Necesitamos una educación chilena capaz de (re)construir identidades

En los últimos días hemos visto cómo se ha visibilizado el racismo sistémico hacia las comunidades negras migrantes en Chile, vimos cómo las redes sociales se inundaron de hashtag antirracistas pronegros (migrantes) y distintos mensajes en apoyo a nuestra comunidad. A su vez, el interés de diversos sectores educativos por tener una educación intercultural, que permita a los cuerpos migrantes ser en el sistema educativo.

Creo necesario revisar la idea de una educación intercultural, ya que no proporciona un diálogo interseccional amplio entre culturas, cuerpos, lengua y hechos históricos.  Entonces, propongo una educación decolonial antirracista y etnoeducativa, que fomente no solo el diálogo entre diferentes culturas-lenguas-cuerpos, sino que también permita al sujeto chilenx saber de su mestizidad, indigenismo y afrodescendencia. Esto a la larga contribuiría a (re)construir identidades que debido a la colonialidad se mantienen invisibilizadas y oprimidas. Este tipo de educación no llevaría a poner de sinónimo del racismo la migración, sino que se entendería que es una violencia racial y estructural que incluye la comunidad afrochilena e indígena.

En el último año he estado involucrada en el ámbito educacional chileno y he visto cómo en distintos colegios la idea de interculturalidad queda reducida a un mediador intercultural que hable kreyol. ¿En serio quieren poner una responsabilidad así de grande a una sola persona en vez de institucionalizarla? Es por esta razón que el término interculturalidad queda bastante corto. No invita a reconstruir la historia-cuerpo, si invita a dialogar (medianamente), pero desde un ámbito social y no político. Cuando veo las discriminaciones individuales hacia cuerpos de niñxs afro haitianxs, tales como “devuélvete a la esclavitud” o “por eso fueron esclavos”, se observa que hay un desconocimiento del proceso de libertad de las comunidades haitianas, y no culpo a lxs niñxs que practican esta violencia, culpo complemente al sistema de educación eurocéntrico y racista chileno. 

Necesitamos una educación que nos permita entender la verdadera historia, y saber que fuimos invadidos, necesitamos que dentro del currículum escolar el mapudungun sea una lengua obligatoria, no solamente para las comunidades en el wallmapu, sino a nivel nacional. Y sí, esto debe hacerse dentro del proceso de escolarización, no como adicional, ni mucho menos fuera. De este modo, no solo se reconocerá al pueblo mapuche, también es un proceso en el que se integra sus saberes, y se educan con-desde sus tradiciones, eso es la etnoeducación.


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El sistema educativo escolar latinoamericano tiene una política institucional de realizar epistemicidios a las comunidades indígenas y negras, lo que llamo(de)construcción de las epistemes. Es decir, son los responsables de eliminar el saber de estos pueblos en la educación, no solo escolar sino también universitaria (colonialidad del saber), además de ocultar las protestas y luchas de los pueblos negros por la libertad. Al mismo tiempo (de)construyen la imagen que el cuerpo tiene de sí mismo, para construir una imagen colonial inferiorizada (colonialidad mental). Un gráfico exacto es la pirámide racial. Sumado a todo lo anterior, las agresiones individuales hacia cuerpos negros en la comunidad educativa no son tratadas como violencias graves. He escuchado casos en donde el/la docente genera la violencia, especialmente con la parte estética como puede ser el cabello, exigiendo cortarlo o alisarlo. Han llegado al punto de cortar el pelo a alumnas negras, y no tiene nada que ver con la nacionalidad como plantean algunxs, esto es una violencia racial directa y no tiene sanción en el establecimiento educativo.

Cuando pienso en una educación decolonial antirracista y etnoeducativa, pienso también en cómo se está formando a los futuros docentes. Hace unos días, en un curso de inclusión y diversidad, junto a un profesor hicimos un ejercicio después de explicar las diferentes estructuras de poder, decidimos crear un foro con la pregunta: ¿existe discriminación inversa? A este le sumamos la noticia de Abigail Fisher y el video del comediante Aamer Rahman sobre racismo inverso. Algunxs de lxs estudiantes asociaban al racismo racial el ser migrante, olvidando la afrochilenidad y mantuvieron la discriminación como individual, argumentando que, si hay discriminación o racismo inverso, mientras que otrxs profundizaron en las estructuras de poder que comentamos y asociaron al racismo la Afrodescendencia, indigenismo y la esclavitud, dando como resultado la negación del racismo inverso e incluso la aceptación de un privilegio racial. Este ejercicio demostró la urgente necesidad de ver a los pueblos indígenas y afrochilenos como protagonistas de la historia y conocer sus libertades en la educación chilena. 

Comprendo que estamos ante un sistema gigante racista, posiblemente modificar la política escolar no será fácil. Pero si pienso mucho en la demanda de una educación no sexista del movimiento feminista chileno que inició en el año 2018, donde posiblemente no se logró modificar el ambiente político-institucional, pero sí se llegó a modificar o crear guías de prevención contra la violencia de género en las instituciones educativas universitarias, y llevó a individuxs a usar más textos de mujeres. Y digo bueno, estaría estupendo si apoyaran y fueran aliadas de la educación decolonial antirracista y etnoeducativa. Ya que la historia que se contará en estas instituciones igual será de una mujer blanca. Creo que mientras posicionamos el tema institucionalmente, hay diversas estrategias que podemos hacer individualmente en cada instancia educativa, como docentes, guías o ayudantes. Un ejemplo concreto es la profesora Leonora Beniscelli en su curso de antirracismo y migración, a través de la ampliación de los feminismos, principalmente el decolonial y negro, forjando a leer texto sobre colonialidad desde Fanon hasta Yuderkis Espinoza

Para pensar un país antirracista, es sumamente necesario integrar en el currículum de la educación escolar y universitaria los saberes afrochilenos e indígenas, y sobre todo, generar diálogos entre los cuerpos-historias que habitan en el país. Son necesarias políticas donde la niñez y adolescencia negra e indígena, independientemente de su nacionalidad, sea protegida de todo tipo de agresión racial, bien sea física o verbal, y eso incluye no posicionar estos cuerpos como inferiores en la historia contada. Las instituciones educativas deben tener la capacidad para reconocer y resolver una discriminación racial, sin posicionar la nacionalidad como el factor primario de discriminación, porque en Chile hay afrochilenidad, y estas violencias recibidas, derivan de una historia de esclavitud de la población africana y su diáspora. 


Juliette Micolta

Representante de Afroféminas en Chile Activista, modelo, emprendedora.


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