La transición hacia la aceptación

Foto de Jorge Fakhouri Filho de Pexels

La transición capilar puede sonar como algo desconocido para aquellos que carecen de la virtud que te otorga tener el pelo afro. Decidir dejar crecer tu pelo natural es una decisión de valentía que requiere de seguridad y se convierte en un paso más allá hacia la aceptación de uno/a mismo/a. 

Hace 3 años yo emprendí la mía, puse fin a alisar mi pelo todos los meses para dejar crecer mi melena afro con la inseguridad de que el mundo viera como era mi pelo en realidad, o más bien como era mi verdadero yo. Este proceso tan bizarro como increíble te ayuda a descubrir la forma que tienen tu rizos, como se siente tu verdadero pelo, el que tanto tiempo has ocultado debajo de un alisado tirándote horas en la peluquería para llevarte una cabeza abrasada por el secador y unas cuantas lágrimas. 

Los/as valientes que cortan sus melenas dañadas por las secuelas de químicos o alisados tras numerosos años atrás, o los/as que como yo no se atreven al “big chop” pero aprenden a cuidar su afro, emprenden una senda sin retorno a decir adiós a demasiado tiempo queriendo parecerte a unos referentes tan distantes como ostentosos. Porque ese es el precio a pagar en una sociedad en la que las muñecas, cantantes o celebridades visualizadas en todas partes, lucen pelo lacio, sin dar cabida a los diversos tipos de pelo que existen en el mundo, y te hacen despreciar una parte de ti tan poderosa y versátil como lo es el pelo afro. 

Pero la transición capilar no es un período fácil, puede llevarte años, los necesarios para que tu pelo vuelva a florecer otra vez y sea aceptado. Si naces rodeada de un círculo blanco tanto familiar como amistoso, comprobarás que tratar tu cabello se convierte en un reto sin tener a nadie que te guíe. Escuchar frases como “¡Estabas más guapa con el pelo liso!”, “¿Te has peinado hoy?” o “¿No piensas volver a alisártelo otra vez? hacen que tu autoestima se vea dañada y pienses que tu pelo nunca se verá bonito. 


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En mi caso la época millennial me ha beneficiado. Internet se puede transformar en una escuela afro enseñando la magia de los peinados, las trenzas, los tratamientos y todo lo necesario para dar vida a los rizos. Pasar por una transición no significa que tu pelo se vea dañado todo el tiempo, son muchas las diferentes formas de estilizarlo con pelucas, twits, trenzas, peinados protectores…etc. 

En ese mundo global de Internet varias youtubers racializadas transmiten su sabiduría afro mediante Youtube y comparten sus períodos de transición. Muchas de ellas se han convertido en mis profesoras de cabello, que te adentran en el mundo de los geles, las cremas de peinar y los co-wash, aprendiendo a utilizarlos en tus melenas dañadas a las que todavía les quedan restos de alisado pero que con el tiempo se transforman en mechones de textura 3b, 3c o 4a. 

Porque al fin y al cabo de eso se trata, de compartir esta experiencia, animarnos y aconsejarnos. Por eso animo a cualquiera que esté apunto de empezar una transición a que lo haga, que no esconda su cabello natural y que no esconda su singularidad. Tu pelo pasará por muchas texturas diferentes y necesitará de un gran tiempo de cuidado que probablemente pocos entiendan, pero es así, el pelo afro o rizado hay que cuidarlo y mimarlo, porque cuando lo haces te enseña su versatilidad y desmiente todos los descalificativos de “sucio”, “despeinado” , “pelo malo” o “no profesional”. Nos hemos creído demasiado tiempo que nuestro pelo es así, escondiéndolo y no explotando su potencial, pero el camino hacia la aceptación podrá ser duro pero también gratificante. 

La paciencia es un gran aliado en esa transformación. Quizás habrá momentos de soledad en los que pienses que estás solo/a en la batalla contra los estándares predominantes, pero no es así, somos muchos/as los/las rizados/as que hemos pasado o estamos pasando por este proceso en el que damos una segunda vida, o quizás una primera, a nuestro cabello afro. 

Por ello mi mejor consejo en este camino de la transición hacia la aceptación es paciencia, paciencia, paciencia…


Cynthia García

Graduada en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid


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