Cuestión de Fe

Foto de Prado en La Habana por Emilio Suarez

Mira por dónde, vengo de un país racista. Sí, sí. En serio. Esto, por supuesto, no es oficial: después de todo, llevamos sesenta años convenciendo a todo el mundo de que el racismo era cosa del imperialismo, y se acabó. 

Para qué argumentar o hacer autocrítica, si se puede sacar la varita mágica, leyes “igualitarias”, y un artículo favorecedor en el Granma

Más allá del dilema “pelo bueno, pelo malo”, ¿quieres saber por qué en Cuba hay racismo? Sí, te lo digo a ti, con tu DNI español, que no vas de turista, sino de viajero, a estar con la gente “de verdad”, pero no has cargado un cubo de agua en tu vida. A ti que te hace ilusión coger una libreta cada vez más magra y comprar productos racionados, prueba irrefutable de que, después de todo, estamos mal alimentados, pero no muertos de hambre. 

A ti, que para demostrar que eso del hambre es una calumnia imperialista de la mafia anticubana de Miami, aireas con orgullo las estadísticas que señalan el sobrepeso u obesidad del 43 % de la población de la isla. A ti, que con todos los datos que te dan la razón, pretendes (y hasta intentas) negar las escenas racistas que se desarrollan ante tus ojos, mientras posas tu delicada mano sobre una cabeza llena de trencitas. 

En Cuba hay racismo porque al hecho de tener descendencia con una persona dos tonos más clara que tú, se le llama “adelantar”. Así, sin eufemismos. Mejorando la especie. 

Hay racismo porque cuando sacamos buenas notas, o nos sale bien algo que no sea bailar guaguancó o hacer deporte, algo intelectual, nos dicen, felicitándonos: “Piensas como un blanco”. Ni siquiera como una blanca, porque, si no lo sabías, también hay machismo. 

Hay racismo porque cuando el fruto de tu vientre sale más clarito de lo esperado, te felicitan por tener el útero “limpio”. Porque, cuando voy con mi pareja (blanco y español), automáticamente me tratan como si fuera jinetera, porque, si no, de qué iba yo a estar con uno como ese… 

Hay racismo porque mucha gente presume de no haberse acostado jamás con una persona negra. Porque “negros, ni los zapatos”. Porque nadie sabe que la cardona se llama cardona. Todo el mundo le dice atajanegros

Porque a dónde vas con esas pasitas sueltas, que pareces una negrita de solar. Porque sí. Porque una cosa es ser una negrita que intenta disimular que es negrita, y otra  muy distinta exhibir tu pelo al natural, como si no tuvieras dinero para una keratina. Porque a la gente que señala el racismo la suelen separar una temporadita de su puesto de trabajo, por si acaso. Para que reflexionen un poquito. Porque a nadie le extraña que pidan camareras blancas para trabajar en una paladar. Después de todo, estamos de acuerdo en que tienen mejor presencia. Porque “negra tenías que ser”, da igual por qué. Basta con sacar un pie del tiesto para que la sociedad te recuerde que, lamentablemente, tu posición en la escala evolutiva no te permite hacer mejor las cosas. 

Y entonces vienes tú, con tus argumentos. Con todos los libros que te has leído sólo para mandarme a callar. Bendito whitesplaining. Con tu sarta de estadísticas sobre lo bien que vivimos. Con la convicción de que en Cuba somos pobres, pero felices. Con tu militancia en mil organizaciones y tu banderita LGTBI+ en Facebook, mientras lo que no venga de Mariela Castro es inexistente a base de represión policial. Vienes a decirme que todas mis experiencias no son nada frente a tus principios. Que nada te desmonte la utopía. 

Porque aquí te desgastas defendiendo el derecho de las niñas a usar pantalones en el uniforme, porque es más igualitaria, pero las pioneras cubanas estamos monísimas con nuestras sayas. Porque aquí, por mucho partido político que haya te parece mal y poco, pero en  Cuba estamos más que bien representados en una verdadera democracia participativa de opción única. Porque las casas que se están cayendo no representan la miseria, sino el arte  de la fotografía. Y me encanta que tú, con tus derechos de aquí, con tu activismo de aquí, con tus principios y tu libertad de expresión de aquí, vengas a contarme por qué en Cuba hasta el racismo es mejor. 


  1. Cartilla de racionamiento. 
  2. Pelo afro.


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