¿Puta o europea?… trenzas tejiendo resistencia!

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No son unas simples trenzas, así expresaba mi amiga y aliada su forma de ver y comprender como mi trayectoria personal con las trenzas ha llevado consigo problemas, superación y empoderamiento.

La discriminación hacia la mujer negra es doble: porque somos mujeres y porque somos negras. En el papel parecerá innecesario de decir, pero la realidad es esta: tenemos que hacernos el doble de visibles ante estas dos discriminación; hacernos escuchar más y buscar argumentos más resistentes. Pues la falta de visibilidad de referentes afros y de otras culturas hace que todo gire entorno a las mismas referencias blancas y cuando se presentan otras feministas de cultura o color distintos se produce en el espacio fémino una especie de rechazo, desinterés o simplemente que sean vistas como un tema exótico del que hablar un día y olvidarse después. En fin, se nos invisibiliza constantemente.

Puta o europea eran las opciones que me dejaron mis padres al contarles que quería hacerme las trenzas africanas, obviamente opté por ser puta, fue el punto de partida: esta palabra que se usa tanto a modo de insulto a falta de argumentos ante la liberación de una mujer es un ejemplo claro de como parte de la sociedad ve a las inmigrantes: como esclavas de la noche prostituidas por interés de la élite o bien como mujeres que venden su cuerpo a cambio de nada para poder casarse con un hombre rico y subir de prestigio social, de calidad de vida. Formatos erróneos de la realidad, está claro.

Desde entonces mis padres ya no me reconocen: ¿dónde está su hija acomplejada por no ser blanca y por no ser como los demás? Pues está aquí, construyendo resistencia desde las raíces, ese extracto de esencia que no me da la gana de apartar ni esconder. El problema no era mi complejo, era el suyo. Su miedo a lo que la gente pensara de su hija, este miedo al rechazo que los lleva a querer verme como una blanca más para no ser rechazada. El rechazo lo vivo yo, ellos no. Y por lo qual quien ha de responder soy yo.

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En el día a día estoy viviendo este rechazo, está doble discriminación. Cuando la gente se empeña en hablarme en español aún escuchándome hablar en catalán y cuando alguna vez se me ocurre levantar la voz y pedir que me hablen en catalán se ven ofendidos, como si el ego paternalista blanco no pudiera ser contrariado. Otro ejemplo: cuando mi vecina me preguntó si soy la criada de mis padres, asumiendo este trozo de pensamiento, importado del discurso político que simplifica las opciones de las mujeres negras en trabajos de bajo prestigio infundado, como dice Nuria Lozano (activista sindical): “las mujeres inmigrantes trabajadoras en la casa son el ejército de mujeres que sustituye a las mujeres trabajadoras blancas que ya no se ocupan de la tarea de la casa, por lo que no veo yo tanta igualdad si es otra mujer quien desempeña el papel”.

Hoy día he sido capaz de esconder en algunos espacios, trabajos y a personas, cosas como que estudio en la universidad por miedo a parecer pedante o a que no se me creyera. Miedo infundido por el trato y la primera impresión, mi físico lleva el estigma: una herencia histórica. Ante el cliente soy la chica mulata que trabaja porque dejó los estudios y tiene que mantener a la familia, mientras la chica caucásica es la universitaria responsable. Cuando tengo la ocasión de que los clientes me conozcan más, entonces su cara de expresión certifica está realidad: no soy lo que pensaban, se quedan boquiabiertos de ver una chica mulata estudiando en la universidad, que una chica mulata es lista y hace cosas de blanca!. La magia se pierde cuando digo que soy adoptada, entonces lo comprenden todo: la suerte de formar parte de una familia blanca te lleva al prestigio blanco.

No son unas simples trenzas: éstas llevan tejiendo resistencia de identidad desde que éramos esclavas, por esto no quiero perderme y pasar desapercibida entre la multitud blanca, me harté de callar buscando paz y equilibrio ante los demás, la paz la quiero conmigo misma, saliendo de la confortabilidad de la que calla, afirma y baja la cabeza ante situaciones racistas. Si parezco negra es porque lo soy y no voy a esconderlo más: ¡voy a reivindicarlo!

 

Irina Illa

 

Irina Illa Pueyo
Estudiante de ciencias políticas y de la administración
Técnica superior en Educación Infantil
Monitora infantil

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3 comentarios

  1. Gracias Irina por levantar tu voz.. son muchos los padres blancos adoptivos como transraciales que no queiren ver el color, ni la necesidad de trabajar los espejos raciales y culturales de sus hijos, los inmigrantes no somos esos espejos a los que quieren que sus hijos se vean reflejados. es triste pero es la España actual.

  2. Bravo! Mis respetos, que orgullo de compartir contigo, mi afrodescendencia! Yo decidí llevar dreadlocks en homenaje a esas raíces que me conectan con madre África. Bravo Irina!!

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