De la música y otros demonios

Bien dicen que para gustos colores, y por qué no, cada quien tiene preferencias distintas, en eso no me meto, es más respeto la opinión de cada persona. Hace varios días una compañera de estudios y también de luchas feministas, compartió en sus estados de WhatSapp la imagen de un video musical protagonizado por J Balvin y la rapera Tokischa con título deplorable (disculpen la crudeza de mi adjetivo pero creo que no tiene otra denominación) “Perra”, pero es que todo no para ahí, el video es mucho peor. Mi compañera indignada hacía un llamado de atención sobre el mismo resaltando su carácter machista, sexista y racista.

Confieso que cuando vi lo que mi compañera compartió ni ganas me dieron de visualizar el video, no acababa de comprender cómo en la música aún seguían reproduciendo patrones sexistas y racistas; ¿es que solo les interesa monetizar?, y, ¿lo que ve la gente, lo que interpreta la gente? Definitivamente ese video es una ofensa lacerante hacia mis derechos como mujer.

Por fin lo vi, antes de escribir estas líneas necesitaba estar consciente de la gravedad del problema (como se dice en mi país), y ¿qué vi?, pues contenido sexista y racista. Aquí el punto es cómo son vulnerados los derechos de la mujer, cómo es cosificada.

Tanto el video como la canción son vejatorias, promotores de la violencia de género, sexualizan una vez más a la mujer negra. No es la primera vez que los videos musicales son portavoces de actitudes machistas, y racistas, pero parece que no aprenden la lección. Constantemente nos bombardean tanto las redes sociales como la maquinaria televisiva de contenidos de este tipo, me molesta que se sigan extendiendo como una plaga que parece no encontrar cura.

El video en cuestión retrata a la mujer negra hipersexualizada, perpetúa de forma sistemática el racismo, el machismo, el sexismo existente en la sociedad. Esta conducta se visibiliza en diferentes videos musicales que lejos de obrar activamente para cuestionar o contribuir a minimizar estas problemáticas, las reproducen de forma sistemática.

Una imagen de dos mujeres arrastradas por el suelo ataviadas con nariz y orejas de perro, es un fiel ejemplo de una reproducción de la sumisión y la esclavitud que mucha gente sufre en todo el mundo, y este video lo refleja de esa forma. La letra de la canción constantemente tiene abiertas expresiones sexistas, racistas y machistas. Protagonizan el video, dejando a un lado a los intérpretes mujeres y personas afrodescendientes razón más que suficiente para apreciar cómo el racismo es llevado a la pantalla una vez más.

Este material incita a la violencia contra la mujer al normalizar posturas o imaginarios vergonzosos que subvaloran y cosifican el cuerpo femenino y lo muestran como un objeto de propiedad de los hombres.

Tanto el tema como el video son despreciables, definitivamente aún queda mucho por hacer en esta sociedad que aclama conseguir un trato igualitario para todas las personas.

Acabemos de entender que tanto la música como el arte son una forma de expresión, pero también un instrumento para cambiar nuestra realidad. Artistas necesitamos más letras inteligentes, necesitamos que se unan en una lucha que es de todos y para todos.


Zaida Fabars

Cubana, estudiante de Periodismo y amante de la radio.

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