El Viaje (I): La captación

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Debo de decir que contar esta historia me va a costar mucho. Es la historia de Fatoumata, quien salió hace años de su país de origen y lleva años en su país de destino. Es la historia de Fatoumata, pero podría ser la historia de Marie, Esperance, Mariam, Yvette, Caroline, Marceline, Khadi. Es la historia de estas valientes, guerreras, luchadoras, leonas y tigresas que dejan su casa, su familia, su historia para emprender un camino cuyo final suele desconocerse. Es la historia de un viaje hacia una pesadilla disfrazada de sueño. 

Fatoumata estaba cursando el último año del Lycée (bachillerato) y tenía muchos proyectos futuros. Quería ir a la Universidad, estudiar en la Facultad de Historia y ser profesora. Su madre y su padre venían de una zona rural de Conakry (Guinea) y habían sacrificado sus vidas para pagar los estudios a sus hijas. Habían trabajado mucho y admitían haber tenido toda la suerte necesaria para que nunca les faltara comida. Pero la Universidad podía representar un gasto excesivo y no sabían hasta qué punto podían permitírselo. Se lo dijeron a Fatoumata. No le pidieron nada, ni mencionaron historias de matrimonios combinados y demás prácticas aberrantes. Sin embargo, Fatoumata sabía que había llegado el momento de no ser un peso para su familia. 

Un día se acordó de que una amiga del colegio había abandonado el país hacía unos tres años para viajar a Europa, donde una tía la podía acoger y encargarse de ella. La llamó, quería saber cómo le iba en Europa. Hacía mucho que no hablaban. Sophie la llamó cuando llegó a Casablanca (Marruecos) un par de días después de salir de Conakry y no volvió a ponerse en contacto con ella hasta que cruzó el Estrecho, un año más tarde. “Ya estoy en Europa, hermana y ahora mi tía vendrá a por mí y nos iremos a casa.” A partir de ese momento, la comunicación se rompió. 

  Al cabo de un tiempo, Sophie le escribió por un número nuevo, con prefijo +33,Francia. ¿Qué estará haciendo en Francia? Se preguntó Fatoumata. Meses después le escribió con un nuevo prefijo. +39, Italia. ¡Qué maravilla! Dijo Fatoumata. Es verdad que en Europa se viaja tanto. Y así, salió de sus pensamientos secretos y le escribió. No sabía si el +39 le valdría, pero lo intentó. Sophie se alegró mucho de recibir su mensaje y, sin darle muchas vueltas al asunto, se atrevió a proponer a Fatoumata de ir a Europa. Le ofreció el contacto de la tía, que ya había alcanzado el rango de “mami” y le dijo que ella se encargaría de todo. Fatoumata no llegaba a creérselo; parecía entusiasta y estuvo esperando cerca de dos semanas antes de que mami la llamara. +224, Guinea Conakry. Mami había viajado hasta allí para conocerla. Fatoumata no paraba de cantar y saltar y bailar y abrazar a su madre. Le decía que a Sophie le había ido genial, que no paraba de viajar y que mami se había molestado en ir a conocerla en persona. Y así fue. Llegó hasta su casa, aceptó la invitación de comer allí con la familia de Fatoumata y se decidió a explicar qué pasaba al otro lado del mundo…

Dijo: “Hermana, hermano… Europa es la tierra donde mujeres y hombres pueden alcanzar sus sueños. Allí todo es posible. Las jóvenes como Fatou pueden estudiar, buscar un buen trabajo y a lo mejor un buen marido. Tendrá que aguantar un poco al principio, aprender el idioma, adaptarse al nuevo país, pero después tendrá dinero y podrá viajar de allí hasta aquí todas las veces que quiera.” Madre y padre la escuchaban atentamente. Fatou dibujaba sonrisas en su cara. Todo estaba listo. Fatou quería vivir aquel sueño. Mami siguió: “Hija, un gran sueño requiere un gran esfuerzo. Viajarás en avión hasta Casablanca y allí mi hermano se encargará de todas tus necesidades hasta poder sacar un billete de solo ida a España.” 

Mami – dijo Fatoumata – yo no tengo dinero para pagar el billete ni la estancia en Casablanca.”, “De eso no te preocupes, hija”– le dijo mami – “nos encargaremos mi hermano y yo de todos los gastos. Te pagaremos un billete de avión, el piso en Marruecos y el viaje a España. Tú tranquila, que cuando estés en Europa y tengas un buen trabajo tendrás la oportunidad de devolvernos el dinero.”

Esa noche Fatoumata se fue a la cama feliz. El viaje había comenzado, por lo menos en su mente. El otro viaje aún no tenía fecha: le había entregado su pasaporte a mami para que le sacara un billete de avión. 

La captación se había realizado con éxito. 

Continará…


Giorgia Formoso

Profesora de Formación y Orientación Laboral. Italiana residente en Sevilla.

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