La celebración y el gozo: otra forma de resistencia negra

Este año ha sido particularmente difícil para las comunidades negras en diferentes latitudes. Un año en el que hemos comprobado que nuestre llamado antirracista no viene de situaciones particulares; nace de acciones sistemáticas antinegras que proliferan, tanto o más que el virus contra el que nos enfrentamos en este 2020. 

Por eso es fundamental que aquelles que sobrevivimos a actos discriminatorios y a la pandemia nos alcemos desde un lugar de enunciación tan necesario como el puño que se alza en la protesta: la alegría. No, no porque celebremos el tránsito de un ciclo a otro estamos dejando atrás los dolores, las memorias y a las personas que nos marcaron este año. Estamos usando un legado ancestral que es, por demás, un grito de resistencia. Las celebraciones entre comunidades negras que estaban bajo el yugo colonial eran la excusa para tejer lazos comunitarios, eran momentos de agarrar impulso entre pares y una manera de expresar que, a pesar de todos los vejámenes, estaban vives. 

Los gualís son un claro ejemplo de esas celebraciones amargas que llegaban a revolcar sentimientos. En los gualís se celebraba la muerte de los niñes, sí eran celebraciones, porque significaba que ese niñe no viviría en esclavitud. No obstante, no es el único rito fúnebre que se lleva a cabo en forma de fiesta. Los lloros de los cabildos también tienen el componente de baile, trago y tambora. La razón para celebrar la muerte entre las comunidades negras que fueron esclavizadas no se relaciona solo con los colonos ni con la privación de su libertad; eran espacios en los las personas negras que lograban ser, así de simple. Espacios para conversar libres de vigilancia, espacios para mover sus cuerpos por el placer del movimiento y espacios para reconstruir memoria, compartiendo y escuchando sobre cómo se despedía a las personas muertas en sus natales naciones. 

La celebración de un año que nos deja es imperativa para nuestre bienestar como diáspora africana. Ahora mismo el mundo digital permite que encontremos nuestra comunidad a través de un clic. Usemos esas herramientas para recordar que estamos aquí y que eso es un motivo de alegría lo suficientemente bueno para brindar que la semilla de los pueblos negros sigue viva y sigue dando frutos. 

Las celebraciones también son narrativas de la resistencia porque desmitifican “la historia única” que cuentan los medios sobre las personas negras: miseria, pobreza, explotación sexual, crimen, brutalidad policíaca y muerte. Es una narrativa que entra a contradecir ese monólogo para invitarlo a un diálogo más sesudo. El racismo existe sí, tenemos que encarar centenares de prejuicios sí; también, por qué no, enriquecer esa mirada recordando que somos una comunidad que siente, trabaja y prospera. Que somos, pese a muchas dificultades, resilientes. 

Celebren entonces como consideren que están leyendo esto. Celebren desde el silencio, desde la llamada a la familia, desde el baile, desde el festín. Todas las celebraciones cuentan. Recuerden, seguimos aquí. Nuestres ancestres nunca dejaron de gozar por eso, recargar fuerzas para la batalla. Viene otro año complejo, pero seguimos aquí. 

Feliz año a la comunidad que le dio un giro a mi vida en un año tan lleno de obstáculos. Les celebro a todes ustedes por permanecer.


Carolina Rodríguez Mayo

Egresada de Literatura con opción en Filosófia de la Universidad de los Andes. Especialista en Comunicación Multimedia de la Universidad Sergio Arboleda. Colombiana de Bogotá.  Feminista interseccional y defensora de las preguntas como primer paso al conocimiento. Escribir poesía es lo único que me reconforta. Todo lo demás que escribo es una invitación al diálogo. Viajera, fashionista, cinéfila y amante de la buena comida. 


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