‘Esclavos en pantalla’: la visión histórica de la opresión en el cine

*Texto publicado originalmente en papelenblanco.com

“La muerte es mejor que la esclavitud”

«Amistad»

Observamos embelesados la pantalla. Tony Curtis recita ante un grupo de esclavos, en una de las escenas más conmovedoras y hermosas del cine (Miguel Marías dixit). Esta es la película con la que Natalie Zemon Davis inicia su Slaves on Screen, libro recientemente traducido por la incombustible, memorable y combativa editorial Libros Corrientes (nombre equívoco para quien se acerque a su catálogo y vea los títulos que tejen su editor y editora), como Esclavos en pantalla. Cine y visión histórica. La traducción de Saoia Sáez Domínguez es impecable.

“El cine apenas comienza a abrirse camino como medio para la historia”

Zemon Davis comenzó a interesarse por el cine cuando trabajó como asesora histórica del director Daniel Vigne para Le retour de Martin Guerre. De ese trabajo surgió la idea de su libro El regreso de Martin Guerre que, junto con otra de sus obras, León el Africano, debería estudiarse en todas las facultades de Historia. La autora asegura que “[en el] trabajo junto a estos prodigiosos cineastas estaba la oportunidad de ver la historia desde un punto de vista más amplio: fuera de las clases, el encuentro académico, las publicaciones profesionales y las reseñas bibliográficas”.




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Esta mirada fue su guía en los seminarios de la Universidad de Princeton, donde desarrolló los trabajos que ahora se publican. Centrando su análisis en cinco películas con la esclavitud como tema principal –EspartacoQueimadaLa última cenaAmistad y Beloved-, Davis despliega su agudeza y delimita las potencialidades y debilidades de cada una de las obras. En su estudio, compara la diferencia o contraste entre poesía e historia y la que se asigna al cine histórico y a la prosa histórica:

“Los largometrajes se describen a menudo como criaturas de invención, sin conexión relevante con el mundo experto o el pasado histórico. (…) Es precisamente esta dicotomía la que quiero poner en cuestión, no sólo porque hay una obra de ficción en el cine documental (…) sino también porque los largometrajes tienen la capacidad de realizar observaciones sólidas sobre eventos históricos, relaciones y procesos”

Historiadora implicada en la ‘microhistoria’, considera que el cine tiene ese potencial para explorar la vida de aquellas personas que no dejaron testimonio escrito y sobre quienes apenas tenemos documentación:

“En sus microhistorias, las películas pueden revelar estructuras y códigos sociales en un momento y lugar determinados, fuentes y formas de alianza y conflicto y la tensión entre lo tradicional y lo novedoso”

El libro está dividido en una introducción, un capítulo donde se desarrolla teóricamente el cine como narrativa histórica y, a continuación, un análisis pormenorizado de cada una de las películas seleccionadas.

“Más allá de una trama bien investigada, el poder histórico de una película reside en las múltiples técnicas y recursos para la narración”

Con un tratamiento profundo sobre las razones e ideología de los directores, guionistas y productores más la implicación de los diferentes actores, nos encontramos ante una reflexión intensa y amena, donde la autora imbrica los diferentes mimbres que componen una película para llegar a conclusiones sorprendentes y estimulantes.

“En la música de Ennio Morricone para estas escenas, el llanto de un niño interrumpe los elementos musicales centrales, recordándonos el coste de la rebelión y la opresión”

El cine tiene algo más de cien años, se ha convertido en una herramienta que llega a cientos de miles de personas y, dentro de su potencialidad, Natalie Zemon observa y evalúa su poder emancipatorio, su capacidad para narrar esos hechos e historias olvidados. Y, sobre todo, para descifrar el presente a través de acontecimientos con fuertes implicaciones en el pasado. Como dice la autora:

“están relacionadas de forma diferente con la evidencia histórica pero, cada una a su manera, nos ofrecen una visión de la historia: cada una de ellas nos persigue para mostrarnos las tragedias y esperanzas del pasado”.

Ahora, como lectores y espectadores, nos queda la tarea de leer el libro y ver las películas propuestas o recorrer el camino inverso. Una propuesta gratificante en cualquier caso.

“El cine puede hacer mucho más a la hora de plantear preguntas a sus espectadores sobre la creación y el conocimiento de la historia”


Eduardo Irujo
Ex-librera, heavy reader. Lector curioso. Mar de dudas y un par de certezas. Papel, libros y estanterías.


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