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miércoles, abril 24

Akademia con K de Kilo


Las personas son valoradas, ya sea en dinero o en méritos, para engordar el insaciable ego de la Academia blanca, sumun del conocimiento e ignorante de sus carencias al dejar fuera de sus
filas los saberes de tantas mujeres y personas no occidentales. Así como el derecho de estudio y aporte de estudiantes que no cumplen con los estándares establecidos por la burguesía
masculina que la hizo nacer.

La criba para formar parte de esta élite se realiza en función de alguno de los dos factores que
he mencionado anteriormente, pero la consecución de los méritos también parte de tener una
suerte de privilegios en tanto que, para llegar a una media concreta se precisa contar con
ciertas características generales que son comunes a la parte de la población integrada.



La media hace a la clase media que, absorta en muchos casos por las migajas que caen de las
rebanadas de quienes han nacido en la cima sin tener que subir escaleras. Se da golpes en el
pecho diciendo que si más abajo no cae nada es porque ella merece más.

En ese juego donde – como de costumbre – siempre gana el juego, llevamos metidas
demasiado tiempo, haciendo girar la noria como hámsteres enjaulados que creen llegar a algún
lado.

Al acercarnos al trozo de queso que sostienen los dedos que se esconden detrás de los
barrotes, nos encontramos con que nos lo disputan y, en lugar de enfadarnos porque hay poco
queso, nos ponemos a comparar los pasos que hemos dado con respecto al resto y tratar de
resultar ganadores de por lo menos un pedazo.



Queda fuera el cojo, el que no tenía rueda, el que tenía insomnio y por fin consiguió dormir, el
que tomaba medicación, el que no tenía fuerzas porque no había comido, el que no se podía
levantar porque estaba deprimido.

Así se separa al pueblo, condenando al ostracismo; a quien resulta perdedor en una rivalidad
entre hermanos y que se batalla con las armas de quienes no se manchan las manos.
Es un imperativo asegurar el derecho a la vida para que la educación pueda considerarse
realmente pública, puesto que la primera es previa y necesaria para alcanzar la segunda y, en
caso de invertir los factores, ni todo el mundo va a poder vivir ni todo el mundo va a poder
estudiar, lo que en tal caso vendría a ser lo mismo.

¿Qué podemos hacer nosotras?

Yo no tengo las respuestas, pero se me ocurre que, cambiando la dirección de nuestro dedo
índice, ampliando el campo de visión no sólo a través de unos prismáticos sino acercándonos
con nuestras piernas al terreno desconocido, intercambiando y divulgando nuestras historias,
añadiendo un interrogante a las afirmaciones occidentales, un espacio donde quepan otras
realidades y un punto final a cualquier atisbo de comerciar con el conocimiento poniendo precio

Sheila Álvarez

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