Soy lo que me habita, 4c

Soy lo que me habita, 4c

El cabello que me habita es grande, a veces ingobernable, es 4c es AFRO, el cabello que me habita es lo que soy y lo que seré por siempre.

A la edad de 6 años recuerdo llorar con gran emotividad cuando mamá me peinaba porque no me gustaba que lo hiciera, sentía dolor, sentía cansancio, pero era casi un ritual que teníamos que cumplir al menos una vez por semana. Ella se exasperaba porque no sabía cómo peinarme y ella también sentía cansancio al seccionar mi pelo para que fuera más fácil peinarlo, en ese momento sólo éramos ella y yo.

Suavizó mi cabello cuando yo tenía 10 años con productos químicos para niñxs porque así todo sería menos complejo y de ahí en adelante supimos que algo había cambiado, el volumen del cabello fue en descenso.

Utilicé productos químicos para lacear mi cabello por segunda vez a la edad de 16 años como decisión propia que mi padre apoyo y mi madre no mostró disgusto alguno, eran los inicios de mi desafirmación como mujer afro que con el tiempo se haría más fuerte. En el proceso de laceado se te quema el cuero cabelludo y duele, duele por días.
Una vez laceas el pelo da vergüenza dejar verlo al natural porque es irreverente y eso es señal de no encajar en una sociedad blanca-mestiza porque el cabello hasta la cintura es sinónimo de belleza. Escuche decirlo una y otra vez por diferentes hombres en el lugar donde vivo que es mayoritariamente mestizo.

Para mí fue mucho más difícil cuando mis hermanos se burlaban por lo grande de mí cabello, cuando personas ajenas a mí, me pedían dejarme capturar por la cámara con sus hijos y con mi cabello sin trenzar como si se tratase de algo verdaderamente extraño y nunca antes visto. Esas situaciones me llevaron a no querer mi cabello a detestarlo y a quemarlo cada mes para que no se notase su verdadera esencia.

Ahora comprendo que mi pelo es como el cauce de un río cuando intentan desviarlo, no importa cuánto hagas, siempre volverá a su lugar una y otra vez, en algunos casos el daño es irreversible y claro el cabello crece más débil, la raíz es áspera y peinarlo es complicado.

Pasado tres años decidí con gran fuerza desrizarme por tercera vez. Me puse en manos de un mestizo quien me prometió dejar mi cabello liso por mucho tiempo con un par de productos químicos, secador-plancha-secador- plancha. Lo lastimó, lo quemó tanto que pasarían ocho días para darme cuenta que fue la peor decisión que había tomado pero el daño había sido irreversible, el cabello se fue al suelo y no pude hacer nada para detener la caída.

De allí en adelante utilizaría trenzas y extensiones, nunca dejé que me vieran sin ninguno de estos elementos estéticos porque sentía que no era yo, alguna vez salí a la calle con mi afro por razones de fuerza mayor y me asombré cuando las personas me saludaban, no lograba explicar cómo podrían reconocerme porque sentía que era una persona en otro cuerpo, con otra cara, con otra sonrisa.

Hace cinco años no me aliso, fue doloroso para mí ver el maltrato de mi cuero cabelludo a causa de los químicos y la plancha, así que decidí hacerme trenzas y pasar por un periodo de transición lento, corté las puntas de mi cabello cada que me quitaba las trenzas y así dejé que se callera todo el alisado.

He aprendido a cuidar mi cabello con mascarillas naturales que hago en casa, al menos lo hago una vez por semana, después del lavado aplico dos o tres aceites y una crema para peinar que dejo actuar por media hora antes de hacerme algún peinado protector como trenzas grandes, Twist o Flast twist.

De forma consciente he decidido llevar mi cabello afro, entendiendo que lo que llevo en mi cabeza es la carga histórica y cultural que me antecede, es la esencia de mis ancestrxs y será la resistencia de habitar y luchar en este mundo por nuestros antepasados.

Pero sigo pensando que cuesta amar el cabello afro cuando no se tienen referentes desde el amor que puedan apreciar su belleza, cuando no se estimula el amor propio, cuando en lugar de escuchar a la persona que te peina decir que es lo más lindo que jamás haya visto, escuchas que ha sido muy difícil por años peinarlo. Nuestras niñxs afro crecen con la idea que lacio es más bonito y más sencillo. Hay que preocuparse, eso puede ser una señal de desafirmación y blanqueamiento, hay que preocuparse cuando se refieren a su cabello como feo, poco higienico, detestable, tenemos que descartar toda señal de endoracismo que lleven a “dañar nuestra raza”. Será mejor que desde ahora alentemos a nuestrxs hijxs, sobrinxs, primxs, nietxs etc, a llevar su afro con gran orgullo, fortalezcamos el amor propio por su cuerpo y por su cabello, porque el cabello que nos habita es grande, es el arsenal de toda nuestra historia, nuestras luchas, nuestras perdidas y también nuestras victorias.

 

 

Yury RodríguezYury Rodríguez 

Trabajadora social. Colombia.

Un comentario

  1. Creo que nada da más identidad a las mujeres negras o mestizas que su cabello afro. No hay necesidad de maltratar el pelo, el cuero cabelludo, la salud, etc. por unos estándares de belleza únicos. Por suerte evolucionamos y levantamos la voz parta poder decir que hay otras formas de belleza. A mí el pelo afro me parece arte y como arte no puede ser feo, solo diferente. Hay gente que no sabe apreciar el arte.

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