“Lo que he aprendido en este tiempo es que en el tema de la salud mental, o tienes dinero o te mueres.”

Adrián parecía feliz, trabajaba como programador informático, acababa de comprarse un coche y había conocido a un chico que le gustaba. Este mes de mayo habría cumplido 25 años, pero se quitó la vida a finales de agosto de 2020. Escribió una nota de despedida en la que decía que nadie le iba a querer por ser negro y que no podía soportar ser negro en un mundo de blancos. 

Su familia reconoce que cualquier suicidio tiene causas multifactoriales pero también afirma que el racismo tuvo mucho peso a lo largo de su existencia. Cuentan que, desde pequeño, fue extranjerizado y que, como a tantos niños no blancos nacidos en España, le preguntaban constantemente de dónde era o le mandaban a su país, aun siendo del madrileño barrio de Carabanchel,  y que eso condicionó su manera de relacionarse. Las sucesivas experiencias racistas en el ámbito escolar y fuera de él provocaron que se convirtiera en un chico introvertido que pasaba mucho tiempo en su habitación, delante de la pantalla del ordenador. 

En la actualidad, su madre, Marta Lardín, y su hermana, Chrystelle Lardín, son conscientes de que ese aislamiento tal vez no era solo por su timidez, sino que se trataba de una señal de que algo no iba bien. Adrián tenía depresión, antes del confinamiento pidió ayuda pero recibió una atención tardía, demasiado espaciada en el tiempo y escasa. Hoy ya no está, por eso sus seres queridos hablan, para denunciar que los recursos que se destinan a la salud mental por parte de las instituciones son insuficientes y con el fin de tratar de evitar que más familias sufran por culpa de la que, a día de hoy, es la primera causa de muerte no natural en España.

Ha pasado algo más de un año desde que Adrián falleció, ¿qué tal estáis? 

Marta. Me encuentro a ratos mejor y a ratos peor, tengo muchos días malos, los peores han sido su cumpleaños y el aniversario de su muerte. 

Chrystelle. Yo digo siempre que mi vida se apagó con la de mi hermano. El año pasado, por ejemplo, estudié y trabajé y estaba agotada, pero la hiperactividad me servía para no pensar. Aparte, a día de hoy no puedo dormir sola. 

¿Cómo era él? 

C. Muy introvertido pero, al tiempo, alguien con un gran sentido del humor. Tenía una colección de vinilos enorme porque le encantaba la música y desde bien pequeño se hizo muy fan de Britney Spears. Quizá se sintió identificado con los abusos que ella padeció. 

M. También era muy sensible y creo que eso le ha perjudicado mucho. Quizá si no hubiera sido tan sensible, hubiera reaccionado mejor o se hubiera enfrentado de otro modo con la vida. Yo sentía que me culpaba un poco, porque varias veces me preguntó por qué, siendo blanca, me había casado con un hombre negro. Por cómo le han tratado y cómo ha sido su vida, llevaba muy mal su color de piel, su pelo afro… 

¿Y cómo se forjó ese autoodio? 

C. El principal motivo, y en ese sentido hemos tenido muy mala suerte, es que nos ha faltado una figura negra. Hemos crecido con una madre blanca y un entorno que nos preguntaba que si éramos adoptados y que por qué éramos negros. 

No obstante, sí tengo algún recuerdo de mi padre. En una ocasión nos llevó al colegio, yo estaba muy contenta porque era la primera vez que lo hacía, sin embargo, al llegar al colegio, todo el mundo se le quedó mirando fijamente. Me sentí tan incómoda, que empecé a caminar alejada de él, como si fuera un desconocido. Con todo, no debió surtir efecto mi estrategia puesto que mis compañeros no pararon de comentarme sorprendidos que mi padre era negro, como si fuera algo malo o como si yo no lo fuera. Algo curioso, teniendo en cuenta que a diario me llamaban negra y se metían con mi pelo .  Ahora bien, mi padre tiene una piel más oscura que la mía y para mucha gente, parece ser que eso es peor. Es normal que con vivencias así , desde pequeña, tu cerebro asocie lo negro a algo negativo. 


Librería de Afroféminas



No obstante, no solo el alumnado puede ser racista, el profesorado cuando se empeña en preguntar por el origen de la gente, aun cuando dicen que son españoles y continúan queriendo saber de dónde son los padres y madres, hasta los abuelos o en qué trabajan, no ayudan. 

No se puede exigir que un niño se comporte o tenga las mismas reflexiones que alguien adulto. La mayoría de mis compañeros eran latinos y yo, personalmente, no es que me sintiera inferior, es que quería ser como el resto, para que me dejaran en paz, para que no hicieran bromas o se metieran contigo. 

A mi modo de ver, la raíz de todo está en la etapa escolar y luego ya, sales al mundo y ves que no te contratan a ti, pero sí a tus amigas, que vas en el metro tan tranquila y te sueltan algo racista…

¿Marta, y tú sabías lo que pasaban tus hijos? 

La mayoría de las veces, no. Me lo empezaron a contar de mayores. Puede que no se atrevieran a confesármelo porque sabían que yo iba a defenderles y porque no querían preocuparme. Yo he tenido que trabajar muchas horas para poder sacar adelante sola a mis tres hijos. Han  tenido que cuidarse entre ellos y crecer muy deprisa. No tenían a su padre para estar con ellos, ya que les abandonó. 

¿Cómo es para una madre blanca educar en solitario a niños que no lo son? 

Es que para ti, tu hijo no tiene color, es tu hijo y punto e intentas educarle en valores, como buenamente puedes, como a ti te han enseñado. 

Chrystelle, puedo entender que si vuestra única referencia negra era vuestro padre y no teníais casi relación con él, de alguna manera, rechazarais vuestra negritud y vuestra africanidad. 

Claro. Lo que sucede es que llegó un punto en el que yo me di cuenta de que tenía que reconciliarme con esa parte de mí. Me ha venido muy bien seguir a gente en redes sociales, comenzar a leer libros que siento que me conciernen y que me sirven para entender muchas cosas de las que me han sucedido. Fíjate si todo eso me ha sido útil que hasta me he tatuado un mapa del continente africano.

Para mí es una  pena que, pudiendo haber tenido dos culturas y dos idiomas, mi padre no nos enseñara nada de su país. Eso ha provocado que, a veces, ni mi hermano ni yo nos hayamos sentido parte de la comunidad africana, ya que tenemos una laguna enorme de vivencias y conocimientos.  Ahora sé que soy una hija del camino. 

¿Creéis que por el hecho de ser un chico gay, Adrián tuvo un extra de problemas?

M. Yo creo que ha sido un cúmulo de todo, aunque su hermana dice que su homosexualidad la tenía muy asumida. No obstante, sentirte diferente de todas las maneras, por ser birracial y homosexual, quizá eran demasiadas cosas a asumir. 

C. Él comentaba que ser gay era lo mejor que le había pasado porque gracias a eso había conocido a su grupo actual de amistades. Es verdad que, al tiempo, eso es lo que más daño le hizo porque vio que no le aceptaban, que no le veían guapo y que no era lo que los chicos buscaban, porque como él comentaba, la comunidad LGBTQ es un mundo muy superficial con un canon de belleza muy exigente en donde los chicos blancos de gimnasio son los que triunfan. 

M. Yo les decía que era guapísimo, pero era yo, su madre, contra el mundo. 

La hermana y la madre de Adrián.

¿Adrián nunca evidenció que quisiera suicidarse? 

C. Cuando yo tenía 15 o 16 años, llamaron a mi madre para decirle que mi hermano estaba en el ambulatorio porque le pasaba algo muy grave. Al llegar ahí le explicaron que llevaba años autolesionándose. En ese momento, apenas se hablaba de suicidio y no estábamos concienciadas, tampoco tu mente es capaz de aceptar que un ser querido sería capaz de hacer eso. Yo no me lo tomé como que se quería quitar la vida, sino como una llamada de atención para pedir ayuda. Tras eso, estuvo internado varios días en la Fundación Jiménez Díaz. 

M. Así es, mi hijo llevaba mal desde los 13 años y pidió auxilio de ese modo a los 18. Ahora sabemos que el hecho de que estuviera siempre encerrado no tenía que ver con su personalidad sino con que estaba mal.  

Y teniendo en cuenta todos estos precedentes, ¿él recibió atención psicológica tras el ingreso? 

C. Sí, estuvo yendo al psicólogo algún tiempo, pero no surtió mucho efecto. Considero que es importante que, de igual modo que hay profesionales que cuentan con una perspectiva de género, los haya también con perspectiva de raza y racismo, o que sean personas racializadas para que puedan entender lo que padecemos, no lo minimicen y así puedan ayudarnos a gestionar lo que llevamos dentro.  

Por otro lado, el psicólogo de la seguridad social no resulta demasiado útil dado que dan cita cada tres meses o más. A eso no se le puede llamar seguimiento ni ayuda. Se opta por la vía de sedar a la gente a base de medicación. A mi hermano se le puso la mirada triste, estaba adormilado, ralentizado, muerto en vida y llegó un momento en el que, como no sentía que mejoraba, dejó de tomarse el tratamiento.  

Poco antes del confinamiento, pidió que le volvieran a ingresar porque se encontraba muy mal, no pudo ser, luego le retrasaron muchísimo las citas por la pandemia. Finalmente, le mandaron a casa recetándole unas pastillas. 

¿Y una vez acabó el encierro, qué?

C. Parecía muy animado, hasta se compró un coche con el que hizo bastantes viajes con sus amigos e incluso fue a Valencia porque tenía un ligue ahí.  Además, salía con un grupo de amistades que había conocido hace poco y con quienes iba al orgullo LGTBIq+. Yo estaba muy tranquila porque le vi más feliz que nunca. 

Entonces, ¿qué paso?

M. El día 31 de agosto de 2020 se quitó la vida. 

C. Encontré dos notas en su cuarto. En una escribió sus últimas voluntades, también le pedía perdón a mi madre, aunque añadía que no le tenía que haber tenido nunca. 

En la otra nota enumeraba los motivos por los que se quitó la vida, en total unos veinte y todos relacionados con ser negro: porque siendo negro nadie le iba a querer, porque no quería sentirse solo el resto de su vida, porque era muy difícil ser negro en un mundo de blancos…  Esta frase final me marcó muchísimo. Vivimos condicionados, aunque tú intentes decir que te da igual, te toca afrontar situaciones desde la infancia que o bien puedes dejar pasar, o bien enfrentarte a ellas. Yo he elegido enfrentarme a ellas y mi hermano prefirió dejarlas pasar hasta que le comieron por dentro. 

¿Cómo ha cambiado vuestra vida?

M. Completamente, ha supuesto un palo tan enorme que, si no fuera porque tengo dos hijas más, tampoco hubiera continuado viviendo. La muerte de cualquier familiar duele, pero que tu hijo se muera antes que tú, que le tengas que enterrar y en estas circunstancias, es algo que no se supera nunca. 

C. Me pasa como a mi madre, ya no soy la misma. Antes lo que me mantenía con ilusión por la vida era ser periodista, pero ya no estoy motivada. Sigo llevando a cabo mis rutinas pero apagada. Ya ha pasado un año y pienso en él desde que me levanto hasta que me acuesto. Actualmente, mi objetivo en la vida es tener estabilidad y formar una familia, lo que nunca he tenido. 

¿Os habéis sentido culpables?

M. Mucho. Pero es que encima que me dijera que ojalá no le hubiera tenido… es algo que me machaca. 

C. Yo también me he sentido culpable. Desde que pasó, en mi cabeza, todo el rato pienso en las conversaciones que me faltó tener con él. Yo he conseguido reconciliarme con mi parte negroafricana y me hubiera gustado inculcárselo a él. 

¿Por qué habéis querido que os entreviste? 

C. Por él. Considero fundamental contar la historia de mi hermano para que, aunque en su caso fueran un cúmulo de circunstancia, es fundamental que se sepa que hay racismo en España. Recuerdo que cuando pasó lo de George Floyd, la mayoría de la gente pensó que eso es algo que solo se da en EEUU y no. Yo, sin embargo, he vivido racismo desde el colegio, por parte del profesorado, del alumnado, incluso en el metro, sin hacer nada, me he llegado a topar con personas que me dicen que hemos, en plural, venido a quitarles los puestos de trabajo a lxs españolxs. Hasta a la hora de buscar trabajo he tenido problemas.  Compatibilizo la carrera de periodismo con mi trabajo de azafata de eventos, pues bien, fui la única de mi grupo de compañeras a quien no cogieron para trabajar de imagen en una discoteca. A mí me dijeron que para eso no, pero que sí podría participar en fiestas privadas que, básicamente, era para ser prostituta. 

Me sienta muy mal que se niegue el racismo o que se le quite peso. Lo curioso es que cuando me lo discuten, me dicen que si no me gusta me vaya fuera o a mi país. Mi país es este. No sé cómo hubiera sido mi vida de haber vivido en otro lugar, pero sí sé que mi hermano, debido al racismo que se da en España, ya no está aquí. 

¿Cómo lleváis que el tema del suicidio sea un tabú en los medios? 

M. Es como si dijéramos que no se puede hablar del cáncer o de cualquier otra enfermedad. La depresión provoca un montón de suicidios,  es una enfermedad como cualquier otra y debe tener visibilidad para que pueda ser tratada en condiciones. 

C. El hecho de que no se hable de suicidio es una sentencia de muerte para toda la gente que se lo está pensando. Es verdad que es muy difícil tratar las ideas suicidas, ayudar a estas personas a entender lo que les pasa y comunicarlas es el primer paso para liberarse de ellas. Para ellos, no es fácil entender que el suicidio es una solución permanente para un problema solo temporal, piensan que es la única salida y no es así. Necesitamos más programas y ayudas de prevención del suicidio, que sepan que no están solos. 

¿Y estáis en asociaciones de las que luchan contra el suicidio*?

M. No, por lejanía, por tiempo y por dolor. Quiero, pero aún no estoy preparada para escuchar hablar de eso, necesito tiempo y que se cure la herida. 

¿Un consejo para quienes tengan algún ser querido que haya manifestado que quiere suicidarse?

C. Para personas que estén conviviendo o tengan personas queridas con ideas suicidas, depresión o ansiedad, que miren cada señal, que les pregunten qué tal están. Por mucho que parezca que les están molestando, es lo que necesitan. Que tengan claro que todo cuenta, que si alguien dice que se quiere morir o que no quiere estar en este mundo, va en serio. A diferencia de lo que nos han contado, en infinidad de ocasiones, quienes se van a suicidar sí avisan. Así que en el momento en el que vean a personas de su entorno con este tipo de ideas, que pidan ayuda, que les lleven a profesionales, aunque parezca muy caro, si cuentan con el dinero, la salud mental no tiene precio. 

Si no cuentan con la economía suficiente, que sepan que hay asociaciones y psicólogos gratuitos**. Que no se rindan desde el principio porque quizá no les funcione el primer profesional con el que den, pero buscando, se encuentra. Hay que pedir ayuda. 

¿Y vosotras habéis podido ir al psicólogo?

C. Necesitaríamos un especialista para cada una y suele salir por unos 50€ por hora, por cabeza y por semana. Yo entiendo que la salud mental no tiene precio, sin embargo,  para nosotras, que vivimos en Carabanchel, es inviable. ¿Tenemos que ser ricos para acceder a determinados servicios? Lo que he aprendido en este tiempo es que en el tema de la salud mental, o tienes dinero o te mueres. 

*ASOCIACIONES PARA LA PREVENCIÓN DEL SUICIDIO Y LA ATENCIÓN AL SUPERVIVIENTE: 

https://www.apsas.org/es/quienes-somos/

https://tuteticontigo.com/telefonos-de-prevencion-del-suicidio-en-espana/

https://www.fsme.es/

**SERVICIOS GRATUITOS DE ATENCIÓN PSICOLÓGICA:

https://www.comunidad.madrid/comunicado/2020/03/27/comunidad-madrid-pone-marcha-numero-telefono-gratuito-apoyo-psicologico-gestion-emocional-poblacion-vulnerable

https://nuestropsicologoenmadrid.com/psicologos-gratuitos-seguridad-social/

https://www.amalgamasocial.org/

https://hospitalveugenia.com/blog/noticias/covid-19-cruz-roja-te-escucha-telefono-gratuito-de-apoyo-psicologico/


Lucía Mbomío

Periodista, actualmente en “Aquí la Tierra” en TVE
Twitter @luciambomio 
Istagram: luciambomio

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.