que denota una alarmante falta de ética y profesionalismo, me hizo objeto central de su denigrante actuación por la sencilla razón de que yo era la única persona de raza negra identificada por él en el auditorio. Fui interpelada acerca de mi formación académica (presuntamente para establecer mi bajo nivel cultural o académico en comparación con mis compañeros de “tez clara”, tal como apuntó en una ocasión el propio Quiñones). Con orgullo, manifesté mi formación académica, graduada de licenciada en Ciencias Farmacéuticas por la Universidad de la Habana, sin embargo, más allá de este o aquel título que proclame mi profesión o conocimientos, me siento y me he sentido siempre profundamente orgullosa de mi herencia africana, de mis raíces, de mi raza, en pocas palabras de quien soy. Mi identidad racial me define, y es algo que proclamo con orgullo, ajena a pretendidos cánones de belleza que plantean que sin “facciones finas”, no hay belleza posible. Ante hechos semejantes a esta deleznable actuación, lo que prima, más que el enojo, es la profunda perplejidad porque la piedra angular del espectáculo de un humorista, cubano, formado en la sociedad revolucionaria, y negro, sea un espectáculo tan profundamente denigrante para su propia identidad. En un momento del espectáculo en que cuestioné su “ausencia “de racismo, el compañero me respondió que él era un artista y que los artistas no tenían color. Y yo me pregunto: qué convicciones puede albergar una persona que reniega abiertamente de su raza, de su identidad y de su condición? Qué habla de su calidad como artista, como ser humano? , pero, lo que encuentro aún más alarmante es el hecho de que con este monólogo inaceptable y deplorable haya medrado en el ámbito humorístico de nuestra sociedad hasta el punto en que Kike… es conocido, fundamentalmente, por esta “actuación”. Qué hacer? Ser víctimas inermes de la discriminación? Quedarnos con el sabor amargo de haber sido puestos en la picota pública por el solo color de nuestra piel? Cruzarnos de brazos ante el terrible flagelo del racismo que nos azota en todas partes? Creo que la respuesta es no, hay que hacer lo que sea preciso, hablar donde sea necesario, alzar la voz y no tolerar en ningún ámbito ni de ninguna manera este humor… de otro color

    Yaíma Sánchez Mustelier

    • Yaima en nombre de Afroféminas, un millón de gracias por este comentario. No será la primera vez que he sido cuestionada por cubanos cuando he hablado de racismo en Cuba y se me ha dicho la tan con la conocida frase “a mi nunca me ha pasado” y eso parece que tiene que valer para todo el mundo y peor que si se nos ocurre decirlo somos nosotros los acomplejados, somos nosotros los que estamos mal y no quién hace estas cosas como las que describes aquí.
      Te habla Antoinette, que como sabes, soy cubana igual. Conozco al humorista. No conocía de este monólogo del que hablas y me he quedado perpleja al leerte. Que pena de artista, que lástima de persona.
      Agradezco además que separes tu amor por Cuba, que nada tiene que ver con esto y tu deseo de decir y denunciar claramente lo que no te gusta y te afecta como persona. Un abrazo muy fuerte de todas las Afroféminas que escriben en este espacio!!! Y saludos nostálgicos a mi tierra 🙂

      • Gracias a ti, Antoninette, y a Afroféminas en general por este sitio tan maravilloso, amo profundamente a mi país, pero el fenómeno del racismo en Cuba es algo realmente alarmante, porque tiene tantas facetas que ya la gente se ha adaptado a él y ni siquiera lo ve, y es entonces cuando viene el consabido “nunca me ha pasado”, el amor no puede cegarnos, desgraciadamente manifestaciones como la que te relaté no son aisladas ni infrecuentes, sin embargo, paradójicamente, quien ha hecho del racismo su estandarte para hacer humor es este humorista, lamentable, de verdad, y lo que es peor, lleva años haciéndolo. Nos queda luchar como podamos y hacer oir nuestra voz en todos los lugares posibles, como este sitio en el que tanto disfruto de mi orgullosa herencia africana. Un abrazo bien grande para ti y para todas las afroféminas donde quiera que estén.

    • en CUBA hay rasismo, y me da estupor que los cubanos lo nieguen, me ha pasado que uando lo expuse abiertamente, me dijo una cubana que estaba mintiendo, lo que mas me molestò, fuè ver, como esa mujer, dice que miento delante de otras latinas. Pero no hay peor ciego, que aquel que no quiere ver. El negro en Cuba, sufre desde que nace, en la escuela, trabajo, en todos los sectores, y ahora, en pleno 2017,. se està destapando el clasismo, algo bien peligroso, solo nos queda levantarnos con dignidad, y demostrar, que ninguno de los estereotipos con que hemos sido identificados, nos representa. Gracias por este articulo, y el testimonio de Yaima

  2. Un poco tarde,pero me uno a esta lamentable realidad cada dia mas cruda y denigrante.Pero increíblemente nací en una familia que no ha tirado la toalla frente al poderoso racismo silencioso a todos los niveles de un gobierno que falsamente publica la abolición total del racismo. Si contamos como algunos logran llegar a estudiar una carrera universitaria sería para escribir una enciclopedia de heroísmo. Conozco al humorista y no es el único que emplea estos tipos de practicas para ganarse la vida,es triste,vulgar y mediocre,pero es lo que me esta de moda. Saludos a todas las afrofeminas y recuerden que somos únicas e irrepetibles.

  3. Condena de por vida para los homosexuales de África
    Nigeria y Uganda se sitúan al frente de la persecución contra la homosexualidad con dos leyes que incluyen penas de cárcel
    La religión está entre los acicates de la homofobia en el continente
    “Combatiremos a los homosexuales como a alimañas”
    ÓSCAR GUTIÉRREZ GARRIDO 16 FEB 2014 – 20:57 CET114
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    Retrato de un joven homosexual ugandés. / DESRUS BENEDICTE (CORDON PRESS)
    El mensaje de móvil decía lo siguiente: “Estoy muy enamorado de ti”. Salió del teléfono de Roger Jean Claude Mbede, joven camerunés muerto el pasado 10 de enero, a la edad de 34 años. El receptor del sms era un amigo al que conoció a finales de 2010, mientras cursaba un máster en filosofía de la educación en la Universidad de Centroáfrica, en Yaundé, capital de Camerún. El individuo del que Roger se había enamorado trabajaba en la administración de la Presidencia de la república, ocupada desde hace más de 30 años por Paul Biya. El 2 de marzo de 2011, este joven telefoneó a Mbede para invitarle a su casa tras llegar a su buzón telefónico la declaración de amor. Allí aguardaban al invitado por sorpresa dos policías en lo que, según llegó a concluir Mbede posteriormente, era una emboscada orquestada por su anfitrión y supuesto amigo. Siete días después entraba en la prisión de Kondengui con una condena de tres años y un estigma que le llevarían a la muerte: era homosexual.
    “Sus últimos días fueron un infierno”, admite en un intercambio de correos uno de los abogados de Mbede, el también camerunés Michel Togué, acosado y amenazado en su tierra por defender en los tribunales a un homosexual —se ha visto incluso obligado a enviar fuera del país a su familia. “La mediatización de su caso le ha expuesto a la homofobia de la sociedad camerunesa y de su familia”, continúa el letrado que junto a Alice Nkom y Saskia Ditisheim trataron de sacar del penal al joven camerunés. Ni los suyos pudieron resistirse a condenar a Mbede por su orientación sexual. “Le veían como un servidor del diablo”, señala Togué. Y por eso, como apuntan activistas que han seguido el caso hasta el triste final, le dejaron morir muy enfermo en su localidad natal, Ngoumou, cerca de Yaundé.
    MÁS INFORMACIÓN
    • Caza al homosexual
    Pero no siempre fue así. “Antes de que se revelase que era homosexual”, recuerda Togué, “Roger tenía una vida normal con su entorno, pero tras su condena, esa armonía se convirtió en una discriminación salvaje y una estigmatización total”.
    Mbede no es un caso excepcional, aunque por llegar su pena al Tribunal Supremo de Camerún se convirtiera en un símbolo, un ejemplo del maltrato, sentencia y marginalización de los homosexuales en ese país, que ha traspasado fronteras. La muerte de Mbede coincide con la reciente aprobación en dos países africanos de leyes que encierran a los gais entre rejas por serlo, mostrarlo o unirse en pareja; dos polémicas normas que persiguen a cualquiera que anime la homosexualidad —se haga como se haga eso— o participe en organizaciones o forme parte de clubes gais.
    Primero llegó Uganda, en diciembre, con el visto bueno parlamentario deun paquete legislativo que prevé incluso la cadena perpetua por actos homosexuales. El presidente ugandés, Yoweri Museveni, bien por la fuerte presión internacional —azotada por organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch— o bien porque no aceptaba alguna coma del texto, se negó a firmarlo en primera instancia y la ley está por el momento bloqueada. Un portavoz de Museveni admitió no obstante a la agencia de noticias AFP que el mandatario mantenía que los homosexuales están enfermos, pero que no por eso había que matarles o condenarles de por vida.
    El joven Mbede, muerto en enero, fue encarceldo por declararse por sms
    Eso habrá que verlo porque el pasado viernes, el presidente ugandés comunicó a miembros de su partido, el Movimiento de Resistencia Nacional, que firmará. Y lo hará avalado por el trabajo presentado por un grupo de científicos convocados por el Ministerio de Sanidad para resolver el siguiente dilema: el homosexual nace o se hace. La conclusión a la que han llegado apunta a que no existe “responsabilidad genética” en la homosexualidad, esto es, que no es una enfermedad, sino un comportamiento “anormal” que surge en la vida. Y visto así, hay que regularlo, han aconsejado a Museveni sus expertos.
    “La homosexualidad”, le comunicó al presidente el asesor científico Richard Tushemereirwe, según recoge Reuters, “tiene consecuencias serias para la salud pública y, por lo tanto, no debe ser tolerada”.
    Nigeria impone penas
    de hasta 14 años por uniones
    entre homosexuales
    Tras Uganda llegó Nigeria a mediados de enero, que si bien evitó la posibilidad de mandar a alguien a prisión a perpetuidad, sí marcó grosso modo dos caminos posibles: 14 años en el penal para los que, siendo del mismo sexo, osen celebrar su unión, y 10 años para aquellos que alienten la homosexualidad, participen en asociaciones gais, actos homosexuales… Aquí no hubo forma de bloquear nada. El presidente nigeriano, Goodluck Jonathan, firmó la norma —conocida como la ley “Encarcela a los gais”— y en prácticamente 24 horas empezaron los arrestos.
    Pero ni la ley viene de nuevas —fue aprobada ya en el Senado en 2011— ni la homofobia pilla por sorpresa a los nigerianos. Según pudo saber la ONG Amnistía Internacional, las autoridades del Estado de Bauchi, uno de los 36 que forman Nigeria, contaban ya con una lista de 168 personas sospechosas de ser homosexuales. Bauchi es, en cualquier caso, uno de los nueve Estados en los que rige la sharía (ley que aplica con rigor los dictados del islam) y juzga por tanto ilegal la homosexualidad —el pasado 17 de enero, la cadena BBC informaba de la condena en este Estado a 20 latigazos a un joven, Mubarak Ibrahim, por haber mantenido relaciones sexuales hace siete años.
    El presidente de Uganda firmará una ley que prevé la cadena perpetua
    “[Desde la aprobación de la ley] ha habido muchas detenciones, pero también han puesto a muchos en libertad posteriormente”, relata en conversación telefónica Makmid Kamara, investigador para Nigeria de Amnistía, organización que tilda esta norma, como lo ha hecho Naciones Unidas, de “draconiana”.
    Los arrestos, sirva de ejemplo Bauchi, no provienen solo de las fuerzas de seguridad del Estado o de la policía de la sharía. “Mucha gente se ha visto forzada a abandonar su casa por los ataques de grupos de ciudadanos”, apunta Kamara. “Hay muchos que se han tenido que ir a dormir con amigos para evitar a los asaltantes”, prosigue. ¿Por qué cebarse ahora contra los homosexuales? “No es nuevo, antes teníamos casos aislados de agresiones, pero ha habido una escalada de la violencia con esta ley”, responde el investigador de Amnistía. Preocupan las agresiones a esta organización, pero también la marginalización a la que los legisladores nigerianos han querido someter al colectivo gay, a los activistas que luchan por sus derechos, a sus organizaciones, a la libre asociación de personas…
    ¿Qué será, por ejemplo, de las ONG que tratan de prevenir el contagio del VIH y a las que acuden sin duda ciudadanos homosexuales? “Cualquiera puede caer en las manos de esta ley”, advierte Kamara, “y como ejemplo están las tomboys [mujeres con apariencia y comportamientos masculinos]”. También están en la mirilla de las masas que azuzan la homofobia.
    Camerún, Nigeria, Uganda, Ghana, Senegal, Gambia… Según las cifras de Amnistía, 38 de los 54 países del continente africano, un 70%, criminalizan la homosexualidad. En algunos, como Mauritania, Somalia o Sudán, ese delito puede llevar a una sentencia de muerte. ¿A qué se debe tan vasto rechazo a la homosexualidad en África? Motivos sociopolíticos hay muchos, pero hay uno que se repite más que otros: la religión.
    El 70% de los países africanos consideran un crimen
    ser homosexual
    El think tank estadounidense Pew Research Center trató de analizar en un informe datado el pasado mes de junio la aceptación que la homosexualidad tiene en el mapa del mundo. En bruto, el estudio concluía que allí donde la religión no tenía presencia en la vida de la gente, la homosexualidad contaba con mayor aceptación en la sociedad. También coincidía esta tendencia con aquellos países en los que la hucha anda algo más llena a final de mes. En los que caen del lado del globo más pobre y con una influencia de la religión notable —con excepciones, una cosa lleva a la otra—, pocos creen que la homosexualidad deba ser aceptada.
    Las cifras asustan, pero explican: en el África subsahariana, el 98% de los nigerianos consultados, el 96% de los senegaleses, ghaneses y ugandeses, y el 90% de los kenianos consideran que la homosexualidad es inaceptable. Dando la vuelta a los porcentajes, el exiguo visto bueno al colectivo gay resulta escalofriante: dos de cada cien en Nigeria, cuatro de cada cien en Senegal… Tampoco resulta muy diferente en el norte africano arabo-musulmán, y tan solo es algo menos inquietante en el sur, en uno de los países más desarrollados del continente, bandera de la lucha contra el racismo: Sudáfrica. Según el Pew Research Center, el 61% de los preguntados para el estudio rechazan la homosexualidad. Y eso que es legal y su discriminación pasa por ser inconstitucional.
    El empuje de la religión, de las religiones, iglesias, confesiones, etc. es también uno de los argumentos que el escritor keniano Binyavanga Wainaina, de 43 años y bien conocido en su país, trae a la charla cuando es preguntado por qué tantos africanos dan la espalda a los gais. Él es homosexual. Lo hizo público en su último cumpleaños, el pasado 18 de enero, en un texto personal y demoledor que ha sacudido el país y el continente bajo el título “Mamá, soy un homosexual”. Wainaina lo escribió como un capítulo perdido de su libro Un día escribiré sobre este lugar. Y lo escribió para afirmar que era gay ahora que sus padres, fallecidos, ya no podían escucharle.
    Activistas e intelectuales culpan a la religión de alentar la homofobia
    “Lo hice justo el día de mi cumpleaños”, relata en conversación telefónica y a ritmo acelerado el autor keniano, “para provocar una discusión entre los africanos y ver qué pasaba”. Admite que no sabía cómo explicarse, pero que la muerte de un amigo con sida hace ocho meses y las leyes aprobadas en Uganda y Nigeria dieron la puntilla a sus ganas de contarlo.
    “Nadie, nadie en mi vida ha escuchado esto antes. Nunca, mamá”, dice el texto publicado por el escritor en la Red (webs Africa is a country y Chimurenga Chronic). “No me fiaba de ti, mamá. Y. Yo. Cogí aire con fuerza y lo llevé hasta mi ombligo para dejarlo salir lento y firme, limpio y sin golpes, alto y claro por encima del hombro y hacia tu oído. Soy un homosexual, mamá”. Ya en Internet su canto de libertad, el perfil del escritor en Twitter empezó a recibir decenas de mensajes de agradecimiento y coraje, aunque también alguna salida de tono.
    Porque no todo en el vasto continente se tiñe de homofobia. El propio Wainaina rompe una lanza por una de las tierras que él más quiere, Nigeria. “Es un país que amo, precioso, con gente adorable y de mucho talento”, dice el autor keniano. Y dicho esto, al grano: según el autor de Cómo escribir sobre África, el “poder, dinero y apoyo” de esos que él llama “elementos conservadores y reaccionarios”, en otras palabras, las diferentes ramas religiosas que vertebran las creencias africanas, tiene mucho que ver en la homofobia que recorre su tierra. “Manipulan a la población”, sentencia. Wainaina recuerda, no obstante, que en los años sesenta y setenta, la tolerancia hacia la homosexualidad era mayor en África. Llegó la descolonización y nuevas iglesias, como el pentecostalismo o el evangelismo, se hicieron fuertes ante la incapacidad del cristianismo, llevado al continente por el hombre blanco, para afrontar los nuevos retos, para servir al ciudadano de esa experiencia espiritual que entonces necesitaba. Y de la calle, con un tufillo muy conservador, llegó a los Gobiernos.
    “No tengo miedo”,
    dice el escritor Wainaina
    tras hacer público que es gay
    “Nuestra libertad ha crecido”, reconoce Wainaina, “pero muchos Gobiernos quieren mantener el control; es importante que el mundo escuche las voces de libertad que vienen de África, de sus intelectuales, escritores, artistas… Necesitamos libertad para discutir”. Pero las voces se topan con la ley. Kenia también criminaliza los actos homosexuales. ¿Tiene miedo a las repercusiones de hacer pública su orientación sexual? “No, en absoluto”, se ríe con cierta sorpresa el autor keniano, “mi gente no es así”.
    La gente que se encontró Roger Jean Claude Mbede en la prisión de Kondengui sí era de la que hace imposible la vida a un homosexual. Las agresiones y malos tratos, de reclusos y funcionarios, acompañaron a Mbede en un penal en el que la falta de salubridad deja libres a las enfermedades. La hernia empezó entonces a hacer la vida imposible al joven camerunés. Tras varios recursos y por su enfermedad, Mbede obtuvo a los 16 meses de entrar en la cárcel la libertad provisional. Ingresó en un hospital, pero su familia decidió que no era lugar para él, que esa maldición debía morir en casa. Y así fue. Lo sacaron y se lo llevaron a Ngoumou.
    ¿Por qué tanto odio? “Creo que tiene que ver con ideas ya recibidas”, contesta Togué, el letrado de Mbede. “Porque esas personas que ven en el homosexual al diablo ignoran lo que es en realidad tener una orientación sexual diferente a la de la mayoría”

  4. Nos parece interesante este comentario que hace Antonio, del cual creemos que debemos aprender todos, y quitarnos esa mascara que tenemos con los africanos, porque cada vez que uno tiene oportunidad de leer un grafito convertido en una idea, sobre cualquier libro o pagina de las redes sociales, uno puede notar que los africanos singuen siendo monolíticamente, demasiado cerrados, impíos, deshumanizados (principalmente con sus mujeres, que son las que prácticamente tienen la mayor en su entorno) y donde el problema religioso ha jugado un papel importante no solamente en la coacción, coerción social, sino en todas las formas elementales que integran su vida, donde al parecer la vida tienen poca importancia, porque someter a un semejante solamente por ser diverso a cadena perpetua o a leyes consuetudinarias mucha más rígidas, deja mucho que desear, si las comparamos los avances que vienen dando en otras culturas…, por ello pudieron ser dominados por los europeos por muchas centurias y tal dominio llevó al origen de la Trata Negrera y al nacimiento del capitalismo en el Mundo. Por tales razones, comparto la inquietud de este comentario, porque es delicada la manera como los africanos tratan a sus propios originales o congéneres. Cuestión que los europeos supieron comprender y tomar ventajas, porque sabían, que su presencia le daba otro matiz. a tal realidad, donde impero y sigue imperando la barbarie y el primitivismo (lo que no quiere decir… que sean todas las culturas africanas).
    Por tales razones, estamos América está alejada totalmente de estos estereotipos de conducta, que no son nada agradable y que deben ser tomada en cuenta por aquellos que asumen que son descendientes de africanos o afrodescendientes y idolatran las culturas africanas.
    Le agradecemos Afrofémina, por permitir en su pagina, este tipo de comentarios o artículos y por noasumir una posición cerrada, como hace otros de otras páginas.

    • Me parece que tu comentario trata de estereotipar a los africanos, porque homofobia existe en países que se creen de vanguardia como Rusia, donde se han decretado leyes que impiden “escenas que fomenten conductas sexuales inapropiadas”, hace poco en ese país se censuro una escena de “La bella y la bestia” por considerar que se fomentaba la homosexualidad, yo vi la película y para nada era una escena digna de censura, y si los rusos son unos tremendos homófonos y machistas que yo los trato a diario, de hecho en el bloque socialista a mi entender se quedaron con ideas propias del siglo XIX en muchos aspectos, como la homofobia y el machismo, si Cuba se ha abierto un poco más en cuanto a homofobia en los últimos tiempos es porque la hija de Raúl Castro es lesbiana.
      En América Latina también hay mucha homofobia, en México han ocurrido asesinatos debido a ello, además recordemos que la FIFA ha sancionado a México por sus gritos homófonos, inclusive en Centro América hay personas que huyen pidiendo asilo a otros países por razón de su homosexualidad. Eso se da inclusive en las élites blancas racistas latinoamericanas, porque en las comunidades indígenas varía dependiendo del grupo, por ejemplo los muxes de Oaxaca siendo hombres asumen roles femeninos y son respetados en sus comunidades, en ciertas tribus de Norteamérica también son tratados con consideración debido a que guardan las dos identidades.

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