“Parte del antirracismo también es saber que nos sostenemos entre nosotres”, Caja Antirracista de Bilbo

Las Cajas de Resistencia se han extendido por todo el Estado como forma de apoyar en horizontal, de manera colectiva, sin tutela, de migrante  a migrante, de racializadx a racializadx, desde la igualdad y partiendo de gente cansada de ser percibida de una sola manera y sin agencia. Su labor, en la actualidad, es necesaria y urgente, debido a la crisis económica que ha provocado la pandemia y que, por supuesto, se ceba más con los eslabones a los que el sistema más debilita.

Como en tantos aspectos, al final, quizá sea una cuestión de recordar las formas de ahorro y sostén tradicionales que se han dado en muchas sociedades del Sur global, de hacer memoria e implementar esos conocimientos consuetudinarios y… ¿saben qué? que en ello están. 

¿Qué es la Caja de Resistencia de Bilbo?

La caja de resistencia es una pequeña forma de sostener de manera temporal y urgente esta situación de emergencia. Es un apoyo creado por personas migrantes para  migrantes. Y esto se hace posible con el apoyo mutuo, la autoorganización, solidaridad y resistencia. Además, nosotres, con una memoria histórica en la genética corporal, rescatamos y nos reapropiamos de formas que desde hace siglos resisten a una minoría dueña de los recursos, los derechos, los sistemas de supuesto bienestar, etc.

¿Y quiénes están detrás? 

Un grupo de personas que no representan a ninguna asociación se juntan para crear La Caja de Resistencia de Bilbo.

¿A quién está atendiendo y de qué forma?

Nuestro principal y único objetivo es poder apoyar, acompañar y dar support a nuestrxs hermanes migrantes, refugiades y racializades en Bilbao. Esto se consigue gracias a que la caja se ha convertido en un puente por el que ambos extremos cruzan cuerpxs que estamos siendo o hemos sido atravesados por las mismas estructuras coloniales, racistas y patriarcales. El verdadero reflejo de un trabajo comunitario, de personas que responden a un llamamiento no porque se vayan a llevar algo a cambio sino porque así lo han sentido. 

¿A raíz de qué ha surgido?

La iniciativa surgió al llegarnos personalmente mensajes y llamadas de hermanes que debido a las medidas de emergencia tomadas por el estado de alarma, no tenían alimentos, no podían pagar el alquiler, la luz, el agua, se habían quedado sin trabajo… Es por ello que empezamos a movernos para sacar la caja.

Al inicio del confinamiento vimos un vídeo durísimo de la ertzaina agrediendo a un joven magrebí y a su madre, ¿cómo ha cambiado la pandemia la situación de las personas racializadas y migrantes en Bilbo?

La emergencia sanitaria ha recrudecido las desigualdades y opresiones que históricamente siempre han estado. No cambia, se incrementa. El trato de la policía sigue siendo el mismo, con el peso de que ahora tienen un marco jurídico que les sirve para ser más violentos aún.  Además, se suma la aprobación social, policías de balcón, que hacen que se genere no solo situaciones de tremenda violencia en las calles, sino también un exagerado control en los barrios y zonas transitados por personas racializadas y migrantes.

La semana del 11 de mayo, cuando Bilbao pasó a la Fase 1, en el barrio de San Francisco, la policía se permitió cerrar dos locales de la zona alegando que no estaban cumpliendo las normas de seguridad impuestas. Es como si se hubiera creado una red de actuación entre la policía y el periódico, porque en cada aparición que hacía la policía en algún local, no pasaban ni 2 horas y ya había una noticia circulando en los periódicos de Bilbao, con fotos incluidas de lo sucedido. Es decir, están vigilando con la intención de localizar a la gente y ganarse la razón pública, pero esa no es la manera. 

En vuestro comunicado fundacional, no obstante, no solo se habla de la violencia policial sino también de la vecinal …

Venimos denunciando los abusos que siempre han existido pero que ahora podemos observar claramente. La opinión pública hace que los vecinos y vecinas apoyen el castigo de los cuerpos racializados. Esto va de la mano del sistema racista y de la representación que realizan los medios de comunicación de nuestros cuerpos. 

El vecindario, con la excusa de salvaguardar el bienestar y salud física, se ve con la potestad de señalar y denunciar a aquel que consideran que está incumpliendo la norma.

Y bueno, si nuestros cuerpos ya se salían de la norma, ahora más. Lo que ha hecho este estado es acrecentar el racismo cotidiano e institucional. No es nada nuevo, es la normalidad triplicada.

¿Qué colectividades integran la Caja de Resistencia?

La verdad es que, desde el inicio, coincidimos en no representar a ningún colectivo, asociación y mucho menos una institución oenegeista o asistencialista. Somos 12 personas, negras, marrones, afro e indígena-descendientes, disidentes de la cis hetero colonia y, sobre todo, antirracistas. 

Es interesante porque hay muchas feminidades en su seno ¿por qué es importante que sea así en términos simbólicos, de representatividad y de inversión de narrativas?

Para nosotres, el antirracismo es feminista y comunitario, las personas que ponemos el cuerpo lo estamos viviendo tal que así. Trabajamos todes sabiendo que somos disidencias corporales en este sistema racista. Es algo que recién estamos narrando. También estamos aquí para romper con ese binarismo tan feo que nos impone el patriarcado. En nosotres no se pueden separar esas intersecciones, por tanto, resistimos desde nuestros cuerpos género-disidentes negros o marrones, esa es nuestra narrativa. Esto es un proceso largo y que recién empezamos, por ello, seguimos en la búsqueda de nuevas formas de representación y de hacer.

Otro aspecto a destacar es que apeláis “a la dignidad, a la responsabilidad y al apoyo mutuo” , ¿entiendo que es una forma de apartarse de las lógicas de caridad imperantes en las grandes organizaciones?

Si, precisamente, parte del antirracismo también es eso, saber que nos sostenemos entre nosotres, y dentro de este microcosmos, lo más político es poder organizarnos sin ningún tutelaje, representaciones ni instituciones blancas. Lo que hace que funcione esto es que nos diferenciarnos de este asistencialismo caritativo, confirmando que nuestros procesos comunitarios y autogestionados son una manera de agenciar todo lo que ha sido negado por la supremacía blanca y su sistema colonial.

Aparte de esto, se rompe con el ver, mirar y sentir a las personas racializadas como objeto de asistencia y no como agentes y sujetos . Así y de esta forma, enunciamos nuestra propia capacidad de auto-organización y de responder a necesidades urgentes que se agravan en esta situación. No siempre tenemos por qué estar en el lado de personas atendidas/usuarias. Ahí entra también la necesidad de la representatividad, y ver que en el puente, en los dos lados, hay personas con características similares. Así las cosas, quien se acerca a realizar una petición sabe que al otro lado hay una persona con una historia similar y que se trata de un espacio seguro. 

Las cajas de resistencia se han desarrollado en varios puntos del Estado español de forma rápida, espontánea y muy bien organizada, ¿en qué aspectos convergen y en qué es diferente la de Bilbo?

Buscamos las partes que nos unen. Nuestro punto de partida es el mismo: cajas de resistencia creadas por la urgente necesidad de la población racializada y migrante de nuestro barrio, pueblo o ciudad y agravadas por el estado de alarma, poniendo en acción el apoyo mutuo y llamando a respuestas desde la conciencia de solidaridad. 

Coincidimos también en el sentimiento comunitario, estamos en la búsqueda constante de nuevas maneras de hacer; ¿Cómo se relacionaban y resistían nuestros antepasados?¿Nuestras ancestras? ¿Lo traemos de vuelta? Recuperar esa visión, de forma natural, que ya está en nosotres. 

Si hemos coincidido en diferentes puntos del Estado en algunos criterios, es porque las necesidades a nivel estado son las mismas. Lo que cambia quizás son las maneras de actuar, debido sobre todo a que en unas cajas hay más o menos personas y, según el alcance de cada caja, se actúa de una manera o de otra.

¿Qué ha implicado realizar esta labor en situación de emergencia? ¿Qué errores se han cometido y qué habéis aprendido por el camino ? 

Como todo es urgente e inmediato, no nos paramos a pensar en todo lo que implicaba,  muchas cosas surgen sobre la marcha, cada día se presentan situaciones diferentes. Hemos estado viviendo y puliendo los errores. Cuando empezamos pensábamos que íbamos a apoyar a un montón de gente y durante el proceso hemos puesto los pies (privilegios) en la tierra y hemos observado la propia capacidad de la caja.  

Esto es un aprendizaje; toda esa burbuja onegeista que teníamos en nuestras cabezas (aprendida del sistema) ha ido desapareciendo a medida que hablamos con las personas que acuden a la caja. Mediante las aportaciones que hacemos no estamos solucionando unos problemas y vulnerabilidades que son estructurales. Estamos realizando aportaciones económicas que cubren necesidades básicas, tiritas, para que las personas puedan tener dinero en el bolsillo para cualquier necesidad más específica y no tutorizada por nadie.

¿Creéis qué sería bueno que dispusiéramos, en el seno de las colectividades racializadas, de cajas de ahorro comunitario que funcionen en épocas de tranquilidad para poder responder con rapidez cuando se den situaciones adversas?  

La caja de resistencia sí existía antes simbólicamente, desde la práctica, desde el cómo nos relacionamos y cómo funcionamos en nuestros colectivos,  desde la hermandad.  

Creemos que en algunas situaciones puede ser bastante útil, pero como decimos, queremos romper con estas formas de hacer. Hoy nos apropiamos de esto por la urgencia, pero si las cajas se extendieran en el tiempo correríamos el riesgo de acomodarnos y caeríamos en ese onegeísmo que tanto criticamos. Aun así, sabemos que las necesidades no han cambiado, pero las urgencias sí, las personas necesitan vivir y la cobertura de las necesidades económicas ha ocupado el primer plano. 

Entonces, qué opináis de la posibilidad de rescatar formas de ahorro comunitario femenino tradicionales en varias culturas africanas, como el djangué en Guinea Ecuatorial o el estique en Mozambique… 

Al final, son iniciativas que existen en muchas culturas e identidades y sí, vemos que habría que recuperar estas formas de ahorro o darles vida sobre todo en esta metrópoli colonial en la que la blanquitud, el individualismo y la competitividad no dejan margen apenas a otras formas de sentir, ser y relacionarse.

¿La idea es que la caja desaparezca cuando concluya la pandemia o tiene vocación de permanencia? 

La gestión se desactiva, pero la caja en sí se queda, para que si algún día se quiere activar de otra manera diferente se pueda hacer.  Quedaría como una herramienta del movimiento antirracista pero no tiene por qué ser monetaria.

¿Cuáles son vuestros próximos pasos, entonces?

A largo plazo no hay próximos pasos, vamos caminando según la urgencia de necesidades. Esperamos que no haya más pasos relacionados con estas necesidades que han surgido. Creemos que los impuestos se deben destinar a atenderlas.  El paso transversal es tejer un movimiento antirracista fuerte y cargarse la ley de extranjería que perpetúa estas injusticias y que es la principal generadora de desigualdad en nuestras comunidades. O en lo micro, intentar destruir el sistema colonial (nada más) (risas malvadas)

Gracias por vuestro trabajo


Lucía Mbomío

Periodista, actualmente en “Aquí la Tierra” en TVE
Twitter @luciambomio 
Istagram: luciambomio


Hasta que termine la crisis al final de los artículos de Afroféminas encontraréis esta imagen. El enlace da acceso al mapa interactivo de recursos que ha puesto en marcha @CEAntirracista Cualquier ayuda, aporte y recurso es necesario para personas en especial estado de vulnerabilidad. Puedes entrar a través de este enlace:

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