Diario de pandemia 2. Balcones, racismo y canciones

Salgo dos veces a la semana y solo a comprar. Ese momento caminando por las calles desiertas es una inyección de vida, mezclada con la melancolía que produce ver una ciudad que parece sacada de una película que transcurre en después de una guerra nuclear.

Hemos desaparecido los humanos y han vuelto a aparecer los animales. Somos una plaga para ellos. En mi barrio dicen en la panadería que los domingos se puede ver circular a los  patos de un río cercano.

Delante mía va una señora que parece latinoamericana, los rasgos nobles de los pueblos originarios se notan en su rostro. Mantengo la distancia de seguridad y voy a un paso rápido, como ella.

De repente alguien desde uno de los balcones que nos rodean una voz femenina nos grita: ¡A casa! 

Me han contado y he leído que esto estaba pasando. La policía de los balcones nos señala. Una negra y una latina caminando por la calle. Supongo que habrán pensado que nada bueno puede pasar. Porque el racismo también está en la sospecha.

La mujer se vuelve hacia mí y, mientras acelera el paso, me dice: “yo solo voy a trabajar, tengo que ir a trabajar”. Cuando tuerce una esquina la pierdo de vista. Tengo la sensación de que incluso ese no era su camino, pero los racializados estamos acostumbrados a no protestar, a callar para evitar problemas y no hacernos más visibles.

Me paro y miro a mi alrededor los balcones que me rodean. Busco a la mujer que nos ha gritado. No veo a nadie. El acoso a distancia suele ser cobarde.

Sigo mi camino y me viene a la mente la última canción compuesta por un grupo de famosos en sus casas. Hay una cursilería en todas esas canciones que hace la gente conocida que no puedo soportar. Me da la impresión que es intentar imponer su imagen con esa bobada para robársela a los verdaderos héroes de esta pandemia.

Además de los que nos cuidan, los héroes de esta crisis son la gente corriente, los que no salen en la tele ni buscan un minuto de protagonismo cantando el resistiré. Da vergüenza ajena la falta de pudor de estos “personajes” que acaparan minutos de televisión desafinando al cantar una frase de una canción.

Mis héroinas son las currantes que siguen trabajando, las limpiadoras, las cuidadoras que trabajan en condiciones horribles. Las que cuando acabe todo esto van a seguir pasándolo mal porque la crisis económica caerá sobre ellzs con toda su crueldad, insolidaridad y dolor.

Cuando esto pase, que pasará ¿habrá canciones para ellas?¿habrá canciones para esa  mujer que se perdió en la esquina?


Elvira Swartch Lorenzo

Elvira Swartch Lorenzo

Colaboradora habitual en Afroféminas. He trabajado de todo. Hija de migrantes afrocolombianos.



Desde hoy y hasta que termine la crisis al final de los artículos de Afroféminas encontraréis esta imagen. El enlace da acceso al mapa interactivo de recursos que ha puesto en marcha @CEAntirracista Cualquier ayuda, aporte y recurso es necesario para personas en especial estado de vulnerabilidad. Puedes entrar a través de este enlace:

https://emergenciaantirracista.ushahidi.io/views/map

Una respuesta a “Diario de pandemia 2. Balcones, racismo y canciones”