Cultura de Cancelación en Puerto Rico. ¿Quién la ejerce? ¿A quién realmente afecta?

Andrii Yalanskyi / Shutterstock.com

Contexto: En Puerto Rico existe la falsa idea de que somos una democracia racial. Desde muy niños nos enseñan que somos el producto de la unión de tres razas y que por lo tanto vivimos armoniosamente. En los últimos años ha habido grupos, la gran mayoría grupos compuesto por mujeres, haciendo trabajo antirracista en la isla. Una de estas personas es la escritora y activista Yolanda Arroyo Pizarro. Este pasado fin de semana, la escritora formuló una pregunta general lo que otro escritor (que he decidido no nombrar para no darle pauta) decidió atacarla y en cierta medida convocar un linchamiento a la escritora pues en unas horas ya había sobre 300 comentarios. Más de 300 comentarios que pusieron en evidencia el racismo rampante en Puerto Rico y que todavía hay mucho trabajo por hacer. De ese atropello surgen los siguientes párrafos.

Una pensaría que después casi dos meses de estar discutiendo diariamente sobre racismo y exigiendo y reclamando una cultura antirracista en la isla, las personas que sostienen posiciones de privilegio harían una pausa para reflexionar dónde están posicionados y cómo pueden cambiar para cultivar tener Puerto Rico más justo y equitativo. Sin embargo, ha sido todo lo contrario. Desde entonces no he parado de leer, principalmente en las redes, desde folletos ilustrándonos como les afecta y son divisorios los reclamos de las personas negras y/o pobres, hasta reducir esos señalamientos a “changuerías”, “ataques”, “racismo inverso” y la gran ganadora “esto es cultura de cancelación”. Lo triste, y preocupante, es que estas personas que descartan dichos reclamos como tal pertenecen a una clase con mucha influencia tanto en el ámbito cultural y académico, así como en el del activismo social en Puerto Rico. No ha habido una sola persona dentro de esa clase que no haya reclamado ser víctima de la cultura de cancelación para invalidar cuando sienten el peligro de perder su privilegio. 

Aunque la cultura de cancelación es prima-hermana de la cultura de “call-out” o señalamiento [traducción mía], no son lo mismo. La mejor manera de entender ambos conceptos en el contexto de Puerto Rico es a través de una mirada con un filtro de lucha de clase que se interseca con lo racial en muchas ocasiones. La escritora negra y lesbiana es de clase trabajadora. El escritor es sabido que se codea entre la clase media alta y lo que implica eso en la isla. Como nos recuerda Aja Romano (1) de Vox, la cultura de call-out es el último recurso, la última táctica diría yo, a la que recurren las personas oprimidas y marginadas cuando el sistema les ha fallado. Por otro lado, yo insisto que cancelar es la primera estrategia que utilizan los aventajados cuando ese instinto de auto-conservación se activa con el fin de defender lo que siempre les ha pertenecido. Además, el concepto de “cancelación” tiene como origen una broma misógina: “Cancel that bitch. I’ll buy another one”.  Por eso vuelvo y pregunto ¿quién realmente cancela a quién?  ¿En serio estamos cancelando las voces de estas mujeres? 

En un reciente caso, a mi entender de cancelación, fue llevado a cabo por un escritor, hombre blanco cis de clase media. Este utilizó su página de Facebook para anular los señalamientos hechos por una escritora negra lesbiana acusándola de divisora seguido por un coro de personas/seguidores que tildaban a la escritora de “hembrista supremacista negra” (ni entraré en detalles de lo ridículo de esto). ¿Qué caldeó los ánimos? Resulta que en su página de Facebook, la escritora negra y lesbiana, cuestiona de manera muy general cuán blanco son los espacios y/o proyectos académicos y culturales en la isla. El escritor blanco cis parece haberse sentido aludido por dicho señalamiento y comenzó su campaña de cancelar a la escritora. Y este es uno de los muchos casos en los últimos dos años donde vemos como una clase privilegiada aplica la cancelación por sentirse amenazada. Me llama la atención que las veces que reclaman cancelación en la isla es para repudiar acusaciones o señalamientos de clasismo, elitismo, sexismo, racismo, violación y misoginia. Todas estas acusaciones y señalamientos, por supuesto, han sido hecha por mujeres negras y/o de clase trabajadora.


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¿Cómo se canceló el reclamo de la escritora negra y lesbiana y a ella? La conversación se convirtió en una de ataques personales hacia ella. Le cuestionaron su negritud, pues esta no practica una religión afrodescendiete. Resaltaron que su trabajo es repetitivo y siempre habla de lo mismo: estar orgullos de ser negro. También la acusaron de racismo inverso, cosa que como se sabe no existe, pues el racismo está cimentado en una relación de poder donde las personas negras nunca nos hemos encontrado. También le dijeron “sucia”, “chismosa”, “mala amiga”, “catedrática de mentira pues ni doctorado tiene”, “vulgar” porque la escritora que se llama Yolanda Arroyo Pizarro subió dos fotos en respuesta a los ataques. Y así poco a poco intentaron desviar la atención a su pregunta ¿No se cansan que sean tan blancos sus proyectos? Hace menos de un mes, publiqué aquí mismo una columna, que a pesar de haber tenido muy buen recibimiento por un gran número de personas, algunas pertenecientes al mundo de las letras lo cancelaron tras reclamarme que no debí publicarlo y expresarme que evidentemente tengo poca comprensión de lectura. Al final, comprobando el punto de mi escrito y el de la escritora negra en su post: hay una falta de conciencia racial en las letras y academia puertorriqueña y existe cierta nostalgia colonial del orden social como está.

La realidad es que la cultura de cancelación en Puerto Rico está mucho más arraigada en los círculos privilegiados. Casi todos los fiscales de la cultura de cancelación tienen en común que han sido señalados de algún agravio contra la integridad de otra persona o sienten su privilegio en peligro. Pero ¿cuántos de los señalados en los últimos años como violadores o acosadores o elitistas han perdido su trabajo? ¿Cuántos de estos no han podido volver a trabajar o publicar en otros espacios? ¿Cuántos, por el contrario, han encontrado otros espacios donde pueden seguir con su vida normal? ¿Cuántos han continuado con apoyo económico para sus proyectos? ¿Cuántos de estos han sido apoyados por sus círculos ya sea callando sus ofensas o silenciando a quienes les denuncian?  Las respuestas a estas preguntas nos confirman que la cancelación no logra destruir las carreras ni vidas de las personas si estas gozan de privilegios. Entonces ¿podemos estar de acuerdo que la cultura de cancelación solo funciona como recurso represivo ante un/a transgresor/a de mi privilegio?

Los vigilantes del estatus quo en Puerto Rico que critican la supuesta cultura de la cancelación en su contra deben empezar a reconocer que ellos son quienes la ejercen. La cultura de cancelación es un asunto de poder. La gran mayoría de estas personas son parte de instituciones académicas y culturales y están más preocupadas por salvaguardar su poder. Cualquiera que intente quebrantar este estatus quo será metódicamente silenciada, ignorada, en fin, cancelada. Les invito a que tomen estas criticas como un momento para revisar sus posturas racistas y misóginas en vez de reaccionar a la defensiva. 


 *Texto originalmente publicado en Periódico Claridad


(1) Romano, Aja. “Why We Can’t Stop Fighting about Cancel Culture.” Vox, December 30, 2019. https://www.vox.com/culture/2019/12/30/20879720/what-is-cancel-culture-explained-history-debate.


Marissel Hernández-Romero

Académica negra puertorriqueña y profesora en la Universidad de Alfred (Alfred University). Su investigación aborda entre varios temas con qué frecuencia los sectores olvidados, marginados y excluidos de las sociedades latinoamericanas y caribeñas tienen voz en los movimientos culturales y la literatura contemporáneos. Actualmente está investigando el tema del afrofuturismo en América Latina y el Caribe hispano.


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