Rosana Marcos: “La aceptación no pasa nunca de moda”

Rosana Marcos tiene 21 años, pero muchos kilómetros vitales recorridos e infinidad de ganas de crear. Abandonó su Zamora natal cuando aún no era mayor de edad para cumplir su sueño y formarse como peluquera. Pronto supo que ella lo que quería era atender a la gente independientemente de su género o de su textura de pelo, así que decidió darle una patada a los límites y a las etiquetas y las mandó bien lejos. Ahora, esta joven de origen cubano,  gracias a su tesón y a su esfuerzo, se ha convertido en una de las pocas mujeres barberas que hay en España. Su reputación se la ha ganado porque decidió no rendirse y debido a que desarrolló una técnica propia que surge de la mezcla de lo que le enseñaron en clase con lo que su inquietud voraz le permitió aprender en los tutoriales de YouTube. Las redes sociales le sirvieron de plataforma para dar a conocer su labor, tanto es así que su jefe actual la contrató al ver su evolución meteórica en su perfil de Instagram. Desde que trabaja ahí, su clientela fija no ha parado de crecer. Ni ella. 

Estén bien atentas que llega  Roxseine Style.  

¿A cuántas barberas conoces?

No conozco a ninguna en persona. Sin embargo sigo a varias mediante la plataforma: Instagram. Trato de conectar con ellas a través de ese medio ya que convierte la comunicación en algo posible.

¿Y cuándo despertó tu pasión por la barbería?

Cuando estaba cursando la práctica en mi formación, había algo que me mantenía familiarizada con las herramientas estrella de una barbera: la máquina, las tijeras y la navaja. Percibí cierta inquietud rodeada de buenas vibras, sentía algo me conectaba.

Quise llegar a una conclusión real y me subí al tren del dominio.

Esa pasión ha ido creciendo al mismo tiempo que madurando y hoy puedo entender y me doy las gracias por haber iniciado un desconocido viaje en su día. Escuché mi interior y confíe en mí misma.

¿Qué te gustaba exactamente de ese mundo?

Que se trata de una experiencia compartida debido a que es el cliente quien elige expresar su estilo y yo, por mi parte,  plasmo mi trabajo y la expresión de mi alma. Por ejemplo, mi cabello reúne las cualidades que defiendo y que me representan como artista: llevo un peinado afro rapado por los lados. Mis recomendaciones hacía los demás han pasado la prueba en mí y/o mis clientes de confianza. No recomiendo nada que desconozca o que no funcione.

Después hay muchos mecanismos para llegar al objetivo final de cada cual: coloración, peinados, trenzas,  dread, cortes, tratamientos, hairtattoo…

Tengo muy clara mi regla básica: no trato de que lleves lo que mejor te quede sino lo que te guste si eso te sirve para abrazar y fortalecer tu propia aceptación. Si te aceptas, acabará por convertirse en lo que mejor te quede, porque la aceptación no pasa nunca de moda.

¿Cómo fue tu proceso de formación?

Fue un proceso un tanto frustrante. Mi formación profesional fue muy pobre en cuanto a barbería se refiere. La profesora asignada mantenía las nociones de corte clásico y desde un punto de vista de peluquera de señoras. Me lo tome tan en serio que decidí seguir un proceso autodidacta, mis días pasaban dando clics en tutoriales de Youtube. Acabe elaborando mi método  de hacerlo en base a mis experiencias. En cuanto al resto de dominios: coloración capilar, peinados, recogidos…no tuve problema.

Me concedieron la Beca Erasmus y realice mis prácticas en París, apreciando las diferencias culturales y el estilo. Tuve la suerte de que había una zona de barbería y de que mi jefa de prácticas no solo me enseñó todo lo que sabía sino que confió en mi profesionalidad con sus clientes. 

Aprendí el idioma y técnicas de moda, cosa que me sirvió para adquirir una visión muy amplia en cuanto a estilos y necesidades. Allí había mayor presencia de franceses negros; por lo tanto la expresión era más grande..  

¿A la gente  le llamaba la atención que te interesara la barbería, teniendo en cuenta que se trata de un oficio tradicionalmente asociado a los hombres?

Sí, era algo muy llamativo. En clase de peluquería era la única alumna que había llegado a hacer degradados; las demás podían ver mi dedicación. Aparte, mi atrevimiento y comodidad con la barbería eran muy notables. Realice mi primer “hairtattoo” sin haber hecho nada parecido antes. Las profesoras, contentas, veían un nivel de trabajo inexplicable teniendo en cuenta que el profesorado no me enseñaba nada de eso.

Mis amigos sobre todo se sorprendieron para bien y venían varias veces para que yo me examinara con los cortes.

 Siempre al comentar que eres barbera la gente reacciona bien, es algo muy novedoso y les resulta una realidad muy atractiva. Ven el arte que quiero expresar en este ámbito.

¿Y a la hora de buscar trabajo tuviste dificultades para encontrarlo por el hecho de ser mujer?

Sí, sin duda. He conocido una falta de compañerismo y de respeto por parte de varias empresas asombroso. No te tomaban en serio, no veían a una profesional o alguien que quería serlo, se limitaban a inferiorizarme por ser mujer y ni siquiera mostraban curiosidad por saber cómo trabajo. Otras veces me ha pasado que solo se han fijado en mi atractivo, les da igual cómo trabajo, no les intereso como compañera y ni siquiera se plantean tener una barbera en su plantel, no lo ven posible ni necesario.  En mitad de ese panorama decidí que llegaría y me construí mi oportunidad.

Dejé el trabajo que tenía de manicurista con el objetivo de tener tiempo . Cogí un maletín con mi material y empecé a trabajar a domicilio por Madrid. Contacté con una ONG y cortaba el pelo gratis una o dos veces al mes. He llegado a trabajar hasta las 00:00, en lugares que me tomaban 4 horas de transporte diarias. Podía comenzar la jornada en Azuqueca de Henares y concluirla en Colmenar Viejo (hay cerca de 70 Km entre ambos municipios). 

Poco a poco, fui comprando mejor material y ganando clientela. Podría decirse que me dibujé una puerta en una pared debido a que me habían cerrado el resto y como la dibujé yo, sólo yo podía abrirla. Quizá por ese empeño, mi actual jefe, que me seguía en Instagram, se interesó por mi trabajo al ver mis progresos y a sabiendas de que que, hasta entonces, ningún barbero me había enseñado las formas. En Septiembre de 2019 me contrató. 

¿La idea que tenías de la barbería, antes de comenzar a trabajar, se parece a la realidad o es aún mejor? ¿Por qué?

Es aún  mejor, porque puedo sentirme liberada. Desde niña soñaba con que hiciera lo que hiciera tenía que ser algo que ayudará a los demás y este es un medio por el cual puedo hacer lo soñado y sumarle toneladas de pasión. A mi modo de ver, son valores ricos que deben ir de la mano.

Antes de trabajar como barbera, lo visualizaba como algo natural y cómodo, porque es a lo que me quiero dedicar y llevaba tiempo dibujándome mentalmente en la situación. Lo considero un puesto rodeado de magia y arte y una forma de influir positivamente en la vida de los demás.

Así que ahora puedo vivir en cuerpo lo que antes sentía en mente y sin duda, es algo de lo más reconfortante.

¿Cómo reaccionaba la clientela al ver a una chica barbera?

Hay un abanico muy amplio de reacciones puesto que atiendo tanto a niños como a ancianos. Primero tratan de asegurarse de si sé cortar el pelo a los chicos o de si puedo comprender una barba sin llevarla. Algunos después de responderles se fían y les atiendo. 

Hay quien se queda bastante extrañado y se toma un tiempo para tomarme en serio y entenderlo. Cuando ven lo que hago y cómo lo hago, se sientan en la silla para acabar de comprenderlo.

La mayoría de los niños, en cambio,  lo ven muy normal y creo que es así porque ellos son las generaciones que están viviendo el cambio directamente y que tienen la suerte de crecer en una sociedad en la que el feminismo tiene más presencia. 

Las mujeres rara vez me cuestionan, ven mi actitud, mi profesionalidad y mi capacidad y ya saben para lo que valgo. 

¿Sientes que has tenido que convencer a clientes para poder hacerles la barba? 

No, no he tratado de convencer a nadie. Les ofrezco mi profesionalidad, les aconsejo en base a sus gustos y les explico cómo puedo plasmar eso en su estilo y tipo de textura. Si alguien se muestra dubitativo por el hecho de que yo vaya a atenderle, le digo como trabajo y me aseguro de que se sienta cómodo. Si continúan sin tenerlo claro, dejo que tengan tiempo para pensarlo, todo el que precisen. Hay personas que quieren que sea yo quien les atienda, por tanto, tratar de convencer a alguien de mi valor profesional es un detalle feo hacía mí misma y hacia todo lo que he pasado para estar segura del servicio que ofrezco.

No obstante, a veces es tan simple como recordar al cliente que un empeño o buen resultado no depende del género. 

Y ahora, seguro que habrá gente que va a la barbería y pregunta directamente por ti…

Pues sí y me alegra que la gente valore un producto que he creado y el potencial que voy desarrollando a medida que pasa el tiempo, ya que aún soy muy joven. Significa que lo estoy haciendo bien, que conecta con la búsqueda del cliente. 

¿Qué es lo que mejor sabes hacer?

Atender las necesidades individuales y ser resolutiva. Conozco muchas técnicas, elaboro mis propias teorías y hago pruebas con resultados para comprobarlas.

Dialogo con el cliente para saber cómo le gusta y eso lo plasmo en su estilo de peinado. Me cuestiono los parámetros que no he dictado yo, la información que adquiero no la llevo a cabo hasta ser la primera en probarlo y ver cómo funciona. Para mí el respeto es esencial y también tener conciencia de la importancia que tiene el cabello a la hora de expresarse.

La barbería ha cambiado mucho en los últimos tiempos, ¿cómo era antes y cómo es en la actualidad?

Sí, la verdad es que yo he vivido un poco el cambio entre lo tradicional y lo moderno. Pude apreciar esos cambios. Lo que yo conozco como barbería tradicional se basaba en un lugar exclusivo para hombres, donde incluso realizaban operaciones de salud sencillas. De ahí viene el origen del emblemático pirulo de las barberías, la línea roja representaba, años atrás, los paños de sangre de dichas intervenciones. Progresivamente se ha tornado en lo que es ahora un lugar al que acudir para reforzar  la imagen. Hoy, las mujeres también tienen su espacio en las barberías y prueba de ello es que cada vez más acuden a ellas demandando estilos de cabello corto. En estos años se ha implantado un servicio de coloración capilar (natural, colores fantasía, platinados…) que está confiriendo un aspecto muy fusionado con la peluquería y lo que antes, a priori, estaba destinado sobre todo a las mujeres. En la actualidad, el estilo masculino y femenino se unen para no limitar resultados que antes eran asignados según tu género.

Y dado que tú eres de origen cubano, ¿qué diferencia una barbería europea de una latinoamericana?

La diferencia es cultural. Las barberías europeas conocen las técnicas necesarias para cabellos de textura lisa, mientras que las latinoamericanas saben acerca de los afros. De hecho, si vas a la que no está orientada hacia tu textura, el resultado puede ser el no esperado, porque están enfocadas a un público específico y a una textura específica. No obstante, sí quiero aclarar que esto no siempre es así, pero sí en la mayor parte de los casos. 

¿Y más allá del trabajo de la barba o del corte del pelo, qué hay del ambiente que se genera en las barberías latinas?

Suele ser alegre, con música bailable y mucha conversación. Al ser un colectivo que aún no se termina de aceptar en las mentes españolas, resulta necesario contar con un lugar que les conecte con sus raíces sin moverse de la ciudad en la que residen.   Pueden apoyar su talento nacional sin necesidad de viajar.

Sin embargo, cada vez van más personas blancas a las barberías, ¿dirías que eso es un reflejo del cambio a nivel social?

Sí, además puede ser un espacio útil para deshacer los estereotipos que existen hacia nosotrxs. La gente puede ver lo que cuentan (o no cuentan) en la tele pero cuando acuden a la barbería su perspectiva hacía nosotrxs cambia. Con todo, España necesita años para igualar el ambiente europeo en cuanto a cambio social.

Sin embargo, no solo eres barbera, también haces dread, trenzas y trabajas el pelo afro natural…

Me dije que debía dar igual trato a todo el mundo y precisamente por eso, me propuse conocer todos los cabellos y formas posibles, para que la gente se sintiera bien atendida ya fuera con afro, con el pelo liso o con dreads. Considero fundamental que la clientela, sea como sea, no necesite ir a otro lugar para hacerse algo en el cabello. 

Parto de mi propia experiencia, me costó comprender mi pelo, tuve que investigar dado que no tenía ni idea de cómo debía ser un afro saludable. Al final, todo se resume en solucionar planteamientos diarios que pueden marcar vidas. Quiero que mis clientes progresen profesionalmente y que, de paso,  yo pueda seguir atendiendo los servicios que me vayan a demandar.

¿Qué ha supuesto para ti llevar tu pelo rizado y poder trabajar el cabello natural de personas afro?

Supone una conexión profunda, conozco de primera mano sus necesidades, es algo con un grado muy dulce de emotividad para mí. Yo necesite un profesional como yo, y no lo tuve a mi alcance. Ahora sé que las personas a las que atiendo pueden elegir entre ponerse unas esposas que yo les muestro u otras que solo conocen de palabra.

Les ofrezco la opción que todos en dicha situación esperábamos, ya que a veces acabas odiando cosas que en verdad son pura expresión natural. Es un trato íntimo que fortifica la autoestima y la imagen que emiten.

 Valoro enormemente a las personas que lo llevan al natural, es un estilo muy controvertido y criticado por la sociedad blanca; hay que evolucionar y estar preparado para defender la expresión afro.

Y en cuanto a mi pelo,  lo llevo natural y saludable para mostrar que es bello y, digan lo que diga, también profesional. Es importante concienciar acerca de eso y mi estilo es una prueba fehaciente de ello. Si lo ves en mí, puedes creerlo en ti.

Es curioso tener que aprender a manejar tu propio pelo cuando ya eres adulta porque desde pequeña te dicen que tal y como nace no está bien, ¿a ti eso también te ha pasado?

Sí, era la única niña del instituto con afro. De pequeña no entendía mi pelo, creía que le pasaba algo malo, se enredaba, crecía redondo…Por otro lado, los niños pueden llegar a ser muy crueles y por si eso no fuera suficiente, en mi entorno no veía a nadie más con el pelo como yo. He llorado mucho, me miraba al espejo y, cuando me dejé el pelo natural, al fin me vi totalmente yo misma, con mi afro pude ver mi esencia. Sin embargo, no es fácil, porque cada día alguien te dice que no está bien. Miras a los demás y todos lo llevan igual menos tú y mientras creces no es fácil gestionar esa identidad. A día de hoy, buena parte de las personas que han pasado por eso se sienten más sexys y atractivas con ondas, rizos, rulos y permanentes. Lo cierto es que me alegra que se expresen, únicamente me molesta que si les gustaba mi pelo natural, me mintieran y trataran de convencerme, cuando yo empecé a llevarlo natural, de que estaba mal. Considero que se trata de un caso de acoso al que no se le presta casi atención pero que tiene consecuencias graves: hay mujeres que acaban perdiendo pelo y desarrollando alopecia o a las que se les parte el pelo por haberse alisado sin cesar con químicos químicos a lo largo de su vida.  Se trata de algo que está normalizado porque solo le sucede a afrodescendientes y es malo, entre otras cosas, porque apartamos a un grupo humano bastante numeroso de la posibilidad de autoaceptarse.  

¿Cuándo decidiste que no querías seguir alisándolo?

En el verano del 2016. Había acudido a una peluquería para hacerme un lisado “permanente” y al finalizar el servicio no sentía haber solucionado nada.

Ya tenía la apariencia de pelo liso pero no me encontraba a gusto, me costó reconocerme a diario con una textura de cabello opuesta a la mía.

A eso se unió el hecho de que  tenía un pelo muy estropeado que se partía cada día. Es muy sacrificado luchar contra la naturaleza, alisármelo empezó a parecerme una solución que sólo me traía más problemas.

Como la chica del pelo liso no era yo, caí en la cuenta de que tenía que ir en busca de mí misma.

¿Qué ha supuesto para ti, más allá del plano estético, dejar de hacerlo?

Valoro más mi tiempo, antes me llevaba al menos 30 minutos diarios volver a alisar lo que se rizaba cada día. He aprendido a comunicarme con mi pelo, lo toco, lo peino, diferencio cuándo necesita hidratación o cuándo un lavado profundo. He descubierto la naturalidad de mi textura, lo que es normal y lo que no. Y sin duda, es bello y profesional. No hay ningún motivo para cambiar todo eso por agradar a gente desagradable. Me encanta cuidarlo, ir más allá o probar los servicios que ofrezco para saber que mi producto funciona. Es algo muy espiritual a la vez, me conecta con mis raíces y no me avergüenza llevar mi afro, animo a todo el mundo a que lo haga. Tengo conversaciones personales sobre cómo puedo ayudarte, te ofrezco mi confianza y te aseguro que tus intimidades se quedan en el servicio. Trato de ayudarte a reforzarte, a ser tú mismx, a que comprendas tu cabello y todo lo que puedes hacer con él. A veces, no nos gusta nuestro pelo porque no sabemos peinarlo o definirlo y queda un look muy simple. Tienes que ver tu afro en diferentes peinados, con definiciones distintas y cuando contemples todo lo que te ofrece podrás decir que no te gusta, pero con una base. Con todo, cuando llegas a ese momento, sueles darte cuenta de que no necesitabas gustarte, solo tenías que mostrarte aceptación hacía ti mismx. Después de esa etapa de respeto y aceptación natural no te apetece mucho cambiar tu pelo, no lo necesitas. Si no es liso, no tienes por qué alisarlo porque no te aporta. 

No obstante, puedo entender perfectamente a quien decide continuar alisándose. Hay motivos culturales, de adaptación y hasta laborales. Hace unos años trabajé como peluquera y no se me permitía llevar el afro ni ningún estilo de trenzas, con la falsa excusa de que no era un estilo profesional. Únicamente me permitían llevarlo en coleta o liso.

Todavía eres muy joven, ¿qué te ves haciendo en el futuro?

Me imagino trabajando con una mente más madura, siendo una barbera completa y con más conocimiento, apreciando lo que la moda depare y las actualizaciones que vayan surgiendo en el mundo de la imagen en cuanto al cabello se refiere.

Veo que hago feliz a la gente y aporto valores en la sociedad.

¡Muchísima suerte!


Lucía Mbomío

Periodista, actualmente en “Aquí la Tierra” en TVE
Twitter @luciambomio 
Istagram: luciambomio


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