Un te quiero se queda corto

Nunca me han gustado del todo los superhéroes. Porque no existen. 

Me gustan más las personas reales.  

Las que te inspiran a ser mejor. 

Las que tienen miedo y son valientes.  

Esas que lloran cuando lloras. 

Que se equivocan y te piden perdón. Aunque les cueste. 

Esas que se sacrifican por los demás, cuando los demás no lo merecen. 

Personas como mi padre. 

El día que dejó su pasado atrás para cruzar el mar hacia un futuro incierto. No había guerra ni muertes, pero si hambre y dolor. 

Se despidió de su madre, su tierra y sus recuerdos y se fue. 

No tenía estudios pero aprendió un idioma nuevo. 

A mi padre le cuesta decir te quiero. Quizás porque a él nunca se lo dijeron.  Pero no necesito que lo diga, yo ya sé que me quiere cuando le digo que qué ricas las  manzanas y al día siguiente compra tres kilos más. 

O cuando me llena el bolso de la uni de magdalenas, sin que le vea, para que no pase hambre. Es curioso ver cómo las personas damos importancia a aquello de lo que un día carecimos. Quizás, para mi padre, la mejor forma de demostrar amor, es comprando la comida que a él un  día le faltó. 

Antes que querer mucho, hay que aprender a querer bien.  

Mi padre no sólo es mi padre. También es la persona en la que me quiero convertir. Con 62 años volvió a hacer lo que más le apasionaba en el mundo, la pintura. Me acuerdo de sus ojos brillando al terminar su primer cuadro. 

Ese día aprendí que nunca es tarde para cumplir un sueño. 

Con 64 años se empezó a sacar la ESO. No pudo ir a un colegio pero nunca dejó de aprender. Siempre le ha dado mucha importancia a los títulos. 

Un título es un título. Para mí, claro.  

Quizás sea, porque un título, no sólo refleja los supuestos conocimientos que tiene una  persona, sino también que no le fue arrebatada la oportunidad de seguir aprendiendo, de  seguir creciendo.  

Ahí entendí que nunca es tarde para dar(nos) segundas oportunidades. 

En un país en el que lo más importante es que el día de mañana tengas algo que llevarte a la  boca, solo unos privilegiados pueden permitirse pensar en el futuro. 

A veces pienso que el día que ya no esté, no tendrá sentido seguir estando, si todo lo que  hago, lo hago por él. 

Le admiro por tantas cosas que se me ha hecho corto escribir estas líneas. Aunque, antes de que me despida, debería aclarar lo que dije al principio. Y es que no necesito que existan los superhéroes teniéndole a él. 

Aunque si que me gustaría que mi padre fuera súper eterno.


Halima Achab Touil



La tienda de Afroféminas



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