Jessica González, la afrocolombiana candidata de En Comú Podem al Parlament: “La política o la hacemos nosotres o nos la hacen”

Este domingo, 14 de Febrero, la politóloga Jessica González Herrera podría convertirse en la primera afrolatina diputada en el Parlament catalán por En Comú Podem. Gracias a ella, he aprendido que si bien es cierto que la narrativa de la “primera que” puede opacar los logros de quienes vienen detrás o provocar que sean leídos como excepciones que confirman reglas que, en realidad, estigmatizan y que son inaplicables a cualquier grupo poblacional,  también lo es que resulta necesario explicitarlo. 

Jessica, en efecto, es afrolatina, migrante, colombiana, caribeña y eso le ha supuesto tener que trabajar mucho, demostrar mucho, sentirse muchas veces una impostora y cuestionada, dar muchas explicaciones, pero además, tener que construirse a nivel identitario, reconocerse y aprender a quererse a miles de kilómetros de una casa de la que salió hace catorce años para instalarse en Barcelona. 

Todo eso hay que subrayarlo, no tanto por dejar claro que ha llegado a un espacio en el que, por lo anterior, no se le esperaba, como por hacer visible lo mucho que eso cuesta para alguien como ella, teniendo en cuenta el mundo que habitamos, con sus diferentes sistemas de opresión de raíces profundas atravesándonos.

Su trayectoria política viene de atrás, de lejos, de abajo y del barrio y tiene claro que, pese a trabajar desde un lugar más institucional, no piensa abandonarlo. 

La criminalización de las personas migrantes, el reciente incendio de Badalona que se saldó con víctimas mortales,  la sanidad universal (de verdad) o la vivienda son temas que tocará a lo largo de una entrevista larga, entretenida y con miga. 

Jessica, vas camino de ser diputada, eso es un notición, ¿cómo estás? 

Estoy MUY ilusionada por la oportunidad colectiva que implica para personas que hemos estado históricamente excluidas de estos espacios. También, no lo negaré, por momentos nerviosa de poder cumplir las expectativas que gente cercana pone en mí, en el buen sentido de la palabra. Luchando de vez en cuando con el síndrome de la impostora que nos ronda a muchas mujeres cuando se nos plantean retos para los cuales creemos no estar suficientemente preparadas, pero sinceramente apoyándome mucho en mis redes afectivas personales y políticas para reforzar la ilusión y la confianza. 

¿Cómo lo ha acogido tu entorno?

Tomar la decisión de ir en las listas ha sido en sí mismo un proceso colectivo y compartido con mis entornos desde el primer minuto. Tuve muchas voces a mi alrededor que me dieron inputs desde lo personal, lo político, las implicaciones que tendría para el “yo” y para el “nosotres”. 

Finalmente, después de todas las dudas, decidí dar el paso con el compromiso firme de mantener en contacto con el barrio y llevar esas inquietudes y necesidades al Parlament, pero también de que el Parlament le devuelva al barrio.

Cuando se ha hecho más pública la noticia he recibido un montón de mensajes de apoyo por parte de gente joven, muchas mujeres, gente migrada o con bagajes migratorios que me han dado muchísima fuerza y me han reafirmado en la decisión. Pero también genera una presión de estar a la altura de todas esas esperanzas que se ponen en mí. 

El artista ecuatoguineano Gorsy Edú comenta que es importante dejar de percibir a las personas que migran como huéspedes para entender que son vecinxs, eso implica poder sentirse de un lugar, ¿cómo ha sido tu proceso de construcción identitario y cuáles han sido tus motivaciones para meterte en política en un contexto como el catalán que será muchas cosas pero, desde luego, tranquilo no? 

He pasado por varias etapas desde que migré del Caribe colombiano a Cataluña. Cuando llegué, tenía 17 años y, como una adolescente, quería encajar en mi grupo de la universidad. Éramos todo gente joven, sí, pero yo no era “de aquí” y allí pasaron dos cosas: por una parte encontré en hablar catalán una herramienta a través de la cual pude sentir que, de alguna manera, empezaba a “pertenecer”, ya que fue notorio el cambio de actitud por parte del profesorado. Y, por otra,  empecé a hacerme preguntas sobre mi identidad afro, mis raíces caribe, mi manera de comprender la vida, intentando entender de qué estaba hecha. En ese camino, me acerqué a África a través de la danza, estudiando un postgrado, hablando del tema con hermanes afrocolombianes, me dejé de alisar el pelo y empecé a abrazar estas identidades que dialogaban en paralelos con los feminismos, con la perspectiva decolonial, con la clase. 

Y así, poco a poco, me fue importando cada vez menos “encajar” y me concentré más en existir sin pedir permiso desde todas esas identidades que habitan en mí. Empecé a sentir que mi existencia y la de todes mis compañeres migradas también forma parte de Barcelona y de Cataluña. Y la política o la hacemos nosotres o nos la hacen, así que por ahí va la decisión inicial de meterme en política institucional de la mano de un proyecto lleno de gente común. Aunque es cierto que los grandes poderes y parte del nacionalismo rancio se encarga de recordarnos que no “somos de aquí” o que no pertenecemos a las instituciones, ya no nos comemos el cuento. Que se acostumbren.

Aún sigo jugando con las voces en mi cabeza que, precisamente por todas las identidades que en mí habitan creen que necesitan “demostrar que soy lo suficientemente buena”. Pero soy consciente de que esa manía no lo recojo del suelo. En su momento, en cada renovación de tarjeta de estudiantes o de residencia, se trataba de demostrar con un extracto bancario que tenía el dinero suficiente para vivir en este país por un año (aunque me lo prestaran sólo por unos días); demostrar que era de fiar porque no tenía antecedentes penales, demostrar que era lo suficientemente excepcional para tener un contrato laboral a jornada completa durante un año (aun cuando en un contexto de crisis nadie lo tenía y entonces, la opción era pagar por él) o demostrar que estaba lo suficientemente integrada para obtener la nacionalidad española, cuando vengo de una colonia española. Y así, se nos va quedando ese deje de creer que tenemos que demostrar todo el rato para ganarnos nuestros espacios. Pero ahí vamos, trabajandonos la auto-confianza y el poderío cada día.

Hagamos flashback un segundo porque tu experiencia en el ámbito de la política no comenzó ayer, háblanos un poco de tu trayectoria, por favor. 

La política sabemos que no se hace sólo en las instituciones. La población migrada somos una identidad en resistencia en el contexto barcelonés y catalán.  Eso me fue llevando a un proceso de reflexión política y sobre las experiencias propias y la de compañeres en una situación igual o de menos privilegio de la mía. Cada “vete a tu país, negra asquerosa”, cada microrracismo, exotización, sexualización, cada chiste malo con el narcotráfico, cada vez que compañeres sin papeles caminan con miedo de algún día estar en el lugar equivocado y acabar en un CIE o que les cueste la vida encontrar piso porque al escuchar el acento o ver el nombre quedan automáticamente fuera del proceso. 

El cúmulo de todo eso provoca que hace 10 años empezara dando talleres de crítica mediática con jóvenes cuya relación con la diversidad se limitaba al personal de servicio que tenían en sus casas. Luego en proyectos de barrios populares con una gran diversidad cultural con adolescentes reagrupadas desde sus países que empezaban a conocer a sus madres y padres, o jóvenes nacidas en Cataluña que decían no sentirse catalanes  por razones que no sabían explicar muy bien pero que no impedían que formulasen proyectos comunitarios para sensibilizar sobre los temas que le importaban en sus barrios. 

También he formado parte de la gran mayoría de gente colombiana en la diáspora que nos movilizamos para promover y dar apoyo a los diálogos de paz en 2013, cuando aún no se vislumbraba un referendo y seguimos en 2021 movilizándonos para denunciar la matanza de líderes y lideresas sociales en Colombia que afecta principalmente a mujeres campesinas, indígenas, comunidades afrodescendientes y otros sectores minorizados.

También he estado varios años haciendo pedagogía de la mano del Centro de Estudios Africanos e Interculturales sobre cómo se construye y opera el racismo imbricado con el patriarcado y el capitalismo y, a partir de esa crítica cómo caminar hacia una sociedad más autocrítica e intercultural tanto desde el barrio como desde la institución.

En política institucional llevo poco menos de 2 años de la mano de Barcelona en Comú y ahora en Catalunya en Comú. Cuando se me ha propuesto formar parte de las listas municipales en 2019 y las autonómicas en 2021 he intentado hacerme la pregunta, ¿dar este paso me permitirá ser más útil? ¿llegar o mejorar en alguna medida la vida de más gente? ¿de qué gente?. Me he respondido siempre con base a la intuición y, aunque en ningún momento situaría el impacto de las instituciones como más importante al que tiene la calle y lo comunitario, ya que son ámbitos de incidencia diferentes y que deberían dialogar más entre sí, es verdad que de la institución personas como yo hemos estado históricamente excluidas y es importante también tomar esos lugares. Es una cuestión de tomar lo que es nuestro.

Pasarás del municipalismo, de la política en el barrio, de la lucha contra los desahucios en Ciutat Vella al Parlament, ¿tienes miedo a fallarte? 

Esta fue una de las grandes dudas que tuve en el momento de tomar la decisión. Por una parte, implica moverme del municipalismo, que es hacer política desde los barrios, desde la trinchera, con un contacto vecinal y con colectivos constantes a una institución que puede sentirse tan lejana como el Parlament, pero que a su vez tiene bastante relevancia en tanto trabaja leyes que tienen un alcance poblacional y competencial más amplio.

El horizonte entonces consiste en que la manera de hacer del Parlament aprenda de las prácticas del municipalismo, ahí está cuestión. Hace días me comentaban en una asamblea del barrio que el reto es no sólo llevar el barrio al Parlament sino que el Parlament también le haga retorno al barrio. No caer en la tentación de quedarme refugiada en el “palacio”. Es una responsabilidad grande que  implica hacer una esfuerzo extra o ir a contracorriente de las dinámicas que plantea un espacio como el Parlament. Así que, por supuesto, tengo miedo de morir en el intento. De esto y de muchas cosas más, pero también es cierto que se aprende haciendo y que creo que contaré con el apoyo y la conexión con mi súper equipo de Ciutat Vella y del  grupo parlamentario para que esto sea posible. 

En nuestra conversación previa a esta entrevista, me dijiste una frase que me encantó “no venimos a ser importantes sino útiles”, ¿realmente crees que es posible transformar desde ciertos ámbitos? 

En mi experiencia en Ciutat Vella me he dado cuenta de que sí, se puede. También de que hay una gran capacidad de ser útiles pero no podemos llegar a todos los rincones con todo el ahínco que nos gustaría. Por la misma poca flexibilidad, la inercia y la burocracia que impregnan las instituciones, también por la carencia de competencias municipales, los grandes oligopolios y fondos buitres globales que operan en el territorio local sin control democrático ni político y, finalmente, carencia de marcos jurídicos que respondan a estímulos y métricas distintas de las lógicas mercantiles. Gestionar la pandemia,  por ejemplo, no ha sido ni está siendo cosa fácil hablando del poco margen de acción que tenemos en temas como la vivienda, los menores extranjeros sin referentes familiares o el comercio. Pero ahí es donde se tiene que ser humilde y consecuente para apoyarse en el tejido vecinal, entidades, movimientos sociales y otros agentes comunitarios, encontrar fórmulas de colaboración público-comunitarias y  seguir siendo exigentes con los niveles de la administración responsables para que ejerzan sus competencias.

¿Y qué hay del “ser importantes”? Supongo que debe ser complicado no perder el norte cuando se alcanzan ciertas posiciones…  

Muy. Cuesta mucho que, en algunos casos, “tu gente de siempre” te deje fuera de ciertos espacios o informaciones porque entran en incompatibilidad con el rol actual que tienes. Pero también es gratificante poder servir de motor para llevar a la institución temas que antes sólo hablábamos en asambleas o en conversaciones informales. Así que, como en la vida misma, unas de cal y otras de arena. 

Llegaste a Barcelona con 14 años desde tu Colombia natal y en algunos medios ya han empezado a asirse a la narrativa de la que muchas veces habla el periodista “Moha Gerehou”, la de “la primera que”, en esta caso, la primera afrolatina que podría llegar al Parlament, ¿qué tal se lleva eso? Sin embargo, es importante, porque no es tan común que los partidos políticos tengan en sus filas a personas migrantes y/o racializadas o, al menos, no más de una.

Aunque en general me siento incómoda con el personalismo excesivo de ser candidata y con que, como decía Moha Gerehou, no sé explique el porqué de la novedad (spoiler: racismo) , aquí voy a tomar una parte de la reflexión que hacía la compañera Tania Adam en un artículo que escribió hace meses, “Kamala Harris y las dobles consciencias”.  Dice que aunque todas estas designaciones identitarias (mujer, afrolatina, joven, etc.) pueden parecer excesivas, en realidad no lo son, porque la carga simbólica de esta posible victoria trasciende tantas barreras mentales como techos de vidrio en medio de un sistema político profundamente marcado por el racismo y la colonialidad. Así que, en definitiva, hay casos en los que es importante nombrar y visibilizar estos logros, ya que en la medida en que suceden siempre existe la esperanza de conseguir algunas transformaciones importantes en las maneras de hacer actuales y sobre todo,  las generaciones futuras. Y suscribo al 100% 

Tampoco los de izquierda, ojo, ya que, en ciertas ocasiones, solo se tiene en cuenta el eje de la clase y se reducen el feminismo, la lucha LGTBI o el antirracismo a movimientos identitarios victimistas o a meros significantes, ¿a veces toca luchar desde dentro? ¿y cuánto de ardua es esa batalla?

A veces no, siempre toca luchar desde dentro, como hacemos desde cada esquina muchas personas racializadas. Ya lo dicen algunos movimientos sociales: “ lo de izquierdas, no te (nos) quita lo racista”, porque los partidos de izquierda existen dentro del mundo y ya sólo por eso estamos impregnados del racismo en el que vivimos todes. El racismo no es una cuestión moral, de personas, es un sistema en el cual hemos sido criadas y, por tanto, hay que trabajárnoslo cada día, como el patriarcado como el eje de clase, la LGTBIfobia interiorizada y así, con todo. Yo de momento con mis equipos más cercanos he encontrado una posibilidad de trabajarlo y En Comú Podem me parece un espacio fértil con posibilidades de seguirlo haciendo. 

Con todo, tampoco basta con estar, son importantes los cuerpos, pero fundamentalmente los discursos, ¿no? De hecho, en VOX hay una persona negra y eso no convierte a su partido en antirracista… 

Así como ser mujer no te convierte automáticamente en feminista. Los feminismos, la interculturalidad, el antirracismo, lo LGTBI no son simples pins identitarios o “cartas de salvación” de los partidos o de la política, son prácticas concretas. Como decía Angela Davis, a las mujeres no nos sirve estar incluidas en un sistema machista, a las personas negras no nos sirve estar incluidas en un sistema racista o las personas LGTBI no les sirve sólo estar en un sistema LGTBIfóbico. Aquí la cosa va de no ser tan esencialista, de pensar que solo con tener cuerpos racializados en los partidos se cura el racismo, es un paso, pero más importante aún son las prácticas diarias y las hojas de ruta estructurales.

¿Y qué hay de los referentes (o no) de políticas afro y/o de ascendencia migrante a nivel internacional ? Kamala Harris, Ocasio Cortez en EEUU; Joacine Katar Moreira (en Portugal) o Erica Malunguinho en Brasil.

Más allá de las diferencias ideológicas que pueda tener con algunas de estas figuras, es importante que las niñas y mujeres negras tengamos referentes mientras crecemos y estamos en este mundo que nos ha dicho a gritos que nuestras pieles y cabellos no cumplen con los estándares de lo “bello”  o que nuestras experiencias no son suficientemente relevantes. Tener referentes nos amplía las perspectivas y genera posibilidades para las que venimos detrás. Históricamente los cuerpos de las mujeres negras son los que más han recibido violencia y que esos mismos cuerpos hoy en día y desde hace décadas estén en lugares de poder y toma de decisión es pura justicia emancipadora. No nos han regalado nada y estos logros no son porque sí, eso es importante recordarlo. No hay Kamala Harris sin Shirley Chisholm. No hay Erica Malunguinho sin Marielle Franco. No hay Jessica González sin Rita Bosaho

¿Temes que, por el hecho de ser migrante, te confinen en ese ámbito de actuación o te apetece?  

Estoy en esa reflexión interna ahora mismo y también formará parte de una decisión con mi grupo parlamentario. Si bien es cierto que he trabajado varios años en este ámbito, desde que empecé en el distrito de Ciutat Vella he reafirmado que  la perspectiva intercultural (que incluye la antirracista) hace parte de mi forma de ver el mundo y hacer política, sea en el ámbito que sea, y esa transversalización de la mirada es urgente. También es verdad que hay otros temas urgentes en Cataluña, como el de la criminalización de menores y/o jóvenes migrantes o el reciente incendio en Badalona que se saldó con la destrucción de un edificio y varias personas muertas. En ambos casos, la cobertura mediática ha sido tremendamente deshumanizadora e “inmigracionalista”, cuando en realidad estamos hablando de fallos en las políticas de vivienda, infancia y juventud. Hay muchos frentes en los que luchar, me temo. 

También está el asunto de las identificaciones por perfil racial… Un sindicato de policía calificó de ultraje por parte del Ministerio de igualdad que se animara a las víctimas de dicha práctica a denunciar, vamos, que niegan su existencia.

Es sistemática la negación que se hace de las identificaciones por perfil racial. Se explican como “casos aislados” y normalmente se ha reaccionado a la defensiva por parte de los cuerpos policiales. Una vez más, entendiendo el racismo como una cuestión moral e individual de cada policía y no como un sistema estructural dentro del cual vivimos todes y la policía, en la medida en que forma parte de este mundo, también cae en prácticas que perpetúan ese racismo. Con el agravante de que desde la institución se toman decisiones y acciones que afectan diariamente la vida de las personas, llegando a extremos como las muertes de personas negras que ha habido en Estados Unidos a manos de la policía, pero pasando por las muertes que hemos tenido en CIEs aquí en España, que parece que a veces se olvidan. 

Si un problema “no existe”, no se puede combatir. Desde Barcelona hemos puesto mucho énfasis en formaciones con perspectiva intercultural, derechos humanos a todo el personal municipal, incluyendo a los cuerpos policiales y a partir de marzo, desde el Ayuntamiento, se incorporarán criterios de diversidad cultural para que haya más personas racializadas dentro de los cuerpos policiales. Hay muchísimo trabajo por hacer en este sentido, la presión de los movimientos sociales, las denuncias a estos casos (acompañadas también desde la Oficina para la No Discriminación de Barcelona) y la contundencia institucional con estas prácticas es clave. Queda muchísimo trabajo por hacer.

Hay quien lee la inmigración como un problema, ¿cómo combatir los discursos xenófobos desde el Parlament?

Las migraciones no son un problema, las migraciones SON y punto. La manipulación emocional y el fomento del odio que hace la extrema derecha culpando a quien viene de fuera no tienen otro objetivo que distraer a la gente del problema real: la desigualdad y precariedad entre las clases populares causada por los grandes poderes económicos a nivel global y local que, a su vez, cuentan con la complicidad de las élites políticas. Así, el problema real no es que Blackstone o Cerberus saquen a vecinas y vecinos de sus viviendas, sino que personas musulmanas practiquen su religión, sean sujetos de derecho o simplemente existan. ¿Se ve la estrategia? Entonces, desde el Parlament tenemos el deber no sólo  de combatir  los discursos xenófobos (se han hecho muchas declaraciones y acuerdos entre partidos que acaban en papel mojado) sino también de trabajar por ir quitando poder y privilegios a esos poderes económicos que siguen donde están porque la extrema derecha les protege. También es verdad que no basta con actuar en un único ámbito. La extrema derecha está impregnando no sólo el ámbito institucional, el político o el económico también el social y el cultural. Así que, como siempre, necesitamos una estrategia que incluya que los barrios, las entidades, colectivos y las instituciones actuemos y respondamos de manera integral.

¿Cómo has afrontado la campaña?

La verdad es que con muchísima ilusión, con un alto sentido de la responsabilidad y compromiso por lo que se viene y, a estas alturas, con mucho cansancio físico también, la verdad. Sin embargo, ese cansancio se diluye cada vez que siento la energía de la gente que nos apoya en cada municipio, en cada reunión con organizaciones y cuando veo que, como equipo, estamos haciendo un buen trabajo. Así como he hecho debates y entrevistas complicadas, estoy en el camino de ocupar este nuevo espacio con propiedad y trabajando en que ese poderío personal aumente para hacer un buen trabajo. Cada día siento que crezco un poco más en cada intervención y eso me genera confianza.  También he bailado, cantado y me lo he pasado muy bien, porque la idea es hacer política desde mi ser Caribe y, como decía Benedetti, “defender la alegría como una trinchera”. 

¿De qué forma imaginas tu primer día en el Parlament? 

Me imagino miradas, muchas miradas. Por un lado me imagino las de la clase política que actúan como si las instituciones fuesen suyas. Como si aquel hemiciclo les perteneciera sólo a ellos y yo fuese una intrusa que se coló por equivocación porque ese no es mi lugar. Ante esto me puedo hacer pequeña y dejar que esa sensación me haga sentir como un “bicho raro”. Sin embargo, también puedo conectar con la mirada de orgullo de mis ancestras, de mi familia en Colombia y aquí, la de mis compañeres de lucha; o la de niñas y jóvenes que van a ver como una mujer joven, migrada y no blanca está ocupando un lugar en esas instituciones que son nuestras, aunque nos quieran hacer pensar lo contrario. Me quedo con estas miradas, que son las que me han marcado el camino y me lo seguirán marcando.

¿Y tu vida como diputada? 

Por una parte me imagino un montón de papeleo y burocracia, sesiones parlamentarias hostiles y a veces improductivas para la gente de a pie. El reto desde nuestro grupo es poder ser un elemento de cambio que rompa la parálisis de los últimos años en la Generalitat. También me imagino encontrando un equilibrio entre estar en conexión con los barrios, las entidades, los territorios y materializarlos en iniciativas parlamentarias útiles para la vida de la gente, sobre todo la de aquella parte que está más olvidada por parte de las instituciones. Se trata no sólo llevar los barrios al Parlament sino el Parlament a los barrios. Me imagino también un equipo parlamentario fuerte y cohesionado con el que vamos un muy buen trabajo, así como ya lo han hecho en la legislatura anterior.

¿A qué sientes qué tendrás que renunciar ? 

He renunciado a estar en primera línea de fuego en el barrio, eso es un hecho. Pero mi reto personal es que eso no implique desconexión, ni caer en la tentación de “ponerme de perfil” con ciertos temas sobre los cuales las vecinas demandan explicación y transparencia. 

Siento también que renuncio a cierta anonimidad y a parte de mi acción individual. Si mi idea es “colectivizar” ese escaño, la acción que desarrolle desde ahí no puede ser exclusivamente mía o ni siquiera de mi grupo, sino que tendría que estar conectada siempre con el territorio y actores implicados. Eso no va a ser fácil, será una negociación constante, pero es el compromiso que estoy asumiendo.

Pero que tú estés , ¿qué puede suponer ? ¿de qué manera puede sumar?

Hay varios niveles. El hecho sólo de estar es un logro, pero no se trata sólo del qué sino del para qué. Y ese “para qué” incluye empezar a saldar la deuda democrática que las leyes y políticas tienen hacia las personas racializadas, en el sentido de que en su mayoría no tienen en cuenta la mirada intercultural y una perspectiva amplia de derechos. Implica, también, trabajar para visibilizar temas que ahora mismo no están en el centro de la conversación y presionar a nivel autonómico, estatal y europeo para encontrar soluciones en el corto, medio y largo plazo como puede ser el padrón municipal obligatorio en toda Cataluña, la situación de las trabajadoras del hogar pero también la falta de diversidad en nuestras instituciones no sólo a nivel político y técnico sino en la manera misma de entender y hacer la política, tan cargada de colonialidad, racismo y patriarcado.

Me comentabas, mientras charlábamos antes de efectuar esta entrevista que “vais a hablar de las cosas que le interesan a la gente “ Imagino que la COVID-19 y la crisis económica derivada de la sanitaria, estará bien arriba en la lista de prioridades.

Sí, definitivamente. La sanidad 100% pública es uno de nuestros ejes fundamentales del programa y aunque mucha gente pensará “la sanidad ya es pública”, la verdad es que en los últimos 10 años no sólo se ha desmantelado el sistema público sino que se ha privatizado cada vez más, en detrimento de las condiciones de trabajo para el personal, obligándoles a marchar fuera y, a la vez, no dando las facilidades para que médicos extracomunitarios que están aquí puedan regularizar su situación laboral en condiciones dignas.

El segundo de nuestros pilares es un escudo social catalán que no dejé a nadie detrás y cuando decimos a nadie, es nadie. Entendiendo que todo lo social también forma parte de la economía. Así como vimos que los “servicios esenciales” durante la pandemia eran, han sido siempre y siguen siendo los que sostienen la vida, también vimos que son los más precarios, feminizados y realizados por personas racializadas. Nunca más una economía que no pongan los cuidados, las personas y el planeta en el centro. Esos son nuestros tres pilares.

¿ Y qué otros asuntos interesan pero, sobre todo, urgen?

El tema de la vivienda es supremamente urgente. La situación de especulación constante con la vivienda durante los últimos años y consentida por la clase política ha llegado a niveles insostenibles. También revisar de arriba a abajo el sistema de protección de menores tutelados que no sólo está mercantilizado y no da herramientas suficientes a la infancia en general para que realice un proyecto de vida autónoma y si hablábamos de jóvenes sin referentes familiares, el sistema es aún más deficiente.

Quiero acabar esta entrevista con una pregunta que es más bien una promesa por tu parte: que volvamos a hablar dentro de algún tiempo para que me cuentes qué tal tu experiencia como diputada. 

¡Prometido, siempre va a ser un placer conversar contigo y compartir con la comunidad de Afroféminas!

¡Mil gracias y mucho ánimo para la campaña!


Lucía Mbomío

Periodista, actualmente en “Aquí la Tierra” en TVE
Twitter @luciambomio 
Istagram: luciambomio



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