Desigualdad social en la salud menstrual

Ilustración de Alexandra Bowman

La menstruación es un proceso biológico que siempre se ha visto rodeado por tabúes, estereotipos y estigma social, pero que no afecta a todas las mujeres por igual. En varios países tener la regla supone una desigualdad social y una discriminación directa a mujeres y niñas que en su mayoría están en situación de pobreza o vulnerabilidad. 

Malawi, Irán, Tanzania o Kenia son algunos de los países en los que menstruar se percibe como una enfermedad y se convierte en un obstáculo en el día a día de mujeres que no son capaces de permitirse productos sanitarios, medicamentos o acceso al agua corriente. Son muchas las mujeres y niñas en situación de crisis o pobreza quienes se ven el la necesidad de usar bolsas de plástico, trapos o tan solo una compresa para todo el período menstrual y sin la garantía de acceder a baños adecuados en los centros escolares. A ello se le suma una enorme desinformación por la poca visibilidad y educación que se le da a la menstruación en la sociedad actual y en las diferentes culturas del mundo. 

Las creencias y tabúes que rodean a este fenómeno natural por el que pasamos la mayoría de mujeres, derivan en la exclusión y discriminación de niñas que dejan de ir al colegio por vergüenza, dolor derivado de la imposibilidad de obtener medicamentos o la obligación de ser excluidas de su comunidad durante la duración de su período, como es en el caso de Nepal, donde debido a su tradición Chhaupadi (prohibida desde el año 2003) mujeres y niñas son impulsadas a estar aisladas en una cabaña enfrentándose a la lluvia, la falta de productos sanitarios o condiciones adversas que se puedan encontrar estando completamente desprotegidas. Las consecuencias de que se den estas situaciones y dejen de llevar una vida normal no asistiendo a la escuela o abandonándola cuando alcanzan la pubertad, recae en que estas niñas se vean expuestas a los abusos sexuales, la violencia o los matrimonios forzados infantiles. 


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En la actualidad son varios los programas que ayudan a luchar contra ello. Plan internacional por ejemplo a través de sus programas garantiza kits de higiene a mujeres y niñas en África y Asia, además de llevar a cabo una labor de difusión mediante una educación que garantice confianza y erradique esa concepción de la regla como algo sucio que debe ser ignorado. Como opciones sostenibles se han vislumbrado en los últimos años productos más económicos y ecológicos, entre los que se encuentran la copa menstrual o compresas de telas reutilizables, que forman parte de alternativas beneficiosas con las que poder ayudar a muchas mujeres que se encuentran en desventaja a la hora de conseguir productos de higiene menstrual por su alto coste. 

Gracias a estos avances se contribuye a ayudar a otras realidades ajenas a la nuestra que tanto nos cuesta ver si no nos quitamos la venda de nuestro egocentrismo cotidiano. Es en el silencio donde no existe debate para que productos de primera necesidad no sean accesibles para más de la mitad de la población humana que tiene o tendrá el período. Estas desigualdades de género también se dan en países occidentales no muy lejos de nuestra esfera, porque la estigmatización de la regla está instaurada todavía en el presente y afecta también a zonas aisladas en países como Escocia donde las estadísticas señalaban que 1 de cada 2 adolescentes había utilizado calcetines o periódicos como única opción de producto sanitario, ya que una compresa o un tampón es un producto de lujo que supone un alto coste, que en el caso de España es el 10% del IVA. 

Es necesario examinar todas las realidades y visibilizarlas, siendo aún más importante en situaciones de crisis como la que vivimos actualmente por el Covid-19, en las una pandemia mundial atenta contra los derechos humanos de mujeres y niñas que se encuentran en desigualdad social.


Cynthia García

Graduada en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid


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