Ya no somos los Conguitos

La polémica suscitada en los últimos días en torno al producto de chocolates Lacasa, “Conguitos”, nos hace aterrizar de nuevo en la realidad de un país que no reconoce su racismo estructural y social, arraigado en lo más profundo de la psique de sus ciudadanos.

No hay niña/o negra/o criada en España en los ochenta y noventa que no haya tenido que escuchar repetidamente el soniquete de esa canción publicitaria del producto de cacahuete que decía: “Somos los conguitos, y estamos requetebién…” . Fue una constante en mi infancia cantada a modo de burla por mis compañeros de escuela. Prácticamente no hay afrodescendiente de este país al que no se hayan referido en alguna ocasión como conguito y que no haya sufrido este acoso racista, que es es lo que era.

No es una polémica nueva. Ya hace años la hermana Lucía Mbomío viene poniendo en evidencia a través de sus textos, artículos y actividad en redes el trasfondo profundamente racista que hay detrás de la imagen de marca de este producto y de otros. Pero sí que han cambiado algunas variables en el ambiente que hacen que la polémica haya saltado de manera diferente.

Por ejemplo, hay quien dice que esto surge al calor de las protestas del Black Lives Matter. No les falta parte de razón, ya que el hartazgo que ha llevado a incendiar Estados Unidos después del asesinato de George Floyd ha sido la mecha que ha ayudado a cuestionar todo en el resto del Mundo, y algunas marcas en otros países han decidido, de motu propio, cambiar imágenes de sus productos que estigmatizan y estereotipan a la población negra. 

Pero aquí en España no surge de la nada. Hoy las organizaciones negras en España estamos empoderadas y poco a poco empezamos a presionar para defender nuestros derechos como seres humanos. Empezamos a tener algunas victorias y ahora hay una generación de adolescentes y jóvenes negros que ha crecido con referentes públicos (periodistas, políticos, etc) y opiniones y pensamiento lanzados a través de las redes por algunos medios digitales, blogueras o influencers negras (Afroféminas, Revista Negrxs, Desirée Bela-Lobedde, etc), que representan su voz y se dedican a denunciar, apoyar o señalar el racismo estructural de este dichoso país.


La tienda de Afroféminas



Otro hecho diferencial es la relevancia y el eco que ha adquirido la petición de que Lacasa retire la imagen racista de conguitos de sus productos es la repercusión que ha tenido en medios. Hace 10 años hubiera sido imposible que medios generalistas ni siquiera escribieran una línea sobre la petición lanzada en Change.org. Hay que tener en cuenta que vivimos en un medio donde la mayoría de la población piensa que el racismo es algo ajeno a ellos, ya que asocian esa palabra a la violencia racial norteamericana. De esta manera de pensar participan también medios de comunicación, que no han aprendido a identificar el racismo soterrado que esconde una sociedad incapaz de revisarse hasta hace bien poco. Existe un pasado colonial y esclavista obviado por las instituciones y la educación.

Es más, aún hoy se montan debates muy curiosos en los mismos medios y programas de televisión o radiofónicos sobre que es racista o no lo es, dándose la increíble circunstancia de que un montón de señoros blancos dan lecciones a las personas racializadas de que es el racismo y por lo que debemos o no ofendernos. Esto es una “pandemia” entre los humoristas (en un 95% varones blancos heterosexuales) que sientan cátedra desde el ventajismo que les da su acceso a programas de televisión, de lo que debe ser el humor y de los límites del mismo. También hacen una versión del “No puedo ser racista, tengo un amigo negro” por su presunta adscripción a una determinada ideología política de izquierda. Ser de izquierdas no es una vacuna antirracista.

Otro de los nuevos factores que hace que el momento sea diferente es la presencia de la extrema derecha como fuerza de choque del racismo y la xenofobia. 

Los integrantes y simpatizantes del partido de extrema derecha VOX se han lanzado a comprar sacos de conguitos. Los nuevos comenconguitos han iniciado una campaña en redes de apoyo a la marca, con sus máximos dirigentes haciéndose fotos con una bolsita del producto, intentando ridiculizar las peticiones de cambio de imagen. Los comentarios ofensivos, racistas y xenófobos son un alud en las redes sociales.

No esperamos mucho de los racistas, pero esa presunta estrategia de defensa del “producto nacional” es un poco extraña, ya que está asociando a la marca a todo este montón de odio y racismo que aparece en redes. No es de extrañar que en próximos actos de la formación xenófoba se repartan bolsas de conguitos entre los simpáticos asistentes. Así nos hacen la campaña, identificando plenamente al producto con la ultraderecha.

Esto es una cuestión de perdida de privilegio de una sociedad blanca que no quiere que se cuestionen los suyos. El arbol empieza a moverse y hay mucha resistencia. Sucede en todos los procesos de perdida de privilegios y de justicia social.

Hemos sido los conguitos durante mucho tiempo y esto se ha acabado. Ya no somos un sujeto pasivo que tiene que aguantar callado y con la cabeza baja las vejaciones de una sociedad que nos ha tenido estigmatizadas, vilipendiadas, invisibilizadas y ridiculizadas durante décadas. Ahora somos un sujeto político cada vez más consciente de su fuerza y de sus aliados. 

Quizás podamos perder esta batalla, no lo sé. Lo que sí es que vamos a darlas todas. Así que estad preparados. Esto acaba de empezar.


Marián Cortes Owusu

Educadora. En mis ratos libres redactora en Afroféminas


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