Chocolate


Recuerdo un día que me encontraba charlando animadamente con un grupo de compañeras en el patio del colegio. Durante el coloquio, de improviso, una de nosotras empezó a tararear una canción que yo me sabía muy bien. Fue así como, en un momento, otra niña y yo no encontramos secundando a nuestra amiga en el concierto. Al finalizar la parrafada, la compañera nos sonrió y dijo visiblemente divertida y sorprendida a la vez “Vaya, las chocolate se saben la canción”. Ante esta frase yo solo sonreí tímidamente como si sintiera que no debería haber intervenido pero lo que más me consternó fue mi sensación de incomodidad ante la palabra “chocolate”. La verdad es que no sabía como tomármelo. Primero, no entendí cuál era la relevancia del hecho que las dos fuéramos negras en ese contexto. Por otro lado, tampoco entendí, aunque sabía que lo había dicho en tono cariñoso, porqué había utilizado la palabra “chocolate” para designar nuestro color de piel. De hecho fue precisamente el uso de ese tono amable lo que me incomodó. No comprendía porque había intentado sonar más simpática comparándonos con una comida. ¿Tan terrible le parecía decir la palabra “negra”?

Mirando en retrospectiva, no podría contar solo con mis manos, todas las veces que he escuchado palabras de este tipo, es decir, “eufemismos” para referirse a mi negritud, a mis rasgos, a mi ser negra. Sabes que lo hacen para no “hacerte sentir mal a ti y sentirse mejor ellos, pero pocos se preguntan si esta idea proviene del mismo racismo. El hecho que sientan la necesidad de “suavizar” sus palabras cuando se refieren a tu negritud, denota que aún no normalizan el hecho que haya personas negras que no tienen ningún complejo por serlo, al contrario. Estos comentarios podrían parecer inocentes pero lo cierto es que son herramientas que consiguen censurar tu identidad dando a entender que para ti, tu propio yo debe ser difícil de aceptar, porque pobrecita, eres negra. A veces, este hecho viene detonado por un sentimiento de culpa inspirado por la consciencia del sufrimiento histórico de nuestra gente a causa de nuestro mismo color de piel. Aún así, no entienden que censurándonos y convirtiéndonos en un tabú, arrancan nuestras raíces, nuestro pasado, nuestra lucha y nuestra orgullosa identidad como personas negras.



Con el tiempo me di cuenta de que existen muchas formas de perpetuar este tipo de racismo simpático. Hay ocasiones que te sueltan frases como “No pero si a mí me encanta esta piel que tienes eh” o “es que a mi las trenzas me encantan en verdad” cuando tú realmente no les has pedido su opinión al respecto o no viene a cuento y a demás te lo dicen con ese tono que no se corresponde demasiado a lo que afirman añadiéndole ese tono pomposo que da la impresión de que te están haciendo un favor porque “pobrecita”, es negra (segunda vez). Luego piensas que solo les falta un cartelito de “ Si yo no soy racista”, en la frente” para acabar de sentirse realizados.

Este tipo de comportamientos nos hacen más conscientes de cómo nos ven algunas personas en nuestra vida cotidiana. Muchas de ellas, sólo verán en nostras el hecho de que seamos negras, recordándonos constantemente que lo somos (y repito, pobrecitas nosotras) y por ello nos tratarán con esa condescendencia cariñosa utilizando esa doble moral.

Detectar este tipo de comentarios no es fácil, a veces pueden pasar completamente inadvertidos o bien, tu misma puedes llegar a aplaudirlos o preferirlos a otros que supondrían un racismo más flagrante. Aun así, cuando los escuchas casi siempre te acompaña una sensación de incomodidad y de no saber bien qué decir ni como responder porque te amparas en la buena voluntad de las personas, aunque seas consciente del “rin tintín” que los acompaña, que es lo que no te cuadra. Por ello, es importante que hablemos de estas sensaciones sobre todo entre nosotras, para entendernos y así comprobar que no es solo cosa de una. También, si es posible, es importante hablarlo con las personas no racializadas que estén dispuestas a escuchar y a dialogar cada una des de su respectiva posición. Y es que la charla siempre es importante para llegar las unas a las otras.


Mònica Quilez

Estudiante de periodismo y de todo un poco, de origen mozambiqueño. La cultura es la luz o la oscuridad en una sociedad, cultivémosla y  cuestionémosla.

 


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