Blackfishing: la raza no es un accesorio

Jaiden Gumby Instagramer que se «tunea» como afrodescendiente

Rachel Dolezal es una mujer blanca americana que se considera negra. Ella proclama que siempre se sintió como tal, a tal punto que llegó a oscurecer su piel y a utilizar trenzas para que su sentir estuviera de acuerdo con su apariencia. Esta mujer no solo quería verse como una mujer negra pero también luchaba por los derechos de los afroamericanos como presidente de la NAACP (Asociación nacional para el progreso de las personas de color). A este cambiar su apariencia de una mujer blanca a una mujer negra, le llamó ser transracial. Este concepto es utilizado en el ámbito académico para hablar de personas producto de una adopción transcultural o internacional. Sin embargo, Rachel hace alusión a este para referirse a una persona que nace según ella en una raza que no le corresponde. Como Rachel, otras personas caucásicas han decidido proclamarse “transraciales” apropiándose de una cultura que no les pertenece y cambiando su apariencia física. 

Sin lugar a dudas, sus acciones han sido juzgadas de racistas y personalmente considero que su actuar es una prueba del “blackfishing” que presenciamos actualmente con la relevancia de las redes sociales. 

El terminó blackfishing* viene de la unión de las palabras “black” que significa negro en inglés y “catfishing” que en el mismo idioma hace referencia a un impostor o a una persona que engaña – generalmente en internet – haciendo uso de imágenes de otras personas. Así pues, hacer blackfishing es mostrarse como una persona negra en Internet sin serlo realmente.

Esta tendencia es aclamada por una gran cantidad de personas como una manera de elogiar la belleza de la comunidad negra. Las mujeres que hacen blackfishing dicen querer simplemente asemejarse a las mujeres negras, sin embargo, esto no hace la situación menos aberrante. Estas mujeres cambian su apariencia para parecerse más a las mujeres afrodescendientes sin tener que enfrentarse a las responsabilidades, desafíos e inconvenientes que conlleva serlo. A estas mujeres blancas les basta con desprenderse de esta apariencia creada voluntariamente, para deshacerse de los problemas que yacen sobre la espalda de las mujeres negras desde hace siglos. Su “blackfishing” las libera del racismo y de la misoginia negra (misogynoir). Y así, la frase: “todos quieren ser negros hasta que llega el momento de ser negro” cobra sentido.


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Las mujeres que hacen “blackfishing” se broncean y maquillan en exceso para imitar las tonalidades de piel de mujeres negras (sobretodo negras de piel “clara” o “light skin” en inglés), usan trenzas o pelucas de cabello crespo, e intentan adquirir las formas corporales estereotipadas de las afrodescendientes: labios carnosos, curvas, senos y colas grandes. Si bien muchas mujeres negras corresponden a estos criterios, existen otros tipos de mujer negra. Y por eso, el fenómeno de estereotipar la mujer idealizando un solo tipo de belleza reaparece; porque ciertamente una mujer negra mestiza que generalmente tiene la piel más clara, los rasgos más caucásicos y el cabello más suelto o “liso”, corresponde más a los criterios euro centristas de belleza que son perpetuados en el entretenimiento, en los medios y en las redes sociales.

La situación de Rachel Dolezal podría parecer aislada de la realidad. Sin embargo, casos que se le asemejan (hablando de la apariencia puesto que Rachel buscaba hacer parte de la comunidad en profundidad y no solo como una cuestión física) abundan en la red social de las fotos, Instagram. En la red social reina de las selfies, se encuentran la mayor cantidad de falacias. Cientos de instagramers aparentemente negras, han sido denunciadas por otros usuarios, que descubriendo incongruencias en sus apariencias, no dudaron en reportar su blackfishing. Emma Halberg – suiza, Jaden Gumbayan – estadounidense, Aga Brzostowska – polaca, entre otras han sido acusadas de blackfishing. Los denunciadores han comparado públicamente las fotos de hace unos años de estas influencers en donde se veía claramente que son caucásicas y sus fotos actuales en donde el tono de piel y la estética general había cambiado drásticamente, al punto de confundirse con la apariencia de una persona afrodescendiente.

El neologismo “blackfishing” surgió a finales del 2018; sin embargo, la creación del nombre fue solamente una herramienta para nombrar el comportamiento perpetuado por diferentes personalidades públicas como Kim Kardashian, quien no solo hace acto de blackfishing pero que además saca provecho económico de lo mismo.

La sociedad en la que vivimos es cada vez más activa al momento de denunciar el “blackface”, práctica que surgió en el siglo XVIII en Estados Unidos en la cual actores blancos se pintaban la cara de negro y los labios de rojo, intentando imitar despectivamente el estereotipo de una persona negra de la época (estereotipo ciertamente creado por los mismos blancos); con el fin de burlarse y de servir de acto de entretenimiento para una audiencia blanca. El blackface sigue latente en algunos países en donde no se le reconoce como racista pero su existencia deviene cada vez más un factor que incómoda. La pregunta que queda entonces es: si el “blackface” molesta, ¿por qué no sería este el caso del “blackfishing”?

*También se habla de “brownfishing” que hace referencia a adoptar la apariencia de una persona indígena o mestiza. 


Gabriela Murillo Mena

Afrocolombiana residente en Francia, afrofeminista y antirracista. Estudiante de lenguas extranjeras aplicadas. Vivo para desaprender y escribir es mi resistir.


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