El Viaje (II): El transporte y la recepción

Fatoumata no paraba de darle vueltas a la cabeza y se imaginaba cómo sería su llegada a España. Confiaba muchísimo en “mami”. Estaba muy pendiente de sus consejos. Ella fue a verla varias veces a la casa familiar y le dijo que estaba encantada de conocer a todas las personas de su círculo más cercano, entre ellas a sus hermanas, primas y amigas. Sabía cómo captar la atención de todas esas pequeñas, que envidiaban sus trajes, peinados, joyas. Fatoumata se sentía privilegiada. ELLA había sido la elegida para el viaje. Todo estaba listo. Fatoumata tenía bien agarrado entre sus manos el pasaporte que “mami” le había devuelto junto con el billete de avión y se veía muy guapa en la foto. Le habían dicho de viajar con una mochila pequeña. Ya se encargarían de comprar ropa, zapatos y todo lo que podría necesitar una vez en Casablanca (Marruecos). Se despidió de su madre y de su padre con un abrazo y una mirada cargada de sueños y esperanza. Besó en la frente a sus hermanas y primas. Sus amigas le decían que querían ver fotos y vídeos de Europa. Fatou se dio la vuelta y no volvió a mirar atrás. 

Llegaron al aeropuerto de Conakri en taxi, superaron los controles de equipaje e identificación. La policía puso un sello de salida a su pasaporte y le deseó un buen viaje. Fatou y “mami” se sentaron juntas y todo parecía ser tan maravilloso como había imaginado muchas veces. Era la primera vez que cogía un avión, miraba desde la ventanilla con curiosidad. Su acompañante se había quedado dormida. El viaje duró unas tres horas y media, aunque a Fatou le pareció mucho más largo. Tenía ganas de conocer al primo de “mami”, que la ayudaría a llegar a España. Cuando anunciaron el aterrizaje, Fatou despertó a “mami”. Trabajo cumplido, habrá pensado esta última. 

Una vez en tierra, Fatou vio cómo su acompañante conocía perfectamente hacia dónde dirigirse y con quién hablar. Tardaron apenas quince minutos en abandonar el aeropuerto y Fatou contemplaba su sello de entrada en Marruecos como si cada paso que daba la acercara a su querida España. Cuando salieron, el tío estaba esperándolas en un coche que le pareció muy bonito y, al montarse, se dio cuenta de que su acompañante y el tío se dieron un apasionado beso en la boca. Hizo la vista gorda, porque no quería dar la impresión de ser la típica chica cerrada. Pensó que sería una costumbre europea y que pronto ella también besaría a todos sus primos varones en la boca. Se rio silenciosamente. El tío condujo rápidamente hasta llegar a un hotel que a Fatou le pareció muy bonito. ¡Qué lujo!, pensó. Cuando bajaron del coche, el tío le dio una llave a “mami” y le pidió a Fatou que le dejara el pasaporte para ir a registrarla en el hotel. Fatou siguió a esa mujer tan guapa y tan bien vestida, imaginando que pronto podría ser como ella. Entraron en una habitación bastante pequeña y con una cama individual que a Fatou le pareció vieja y en mal estado. No vio ninguna ventana. “Espera aquí “– dijo “mami” – “mi primo te va a recibir en un momento”. Salió y cerró la puerta. Pasaron varios meses antes de que Fatou volviera a ver a “mami”. 

Continuará…


Giorgia Formoso

Profesora de Formación y Orientación Laboral. Italian residente en Sevilla.

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