La ley de la meritocracia

Vamos a partir de un hecho: la “ley de la atracción” no es una ley científica. No lo es. Ni siquiera para mí, que no puedo ser más de letras. No hay ni un solo experimento riguroso que lo respalde. Por supuesto, hay “estudios” encargados de convencerte de lo contrario, como hay “estudios” a favor y en contra de cualquier tema que se te ocurra. Pero lo que no se pueda demostrar con el método científico, no debería venderse como tal. 

Nieva en la Cañada Real. Foto RTVE

Defiendo el derecho de cada cual a creer en la pseudociencia de su preferencia. Lo incluyo en el apartado “libertad de culto”. No es un artículo en contra de la gente que es más feliz porque siente que el universo le da lo que se merece. Es más, me alegro muchísimo. Y a nivel psicológico, pensar en positivo siempre funciona. Podemos hacer mindfulness, eliminar creencias limitantes, generar serotonina y dopamina, y todo eso será maravilloso para nuestra salud física y mental. El nombre “ley de la atracción” es, ante todo, una cuestión de marketing. 

¿Dónde está el problema? 

Precisamente en el marketing. 

Lo que funciona para ti no se convierte mágicamente en extensible al resto del universo. Recuerdo a mi amigo Ernesto, muerto de risa ante la imagen de un treintañero mantenido por sus padres que le decía (en serio): “Hermano de luz, abandona esta vida materialista y vamos a vivir en comunidad.” “Me encantan los “hermanos de luz” que no tienen problemas mundanos como pagar el alquiler”, decía mi amigo. Así que empecemos por ahí: 

Personalmente, toda la gente que conozco que cree en la “ley de la atracción” puede permitírselo económicamente, o ha sido convencida por ella. Y recalco económicamente porque es un factor fundamental en esta historia. El dinero no da la felicidad siempre y cuando no se sobrepasen ciertos niveles de pobreza (una persona que no tiene sus necesidades básicas cubiertas, difícilmente pueda pensar en otra cosa o disfrutar de la abundancia del universo). Entonces, decir que la “ley” funciona porque tú le atribuyes tu situación, y que a quien no le funciona es porque no lo está haciendo bien, me suena a ese cuento meritocrático de que cada cual llegará tan lejos como quiera, sólo tiene que ponerse a ello. 

Se ve que las personas esclavizadas no sabían cómo funcionaba. Bastaba con atraer pensamientos de libertad para acabar con el sistema. 

¿Y qué hay de los genocidas que se mueren a gusto en su cama después de una vida de maldad? ¿Qué coño les devolvió el universo? ¿Un premio al mejor francotirador y una cuenta en Suiza? 

Llevo años trabajando con personas en situaciones muy, muy complicadas, y no creo que ninguna de ellas “atrajera” beberse su propia orina en mitad del Mediterráneo. Si el universo te da lo que tú crees que te mereces, la violencia de género o los ataques racistas no son problemas estructurales, sino casos aislados de personas que no saben “manifestar”. No. No tienes lo que atraes, tienes lo que hay. Lo bueno y lo malo, pero lo que hay. La situación de la Cañada Real no tiene que arreglarla el universo, sino la CAM. No pienso caer en esa burbuja mrwonderfulista donde resulta que el entorno deja de importar, porque sólo con tu energía vas a cambiarlo todo. Mi mundo lo cambió (y lo sigue cambiando) toda la gente de carne y hueso que se ha partido la cara por lo que creía justo. Angela Davis cambió las cosas que no podía aceptar manifestándose en la calle, no en su cabeza.


Sara Tiyá


La tienda de Afroféminas



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