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miércoles, abril 24

Tesh Sidi: «Creo firmemente que debemos arrebatar las instituciones al odio, al trumpismo y a los que nos gobiernan sin que los hayamos elegido»


A las mujeres racializadas nos atraviesan muchas circunstancias, adversidades y todas nos construyen. Tesh Sidi, que formaba parte de la lista de Más Madrid para las autonómicas de este 28 de mayo, fue despojada de su candidatura por un error burocrático en su padrón, y no se la ha permitido competir por su escaño en la asamblea madrileña. Las mujeres migrantes y racializadas conocemos muy bien esto «errores» que siembran nuestro paso por este país.

Nacida en el campo refugiados de Tinduf, ha llegado a ser una ingeniera informática de prestigio. Es de esas personas que no necesitan (de verdad) la política para vivir y se ha metido en esto porque tiene muchas ganas de cambiar las cosas. Activista por los derechos del pueblos saharaui y antirracista, siente con todo el derecho, que también forma parte de este país, ya que se ha criado, como muchos de sus compatriotas, entre su tierra y España.

Hemos querido entrevistarla en Afroféminas, para que nos cuente sus razones para entrar en la aventura política en una plaza tan dura como el Madrid de Ayuso. Esto es lo que nos ha contado:

Lo primero de todo. ¿Por qué decidiste presentarte a las elecciones en Madrid y por qué con Más Madrid?

Me mudé a Madrid hace casi 7 años.  Llegué a esta ciudad tras finalizar los estudios de grado y he de reconocer que no era una de mis primeras opciones, pues nunca había estado aquí. Al final, decidí mudarme por varios motivos: había finalizado mis estudios y la etapa universitaria había quedado atrás, así que todos mis amigos se habían marchado a sus hogares y, de alguna manera, me quedaba sola; por otro lado, siempre me han encantado las grandes ciudades y el anonimato que te ofrecen, por lo que sentía que Alicante ya se me quedaba pequeño. La última razón -aunque bastante determinante- es que, debido a mi condición de migrante en un limbo legal que me obligaba a seguir siendo refugiada en España, no podía salir del país. Madrid fue, entonces, la ciudad en la que consolidé mi identidad, mis hobbies, mi profesión y un largo etc. De hecho, de quedarme a vivir en España, solo me veo viviendo en esta ciudad o muy cerquita de ella.

Desde hace 3 años soy una persona muy activa en espacios, organizaciones y redes sociales. Mi principal objetivo, al principio, era denunciar las atrocidades que sufre el pueblo saharaui, pero me fui dando cuenta de lo transversal que podía ser el problema. Durante bastante tiempo hice activismo aislado y muy enfocado a un único público. Pero me acabé dando cuenta de que mis circunstancias como persona migrante y mujer eran un espacio más en el que militar y en el que podría encontrarme con gente que sumaba otras luchas. El pasado octubre me ofrecieron desde Más Madrid la posibilidad de canalizar todo mi activismo a través de la política institucional y, la verdad, no dudé en decir que sí por varios motivos. Principalmente, porque considero que se trata de un partido dentro del espectro de la izquierda transformadora que, además, está muy alineado con mis ideas. 

Pasar a la política institucional es un gran paso para el pueblo saharaui; es un mensaje muy importante para los gobiernos centrales que han intentado silenciarnos estos últimos 50 años. Pero, además, considero que es una buena noticia para todas las personas que luchamos por una vida digna en España; esos hijos e hijas de migrantes que nos sentimos huérfanos de partidos y personas que nos representen en las instituciones. Unas instituciones que, me he ido dando cuenta, velan solo por los intereses de algunos.

-Eres una mujer con un alto perfil profesional vinculado a las nuevas tecnologías. Lo desconozco pero seguramente perderías dinero en ella. Además optabas a la Asamblea de Madrid, donde Isabel Díaz Ayuso ha instalado unos modos muy duros, con ataques personales y descalificaciones al más puro estilo trumpista. ¿Merece la pena meterse en este lío?

La verdad es que entré con la ilusión de que alguien se leyera mi curriculum antes de insultarme por redes, con la ilusión de darle un zasca a todos aquellos racistas que nos desprecian por el mero hecho de ser extranjeros. Me esperaba, incluso que a los que yo pretendía representar se sintieran orgullosos de que diera este paso. 

La verdad que nadie se leyó mi biografía académica, ni le dió importancia a que me había hipotecado para tener unos estudios superiores. Las críticas eran las de siempre: “la mora de Más Madrid”, “Vete a tu país a defender tus intereses”, “Más Madrid se presenta en el Sahara”, “esta tipa ha estudiado en la privada” “la nueva izquierda que trabaja en el Banco Santander…” Son mensajes sin importancia, pero que me dejan algo muy claro: la sociedad está polarizada y con sesgos ideológicos muy importantes. 



Como comentas, mi actual salario y beneficios sociales superan los que percibiría como diputada de la Asamblea; el horario es distinto, e incluso significa un parón en mi carrera profesional y proyección de futuro. Muchos consideraron que daba este paso para vivir de la política, pero yo lo dí por lo que significaba para mucha gente. Puse sobre la mesa todas las cartas -mi futuro, mi reputación, mi tiempo y mi dinero- y aposté todo por esta decisión. No me arrepiento de ello. Lo hice porque creo, firmemente, que debemos arrebatar las instituciones al odio, al trumpismo y a los que nos gobiernan sin que los hayamos elegido.

Desde el colectivo migrante y la comunidad saharaui se celebró efusivamente tu fichaje por Más Madrid. Muchas organizaciones han dicho que tu presencia tiene un valor simbólico evidente. ¿Es importante para ti la representación para las personas y colectivos BIPOC o con las buenas políticas bastan?

La representación es crucial; las buenas políticas vienen con esa representación. De hecho, siempre recalco que los derechos son teóricos y se han ganado con personas a las que les ha afectado directamente.  Creo que se pueden desarrollar políticas por personas no migrantes, pero con una clara supervisión por nuestra parte. Es complejo desarrollar políticas eficaces sin contar con el afectado, sin contar con una perspectiva de género y las realidades de las personas.

Uno de los movimiento políticos que más he admirado ha sido el de la Regularización Ya, que ha mostrado, claramente, que un movimiento autoorganizado que cuenta con personas con orígenes muy diferentes puede conseguir que se hagan políticas para la mayoría. Los derechos se ganan con personas a quienes interpelan directamente, y se protegen con personas a las que les afectan. Los derechos se ganan, pero también se pueden perder. No queremos altavoces, queremos ser nuestra propia voz en todos los espacios posibles.

¿Qué importancia ha tenido para ti y en tú decisión lo sucedido con el cambio de postura del PSOE en relación al Sahara Occidental y el colonialismo marroquí?

Al principio, me sentí algo decepcionada. Hoy en día, analizo esta situación de manera muy pragmática y me doy cuenta de que le importamos poco a los Gobiernos españoles; incluso el componente ideológico de los partidos va desapareciendo poco a poco cuando llegan al gobierno, donde todos acaban tomando decisiones muy similares.

La RealPolitik es el mantra en que todos se escudan cuando toman decisiones tan vergonzosas como la que ha tomado Pedro Sanchez. No creo que fuera ninguna sorpresa para ningún saharaui, todos los presidentes socialistas han normalizado la ocupación. Pero la postura de Sanchez no solo afecta al pueblo saharaui, también amenaza los derechos del pueblo marroquí. Cuanto más se blanquea una dictadura o un estado como el sionista y marroquí los afectados pasan a ser su propio pueblo. 

Todo el mundo tiene asimilado que Marruecos es una dictadura férrea, donde los derechos fundamentales brillan por su ausencia, pero el gobierno de España intentará por todos los medios revalidar su gobierno, incluso si eso supone masacres como la de Melilla, el robo de votos, miles de muertes en el Mediterráneo… todo vale siempre que el crimen se cometa fuera de nuestra fronteras.

No nos gobiernan movimientos ideológicos.

Muchas veces tenemos la impresión de que las personas racializadas cumplen una función decorativa en los partidos españoles. ¿Qué opinas de esto y por qué no es este el caso?

Creo que a las personas migrantes nos cuesta muchísimo implicarnos en la política ya que muchas veces estamos privadas del derecho a sufragio, seguimos sobreviviendo a la precariedad laboral, la nuestra y la de nuestros familiares. Eso nos imposibilita vernos en las instituciones.

Muchas de las personas migrantes que han pasado a la institución -muchas veces líderes de movimientos sociales- lo han tenido que hacer a costa de dejar huérfanos estos movimientos; y muchos de los políticos de origen migrante pierden su capacidad crítica al acabar homogeneizando su opinión con la del partido. Pero lo más grave es que, por el mero hecho de ser migrantes, acaban delegando la representatividad de todos los pueblos migrantes, y las políticas que afectan a las personas migrantes.

Cuando dí el sí quiero a Más Madrid, les dejé claro que quería trabajar en cosas similares a mi profesión porque, aunque pueda aportar mi experiencia para desarrollar políticas migratorias, creo que es importante poner en valor nuestra profesión. En el activismo se suele eliminar mi categoría profesional y se reduce mi currículum al de ser activista, cuando creo que ambas cosas son complementarias para hacer política.

No sé si dentro de la institución hubiera cambiado mi destino y hubiera acabado como todos, no es algo a lo que pueda responder; pero, al menos, entré con esas ideas claras, y siempre estaba dispuesta a denunciarlo si se hubiera dado el caso. 

También creo que se necesitan varias legislaturas para que el ser migrante pase desapercibido.

Se ha anulado tu candidatura por un error burocrático. La consecuencia de ese error es que anulan tus derechos de participación política, a pesar de ser un error ajeno a tu persona. ¿Cómo ves este asunto y como está ahora?

Ha sido un proceso muy duro a nivel personal, lo he manifestado muchas veces en redes sociales. Lo he pasado mal por las expectativas que muchas personas habían puesto en mí, porque mi madre se sentía culpable por el mero hecho de haberla ayudado a empadronarse, porque nadie llegó a comprender que no es el hecho de un padrón. Detrás de toda la historia estaba yo, una saharaui que había crecido sin su familia, con una madre que había sufrido un grave accidente, una persona que había hecho todo lo posible por ayudar a su familia todos estos años y, por querer contribuir al bien común, estaba expuesta ante miles de medios de comunicación y personas incapaces de comprender mis circunstancias.

Sabía, perfectamente, que un error administrativo había jugado en mi contra y estaba dispuesta a asumirlo, aunque me parezca injusto. Lo que sí me frustró es que mi recurso ni siquiera fuera admitido a trámite por la instancia que vela por nuestros derechos como ciudadanos; el Tribunal Constitucional me cerró la puerta como tantas veces lo habían hecho las administraciones españolas.

Me quedo con una derrota con sabor amargo, con mucha decepción. Pero no pienso dar un paso atrás en esta lucha y, personalmente, lo elevaré al Tribunal Europeo, independientemente de ganarlo o no. Son mis derechos y deben ser atendidos.

Se ha demostrado al final que sí voto en Madrid y estaba censada en tiempo y forma. He tenido muy mala suerte en este proceso y, a pesar de toda la violencia que he sufrido, seguiré pensando que tenemos que entrar en las instituciones.

¿Crees que tu origen saharaui, tu racialidad ha jugado un papel importante en este caso?

No quiero pensarlo, pero la experiencia me ha demostrado -a mí, y a muchas compañeras y compañeros migrantes- que mi origen ha podido influir en ciertas decisiones que se han ido tomado en en este proceso.

Como saharaui con aspiraciones de entrar en política, sabía que no iba a ser fácil. Es cierto que la izquierda tiene fuertes contrincantes, como a Ayuso, pero hay que entender que yo, por el hecho de ser saharaui, ya tenía verdaderos enemigos y con muchos tentáculos. El lobby marroquí en España es muy conocido y sabemos que llega a los lugares más insospechados. Mi paranoia era tal que llegué a descargarme el software que detectaba Pegasus y lo he compilado para verificar si era víctima del famoso espionaje a activistas, periodistas y políticos..

Los saharauis en España tenemos una larga experiencia con las administraciones y políticas que nos cancelan, y que quieren que desaparezcamos, pero no lo van a conseguir.

Hablemos de futuro, Tesh Sidi ¿que traería a la política madrileña y española? ¿Cuál sería una buena política madrileña para los colectivos migrantes y racializados?

Tengo un sueño -que puede parecer una utopía-, y una creencia clara: que quienes nos deben representar son plataformas políticas que aglutinen movimientos sociales. Creo, firmemente, que las personas migrantes que nos representen tienen que votarse por las bases, un proceso de primarias, para no despojar al movimiento de los líderes, o que, si sucede, sea por proceso democrático elegido por ese colectivo. Creo que es la única manera de sentirnos representadas y de presionar en la política, lo que es algo contradictorio con mi proceso personal. He entrado sin ser elegida y sin ser militante de ningún partido. Por eso, no me preocupa tanto no figurar en una lista electoral, porque sé que seguiré al lado de la base a la que estoy representando y preguntando de forma constante.

Creo que el concepto plataforma política puede conseguir el desarrollo de políticas comunes e interseccionales, donde todos somos una prioridad y la misma política se desarrolla bajo la supervisión colectiva.

Como comentaba al principio, empecé luchando en solitario y cada día formo parte de más colectivos; colectivos que sostienen con su músculo social cada una de mis luchas. Seguiré haciéndolo porque es la única manera de llevar nuestra forma de hacer política a las instituciones. No nos tienen que enseñar, deben aprender de nosotras.


Elvira Swartch Lorenzo

Colaboradora SIEMPRE en Afroféminas.


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