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sábado, abril 20

La cultura aymara se hace oír en el Festival de Málaga con la película peruana ‘Yana-Wara’

Fotograma de la película: Cine Aymara Studios.

La cultura y el idioma aymara se han hecho oír este miércoles en la sección oficial a concurso del 27 Festival de Málaga con la película peruana ‘Yana-Wara’, una denuncia del machismo y la violencia de género que empezó a rodar Óscar Catacora y, tras su fallecimiento, concluyó su tío Tito.

En la película, un hombre de 80 años es acusado por la Justicia del asesinato de su nieta Yana-Wara, de 13 años, y durante la audiencia todos conocen la trágica historia de la joven, quien, a causa de la violencia de género, empieza a tener visiones aterradoras tras haber sido tocada por los espíritus malignos que habitan la región.

Tito Catacora ha explicado en rueda de prensa que ya había trabajado «en equipo» en dos obras anteriores con su sobrino, y en este caso habían compartido el proyecto desde su concepción y en la etapa de preproducción, hasta que falleció Óscar «apenas cuando se habían rodado las primeras escenas».

«No teníamos otra opción que reorganizarnos. Yo conocía todo el concepto audiovisual del proyecto y asumí la responsabilidad de dirigir. Siempre debatía y discutía con Óscar y finalmente aprobábamos, y aquí me faltaba con quién debatir o discutir, pero no tenía otra alternativa», ha añadido.

Uno de esos trabajos anteriores de ambos fue el documental ‘Pakucha’, en el que abordaron «los espíritus benignos», y de ahí surgió la idea de abordar en otra obra «los espíritus malignos».


Photocall de ‘Yana-Wara’ del Festival de Málaga- FESTIVAL DE MÁLAGA/ALEX ZEA

«No es algo tan antagónico como es conceptualizado por el conocimiento occidental. Es posible negociar, esos espíritus son dueños de las riquezas, del oro en las minas, y quien va a extraerlo debe convencer y retribuir a esos espíritus malignos».

Su productora quiere con obras como esta reivindicar su cultura, «con el propósito de levantar la identidad andina y, a través del cine, dar a conocer la sapiencia que han dejado los ancestros», además de «rescatar» su cultura y lengua originales.

Sobre el rodaje en blanco y negro, apunta que en otras culturas el negro «implica un significado de muerte, tenebroso y oscuro», mientras que aquí representa «la autoridad y el poder, nada que ver con la muerte», y el formato 4:3 elegido se consideraba «adecuado» al desarrollarse la historia en los años 80 o 90.

Al estar rodada en la lengua originaria, para el elenco no podían «apelar a actores profesionales, que son hispanohablantes», por lo que debieron «buscar en las mismas comunidades y llevar a cabo una formación».

Considera que su cultura y su lengua están «en peligro de extinción» después de «más de quinientos años en los que han sido relegadas», y además «el racismo impera a todo nivel, también a nivel económico, político y social».

«Estamos resistiendo, porque cada cultura tiene su propia particularidad, y también podemos aportar a la humanidad para afrontar problemas como el del clima y que el ser humano pueda sobrevivir», resalta Catacora.

La película denuncia además que la mujer, también en su cultura, «ha sido relegada y postergada» y que el machismo todavía existe, y para el director «es un momento oportuno para que la humanidad entienda que entre el varón y la mujer no debe haber antagonismo ni oposición, sino que son complementarios».

La actriz Irma Doris Percca coincide en esa visión: «Las mujeres sufrimos esa violencia. Nos cierran las puertas en las mismas comunidades, no nos dejan participar en las reuniones y es muy fuerte el machismo».

«A través de la película, se da a conocer al mundo algo que no es único en el Perú, porque a nivel mundial se sigue viviendo esta violencia hacia las niñas y las mujeres», ha añadido. EFE


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